Pretenden hacernos creer que el dinero es escaso. Nos enseñan y nos preparan en la familia y en la escuela para el trabajo, para vender nuestra fuerza de brazos y nuestra fuerza creativa a cambio de una remuneración. Estamos destinados desde el primer día a ocupar un lugar en la sociedad. A grandes rasgos, existen los de arriba, los de abajo y los del medio. Según la época habrá más en el medio o más abajo, pero los de arriba son siempre los mismos. Lo que está bien de lo que está mal está bien diferenciado por quienes detentan el poder, ya sea el Estado, los ricachones o los pobretones que quieren ser como los ricachones. Uno crece con los ojos casi cerrados, sin ver cómo los adultos de la familia se pelan el culo para subsistir. Y uno no sabe que ese será el destino de cada uno. Sueño de casa propia, los chicos bien comidos, útiles nuevos en cada marzo, autito bien parado, si es posible renovarlo cada dos años, vacaciones en la Feliz y así por generaciones.
Nos criaron como tarados. Nos enseñaron que el patrón es el patrón, y que hay que respetarlo. Nos enseñaron que uno debe aspirar a “tener más” y no a “ser más”. Extraña paradoja ya que lo que al trabajador le dan a cambio de su fuerza no es más que lo necesario para seguir dependiendo de un trabajo que odia (el ochenta porciento de la gente según una encuesta hecha en Buenos Aires quiere cambiar su trabajo). Lo que le pagan es una décima parte de lo que merece, de lo que podría ganar si el cuchillo de la torta fuera menos injusto. Esta enseñanza del deber, de la moral, de la ética, de la responsabilidad, de la culpa, es tan inconsciente que muy pocas veces la cuestionamos, la ponemos a prueba. Nos dijeron que la escuela es obligatoria, y al final la elección es seguir estudiando o buscar trabajo en algún fast food. Porque para puestos jerárquicos hay mecanismos discriminatorios. Uno no tiene experiencia a los diecisiete pero cuando la tiene a los treinta ve que los puestos mejor remunerados son para otros que desde siempre estuvieron más arriba. Porque su posición económica fue mejor desde generaciones, porque sus relaciones son entre gente de la clase alta.
Nos definen la violencia de una manera extraña. Es violento cortar Corrientes y Nueve de Julio, demorar a los automovilistas. Es violento apedrear una fábrica cuyos dueños cesantean cientos de empleados argumentando quiebras y usando raras movidas pseudolegales. Es violento el que roba, el que putea, el que sale con un palo a la calle. Todo eso, nos enseñaron que está mal. Pero nos estaban mostrando la mitad de la mitad de la película, lo que a ellos les convenía que viéramos. ¡Nos engañaron! Como cantaba uno por ahí… “no vayas a la escuela, porque San Martín te espera”.
jueves, 23 de septiembre de 2010
Lo que uno es
“…También me imaginé que soy un barco en el medio del mar, uno de esos barcos a vela que depende de la posición de las telas para ir hacia donde quiere y aprovechar el viento, venga de donde viniere. Digamos que el viento siempre está, que lo importante es poder “interpretarlo” desde las velas para redirigirlo y así redirigir la nave. Pero, ¿hacia dónde quiero ir? El viento no siempre es el mismo y no sabe hacia dónde quiero ir. Puede venir de cualquier parte, con mayor o menor fuerza. Debo decirle yo hacia dónde ha de llevarme.
Concretamente, como dijo Claudia, no es tanto cuestión de “interpelarse”, de “cuestionarse”, de “hundirse”, de “tirarse abajo”, sino de reconciliarse con uno mismo, aceptando lo que uno es. No lo que uno cree que es, sino crudamente lo que uno es. Tarea nada fácil, ¿no?”
Concretamente, como dijo Claudia, no es tanto cuestión de “interpelarse”, de “cuestionarse”, de “hundirse”, de “tirarse abajo”, sino de reconciliarse con uno mismo, aceptando lo que uno es. No lo que uno cree que es, sino crudamente lo que uno es. Tarea nada fácil, ¿no?”
sábado, 18 de septiembre de 2010
Ya no más
Ya no llevo flores rojas
A la tumba de ese amor,
Ese amor que murió
Entre los dos...
Ya no miro la luna
Y espero que llames
Pasadas las dos
Para saber si estoy…
Ya no busco en bocas
Lo que atrás quedó,
Ni sirvo dos copas
Cargadas de amor...
Ya no más,
Ya no…
Ya no vuelo sin alas
Para chocar contra vos,
No corro al pasado
Ni pido perdón…
Ya no compro ni vendo
Lo que ya no tengo
No abrazo la almohada
Que no habla de vos
Ya no más, amor
Ya no…
A la tumba de ese amor,
Ese amor que murió
Entre los dos...
Ya no miro la luna
Y espero que llames
Pasadas las dos
Para saber si estoy…
Ya no busco en bocas
Lo que atrás quedó,
Ni sirvo dos copas
Cargadas de amor...
Ya no más,
Ya no…
Ya no vuelo sin alas
Para chocar contra vos,
No corro al pasado
Ni pido perdón…
Ya no compro ni vendo
Lo que ya no tengo
No abrazo la almohada
Que no habla de vos
Ya no más, amor
Ya no…
miércoles, 18 de agosto de 2010
Uno más
Sé que no soy inmortal
Y eso no está mal
Sé que el espejo ríe
Porque sólo soy uno más
Qué importa si el sueño no viene
Qué pobre el que todo lo tiene
Si nada se ha de llevar
Pero cuidado que la eternidad existe
En lo que ya no se puede cambiar
En tu mirada y tu tatuaje
En las nubes de este viaje
En los besos que darás
Sé que no soy inmortal
Que la rueda igual gira
Que si empieza se termina
Para volver a empezar
El tiempo es nuestro tiempo
Y no existe nada más
Y eso no está mal
Sé que el espejo ríe
Porque sólo soy uno más
Qué importa si el sueño no viene
Qué pobre el que todo lo tiene
Si nada se ha de llevar
Pero cuidado que la eternidad existe
En lo que ya no se puede cambiar
En tu mirada y tu tatuaje
En las nubes de este viaje
En los besos que darás
Sé que no soy inmortal
Que la rueda igual gira
Que si empieza se termina
Para volver a empezar
El tiempo es nuestro tiempo
Y no existe nada más
viernes, 6 de agosto de 2010
Good morning rivotril
7 am suena el despertador
Todavía no sale el sol
Al menos no se ve
Good morning rivotril
Ya voy a salir…
La foto del pasado en la pared
That was not the end
La farmacia my friend
Hola Doctor soy yo otra vez
Y el sol que no se deja ver…
Botellas vacías
Que cierran las heridas
Y me muestran la salida
La guitarra muda
Una mujer desnuda
No dijiste nada, nada más
El tiempo se ríe de la eternidad
Y sigo sigo sigo sin preguntar
Miro las veredas desde el 109
Afuera parece que llueve
Adentro del alma también
No voy en avión ni en tren
And this is not the end
Hello my old good friend
7 am suena el despertador
Good morning rivotril
Buenos tiempos ya van a venir.
Todavía no sale el sol
Al menos no se ve
Good morning rivotril
Ya voy a salir…
La foto del pasado en la pared
That was not the end
La farmacia my friend
Hola Doctor soy yo otra vez
Y el sol que no se deja ver…
Botellas vacías
Que cierran las heridas
Y me muestran la salida
La guitarra muda
Una mujer desnuda
No dijiste nada, nada más
El tiempo se ríe de la eternidad
Y sigo sigo sigo sin preguntar
Miro las veredas desde el 109
Afuera parece que llueve
Adentro del alma también
No voy en avión ni en tren
And this is not the end
Hello my old good friend
7 am suena el despertador
Good morning rivotril
Buenos tiempos ya van a venir.
sábado, 24 de julio de 2010
PEPE ! (del blog de A. Calamaro)
9 de julio (palabras del presidente de uruguay)
En esta vida, no se trata sólo de producir: también hay que disfrutar.
Ustedes saben mejor que nadie que en el conocimiento y la cultura no sólo hay esfuerzo sino también placer.
Dicen que la gente que trota por la rambla, llega un punto en el que entra
en una especie de éxtasis donde ya no existe el cansancio y sólo queda el placer.
Creo que con el conocimiento y la cultura pasa lo mismo. Llega un punto donde estudiar, o investigar, o aprender, ya no es un esfuerzo y es puro disfrute.
¡Qué bueno sería que estos manjares estuvieran a disposición de mucha gente!
Qué bueno sería, si en la canasta de la calidad de la vida que el Uruguay puede ofrecer a su gente, hubiera una buena cantidad de consumos intelectuales.
No porque sea elegante sino porque es placentero.
Porque se disfruta, con la misma intensidad con la que se puede disfrutar
un plato de tallarines.
¡No hay una lista obligatoria de las cosas que nos hacen felices!
Algunos pueden pensar que el mundo ideal es un lugar repleto de shopping centers.
En ese mundo la gente es feliz porque todos pueden salir llenos de bolsas
de ropa nueva y de cajas de electrodomésticos…
No tengo nada contra esa visión, sólo digo que no es la única posible.
Digo que también podemos pensar en un país donde la gente elige arreglar
las cosas en lugar de tirarlas, elige un auto chico en lugar de un auto grande, elige abrigarse en lugar de subir la calefacción.
Despilfarrar no es lo que hacen las sociedades más maduras. Vayan a Holanda y vean las ciudades repletas de bicicletas. Allí se van a dar cuenta de que el consumismo no es la elección de la verdadera aristocracia de la humanidad. Es la elección de los noveleros y los frívolos.
Los holandeses andan en bicicleta, las usan para ir a trabajar pero también para ir a los conciertos o a los parques.
Porque han llegado a un nivel en el que su felicidad cotidiana se alimenta tanto de consumos materiales como intelectuales.
Así que amigos, vayan y contagien el placer por el conocimiento.
En paralelo, mi modesta contribución va a ser tratar de que los uruguayos anden de bicicleteada en bicicleteada…
LA EDUCACION ES EL CAMINO
Y amigos, el puente entre este hoy y ese mañana que queremos tiene un nombre y se llama educación.
Y mire que es un puente largo y difícil de cruzar.
Porque una cosa es la retórica de la educación y otra cosa es que nos decidamos a hacer los sacrificios que implica lanzar un gran esfuerzo
educativo y sostenerlo en el tiempo.
Las inversiones en educación son de rendimiento lento, no le lucen a ningún gobierno, movilizan resistencias y obligan a postergar otras demandas.
Pero hay que hacerlo.
Se lo debemos a nuestros hijos y nietos.
Y hay que hacerlo ahora, cuando todavía está fresco el milagro tecnológico de Internet y se abren oportunidades nunca vistas de acceso al conocimiento.
Yo me crié con la radio, vi nacer la televisión, después la televisión en colores, después las transmisiones por satélite.
Después resultó que en mi televisor aparecían cuarenta canales, incluidos los que trasmitían en directo desde Estados Unidos, España e Italia.
Después los celulares y después la computadora, que al principio sólo servía para procesar números.
Cada una de esas veces, me quedé con la boca abierta.
Pero ahora con Internet se me agotó la capacidad de sorpresa.
Me siento como aquellos humanos que vieron una rueda por primera vez. O como los que vieron el fuego por primera vez.
Uno siente que le tocó en suerte vivir un hito en la historia.
Se están abriendo las puertas de todas las bibliotecas y de todos los museos; van a estar a disposición, todas las revistas científicas y todos
los libros del mundo. Y probablemente todas las películas y todas las músicas del mundo.
Es abrumador.
Por eso necesitamos que todos los uruguayos y sobre todo los uruguayitos sepan nadar en ese torrente.
Hay que subirse a esa corriente y navegar en ella como pez en el agua.
Lo conseguiremos si está sólida esa matriz intelectual de la que hablábamos antes.
Si nuestros chiquilines saben razonar en orden y saben hacerse las preguntas que valen la pena.
Es como una carrera en dos pistas, allá arriba en el mundo el océano de información, acá abajo preparándonos para la navegación trasatlántica.
Escuelas de tiempo completo, facultades en el interior, enseñanza terciaria masificada.
Y probablemente, inglés desde el preescolar en la enseñanza pública. Porque el inglés no es el idioma que hablan los yanquis, es el idioma con el que los chinos se entienden con el mundo.
No podemos estar afuera. No podemos dejar afuera a nuestros chiquilines. Esas son las herramientas que nos habilitan a interactuar con la explosión universal del conocimiento.
Este mundo nuevo no nos simplifica la vida, nos la complica..Nos obliga a ir más lejos y más hondo en la educación.
No hay tarea más grande delante de nosotros "La única lucha que se pierde, es la que se abandona. Hasta la victoria siempre !!!
En esta vida, no se trata sólo de producir: también hay que disfrutar.
Ustedes saben mejor que nadie que en el conocimiento y la cultura no sólo hay esfuerzo sino también placer.
Dicen que la gente que trota por la rambla, llega un punto en el que entra
en una especie de éxtasis donde ya no existe el cansancio y sólo queda el placer.
Creo que con el conocimiento y la cultura pasa lo mismo. Llega un punto donde estudiar, o investigar, o aprender, ya no es un esfuerzo y es puro disfrute.
¡Qué bueno sería que estos manjares estuvieran a disposición de mucha gente!
Qué bueno sería, si en la canasta de la calidad de la vida que el Uruguay puede ofrecer a su gente, hubiera una buena cantidad de consumos intelectuales.
No porque sea elegante sino porque es placentero.
Porque se disfruta, con la misma intensidad con la que se puede disfrutar
un plato de tallarines.
¡No hay una lista obligatoria de las cosas que nos hacen felices!
Algunos pueden pensar que el mundo ideal es un lugar repleto de shopping centers.
En ese mundo la gente es feliz porque todos pueden salir llenos de bolsas
de ropa nueva y de cajas de electrodomésticos…
No tengo nada contra esa visión, sólo digo que no es la única posible.
Digo que también podemos pensar en un país donde la gente elige arreglar
las cosas en lugar de tirarlas, elige un auto chico en lugar de un auto grande, elige abrigarse en lugar de subir la calefacción.
Despilfarrar no es lo que hacen las sociedades más maduras. Vayan a Holanda y vean las ciudades repletas de bicicletas. Allí se van a dar cuenta de que el consumismo no es la elección de la verdadera aristocracia de la humanidad. Es la elección de los noveleros y los frívolos.
Los holandeses andan en bicicleta, las usan para ir a trabajar pero también para ir a los conciertos o a los parques.
Porque han llegado a un nivel en el que su felicidad cotidiana se alimenta tanto de consumos materiales como intelectuales.
Así que amigos, vayan y contagien el placer por el conocimiento.
En paralelo, mi modesta contribución va a ser tratar de que los uruguayos anden de bicicleteada en bicicleteada…
LA EDUCACION ES EL CAMINO
Y amigos, el puente entre este hoy y ese mañana que queremos tiene un nombre y se llama educación.
Y mire que es un puente largo y difícil de cruzar.
Porque una cosa es la retórica de la educación y otra cosa es que nos decidamos a hacer los sacrificios que implica lanzar un gran esfuerzo
educativo y sostenerlo en el tiempo.
Las inversiones en educación son de rendimiento lento, no le lucen a ningún gobierno, movilizan resistencias y obligan a postergar otras demandas.
Pero hay que hacerlo.
Se lo debemos a nuestros hijos y nietos.
Y hay que hacerlo ahora, cuando todavía está fresco el milagro tecnológico de Internet y se abren oportunidades nunca vistas de acceso al conocimiento.
Yo me crié con la radio, vi nacer la televisión, después la televisión en colores, después las transmisiones por satélite.
Después resultó que en mi televisor aparecían cuarenta canales, incluidos los que trasmitían en directo desde Estados Unidos, España e Italia.
Después los celulares y después la computadora, que al principio sólo servía para procesar números.
Cada una de esas veces, me quedé con la boca abierta.
Pero ahora con Internet se me agotó la capacidad de sorpresa.
Me siento como aquellos humanos que vieron una rueda por primera vez. O como los que vieron el fuego por primera vez.
Uno siente que le tocó en suerte vivir un hito en la historia.
Se están abriendo las puertas de todas las bibliotecas y de todos los museos; van a estar a disposición, todas las revistas científicas y todos
los libros del mundo. Y probablemente todas las películas y todas las músicas del mundo.
Es abrumador.
Por eso necesitamos que todos los uruguayos y sobre todo los uruguayitos sepan nadar en ese torrente.
Hay que subirse a esa corriente y navegar en ella como pez en el agua.
Lo conseguiremos si está sólida esa matriz intelectual de la que hablábamos antes.
Si nuestros chiquilines saben razonar en orden y saben hacerse las preguntas que valen la pena.
Es como una carrera en dos pistas, allá arriba en el mundo el océano de información, acá abajo preparándonos para la navegación trasatlántica.
Escuelas de tiempo completo, facultades en el interior, enseñanza terciaria masificada.
Y probablemente, inglés desde el preescolar en la enseñanza pública. Porque el inglés no es el idioma que hablan los yanquis, es el idioma con el que los chinos se entienden con el mundo.
No podemos estar afuera. No podemos dejar afuera a nuestros chiquilines. Esas son las herramientas que nos habilitan a interactuar con la explosión universal del conocimiento.
Este mundo nuevo no nos simplifica la vida, nos la complica..Nos obliga a ir más lejos y más hondo en la educación.
No hay tarea más grande delante de nosotros "La única lucha que se pierde, es la que se abandona. Hasta la victoria siempre !!!
jueves, 15 de julio de 2010
Adentro-out
No sé si buscar afuera o adentro
Si soy un stone o un chalchalero
Si vengo de Pamplona o Puerto Madero
Si soy Brian Johnson o la cumbia con resero
¿Y dónde busco mi semilla
Si me miro desde la otra orilla?
En mi ombligo y su cordón
O en la esquina de Uruguay y Colón
Adonde voy casi no importa
O que el puente se hunda
Ya sabemos quien corta la torta
Y quién con el dedo te apunta
No sé si buscar en las tripas
O en la piel de la frente
En los ojos del corazón
O en alguna vieja canción
Como el Santiago de Coelho
Que encuentra donde partió
El tesoro de su vida
Yo encuentro mi razón
Y en la guitarra las manos
Se me escapa un si bemol
Se parece a la de Fito
Que a los Beatles le robó
No sé si buscar afuera o adentro
Si soy un stone o un chalchalero
Si vengo de Pamplona o Puerto Madero
Si soy Brian Johnson o la cumbia con resero
Si soy un stone o un chalchalero
Si vengo de Pamplona o Puerto Madero
Si soy Brian Johnson o la cumbia con resero
¿Y dónde busco mi semilla
Si me miro desde la otra orilla?
En mi ombligo y su cordón
O en la esquina de Uruguay y Colón
Adonde voy casi no importa
O que el puente se hunda
Ya sabemos quien corta la torta
Y quién con el dedo te apunta
No sé si buscar en las tripas
O en la piel de la frente
En los ojos del corazón
O en alguna vieja canción
Como el Santiago de Coelho
Que encuentra donde partió
El tesoro de su vida
Yo encuentro mi razón
Y en la guitarra las manos
Se me escapa un si bemol
Se parece a la de Fito
Que a los Beatles le robó
No sé si buscar afuera o adentro
Si soy un stone o un chalchalero
Si vengo de Pamplona o Puerto Madero
Si soy Brian Johnson o la cumbia con resero
sábado, 5 de junio de 2010
Sin mitad
Me quedé...
Colgado en el ojo del huracán
En la baldosa floja de tu vereda
Sin el zapatito de tu cenicienta
Sin el paraguas para tu tormenta
Nuestros besos nunca rimaron amor
Ni fui parche para tu corazón
Me voy…
Hasta el ancla de un barco que nunca zarpó
Hacia el cielo del cielo que nunca se vio
Como un ángel borracho de tanto dolor
En la espuma de orillas desiertas de sol
No me mires así…
Como quien mira un perro que busca calor
Con tu gesto y tus manos que me alejan de vos
En cámara lenta no sé que buscás
Como si fuera una coma cuando es punto final
Me quedé…
En un hueco escondido silbando para disimular
Fue un segundo y creí que era la eternidad
Qué poco dura el amor para siempre
Como una mariposa en el jardín de tu vientre
Me quedé…
Ahogado sin rumbo y sin nada que hablar
Revolviendo en recuerdos que nunca fueron verdad
Mirando desde la luna de tu ventana y no más
Y te vas…
A lo lejos veo cómo se escapa mi otra mitad
Qué poco dura el amor para siempre
Como una mariposa en el jardín de tu vientre
Colgado en el ojo del huracán
En la baldosa floja de tu vereda
Sin el zapatito de tu cenicienta
Sin el paraguas para tu tormenta
Nuestros besos nunca rimaron amor
Ni fui parche para tu corazón
Me voy…
Hasta el ancla de un barco que nunca zarpó
Hacia el cielo del cielo que nunca se vio
Como un ángel borracho de tanto dolor
En la espuma de orillas desiertas de sol
No me mires así…
Como quien mira un perro que busca calor
Con tu gesto y tus manos que me alejan de vos
En cámara lenta no sé que buscás
Como si fuera una coma cuando es punto final
Me quedé…
En un hueco escondido silbando para disimular
Fue un segundo y creí que era la eternidad
Qué poco dura el amor para siempre
Como una mariposa en el jardín de tu vientre
Me quedé…
Ahogado sin rumbo y sin nada que hablar
Revolviendo en recuerdos que nunca fueron verdad
Mirando desde la luna de tu ventana y no más
Y te vas…
A lo lejos veo cómo se escapa mi otra mitad
Qué poco dura el amor para siempre
Como una mariposa en el jardín de tu vientre
sábado, 22 de mayo de 2010
Yo quería ser argentino. Por Sergio Ramírez. Escritor nicaragüense. Ex vicepresidente.
Son pocas las cosas que subo a mi blog y que no escribo yo mismo. Pero esta vez creo que vale la pena.
Luciano.
"Desde la verdura en harapos del trópico bananero, yo quería ser argentino.
En aquellos ya remotos años cuarenta que fueron los de mi infancia.
Un primo rico se daba el lujo de mandar a empastar los números de Billiken, y en esos tomos tan preciados descubrí La dama del perrito de Chejov, y El oso de Faulkner, cuando aquel primo se dignaba prestármelos. Me quedaba leyendo hasta altas horas de la madrugada a la luz de un foco de mano, embozado bajo la sábana, para no ser descubierto en el delito del desvelo, Billiken y también los números de El Peneca. Todavía se sigue llamando penecas en Nicaragua a las revistas de historietas. Y me identifiqué con Patoruzito, el indiecito semidesnudo de las pampas, aprendí lo que era una boleadora y un ombú, y gané mi primer antihéroe en su adversario Isidoro, el porteñito engominado. Civilización contra barbarie.
Aprendí también desde entonces la palabra canillita, porque un niño inválido, que vendía periódicos por las calles de Buenos Aires, apoyándose en una muleta, era capaz de transformarse en el Capitán Maravilla con sólo pronunciar la palabra mágica Shazam (compuesta por las iniciales de Salomón, Hércules, Atlas, Zeus, una que he perdido, y Marte), y ya en su investidura de héroe poderoso abatía puñetazos a la peor ralea de maleantes que se ocultaban en los meandros del barrio La Boca.
Mis libros de lectura de la escuela primaria venían también de Argentina, y me acostumbré a que la bandera patria que figuraba en la primera página de esos libros, tan parecida a la de Nicaragua, tuviera ciertas
ligeras variantes con la mía; apenas un poco más pálidas las franjas azules, y en la franja blanca del centro, en lugar del escudo de cinco volcanes, un sol resplandeciente. Y Eva Perón. En la pobre biblioteca de mi escuela, donde todos los libros alcanzaban en unos cuantos estantes de pino, no había mejor momento para mí que el de entregarme a repasar las páginas de un álbum de fotos a colores de pastel dedicado a aquella primera dama caritativa de moño perfecto y sonrisa angelical, que venía a ser como la reina del mundo, y que tantos años después reviviría para mí en la espléndida novela Santa Evita, de Tomás Eloy Martínez.
Pero también tengo en mi vida a la Editorial Sopena Argentina, con sus libros a dos columnas en los que leí Los miserables, El Conde de Montecristo y Los Tres Mosqueteros, y la Editorial Kraft, que publicaba cuentos japoneses y poemas chinos con delicadas ilustraciones, y aún más tarde, mi encuentro con En busca del tiempo perdido, traducido por Pedro Salinas, en los libracos en cuarto mayor de tapas de cartón y hermosa letra, tal vez de la casa editorial Salvador Rueda, mal me engañe la memoria; más Trilce, El Canto General, El Romancero gitano y Marinero en tierra, unos tomitos en rústica de cubiertas grises, con sello de Losada, tiempos dichosos en que los libros de poesía eran tan baratos. Era la pujante Argentina de Juan Domingo Perón. Una Argentina capaz de llegar con sus masivos embarques de libros hasta las costas de Centroamérica, a los mismos muelles donde atracaban los barcos refrigerados de la flota blanca de la United Fruit Company a recoger los racimos de fruta que eran nuestra insignia de banana republics. Los diputados, decía Sam Zemurray, quien inventó aquel negocio fabuloso del banano, eran más baratos que las mulas, según recuerda en Hora Cero Ernesto Cardenal. Mi infancia pertenece también a la voz de Carlos Gardel en las rocanolas de las cantinas, una voz que venía desde la eternidad, y ante la que lloraban de auténtica pena los borrachos despechados, y sus películas, vistas una y otra vez por el mismo público ávido en el único cine del pueblo, a la luz de las estrellas, y a causa de tanto Gardel en las vidas cotidianas es que a un carpintero de ataúdes, que llevaba las uñas manchadas de maque, lo llamaban Caneja, por aquello de fuerza, caneja, sufra y no llore... Mis libros de lectura escolar hablaban de graneros colmados, ferrocarriles que atravesaban la pampa, infinitos hatos de ganado, barcos que partían pletóricos de mercancías. En el país del que venían los libros y las historietas, los niños iban a la escuela pública de uniforme, como no ocurría en Nicaragua, donde no había siquiera bancos para todos los alumnos. Cómo aquel niño que era yo no iba a querer ser como los argentinos, así como los argentinos querían ser como los europeos.
Pasaron los años. Poco antes de que Perón fuera derrocado, cuando las arcas repletas de lingotes de oro empezaban a vaciarse en el Banco Central de la Nación, gracias a las más variada suerte de corruptelas, y a la mano munificiente de Santa Evita, el viejo Somoza fue recibido con toda pompa en Buenos Aires, y Perón llenó para él la Plaza de Mayo con un millón de personas. Conservo esas fotos, los dos en el balcón de la Casa Rosada, en arreos militares de gala, frente a la inmensa multitud. Más tarde, en triste pago, Perón fue acogido en su exilio en la calurosa y provinciana Managua, y se alojó en los aposentos del Palacio presidencial de Tiscapa. Ese año de 1956 mataron a Somoza, y Perón huyó, temeroso de su mala estrella a refugiarse en brazos de Trujillo a la República Dominicana. Isabelita Martínez, a quien Perón había conocido en Panamá en un night-club, cuando iba precisamente rumbo a Managua, llegó a convertirse en presidenta, y tuvo por consejero áulico a López Rega, un brujo de arrabal que era, además, jefe de una banda de sicarios, una "mano blanca", como las de Guatemala, o El Salvador.
Argentina ya no parecía el país europeo que era en las páginas de mis viejos libros escolares, sino una república bananera, como cualquiera de las nuestras. Una cabaretera presidenta. Un brujo asesino, un prestidigitador del poder. Eso no podía ocurrir sino en una república bananera. Y después, las desapariciones masivas, los prisioneros lanzados desde los aviones en alta mar, enterrados en bloques de cemento en el fondo del Río de la Plata. Eso es lo mismo que ocurría en Guatemala y en Nicaragua. Y luego Menem, un chulo disfrazado de prócer, con patillas a lo general San Martín, también venía a ser tan centroamericano en sus ínfulas perdularias. Ahora que tantos argentinos descuajados de la normalidad de sus vidas se quieren subir a los viejos barcos en que sus antepasados llegaron desde Calabria, o desde Marsella, o desde Vigo, a buscar un refugio quizás imposible frente a la catástrofe que la repetida corrupción ha traído sobre Argentina, el rollo de película es echado a andar, pero hacia atrás. La civilización y la modernidad con que tanto soñaron todos los que desde el siglo XIX ansiaron ser europeos, y con la que soñamos en el calor del trópico, donde huele a frutos demasiado maduros, todos los que quisimos ser argentinos, se caen a pedazos como las bambalinas de un escenario en ruinas.
Pero yo sigo queriendo ser argentino. No sólo por mi infancia nunca perdida.
También por Lugones, por Borges, por Cortázar, por Osvaldo Soriano, por Tomás Eloy Martínez, y por supuesto, por Gardel. No más les digo que esperemos, que ya vendrá el día en que no habrá más pena ni olvido."
Luciano.
"Desde la verdura en harapos del trópico bananero, yo quería ser argentino.
En aquellos ya remotos años cuarenta que fueron los de mi infancia.
Un primo rico se daba el lujo de mandar a empastar los números de Billiken, y en esos tomos tan preciados descubrí La dama del perrito de Chejov, y El oso de Faulkner, cuando aquel primo se dignaba prestármelos. Me quedaba leyendo hasta altas horas de la madrugada a la luz de un foco de mano, embozado bajo la sábana, para no ser descubierto en el delito del desvelo, Billiken y también los números de El Peneca. Todavía se sigue llamando penecas en Nicaragua a las revistas de historietas. Y me identifiqué con Patoruzito, el indiecito semidesnudo de las pampas, aprendí lo que era una boleadora y un ombú, y gané mi primer antihéroe en su adversario Isidoro, el porteñito engominado. Civilización contra barbarie.
Aprendí también desde entonces la palabra canillita, porque un niño inválido, que vendía periódicos por las calles de Buenos Aires, apoyándose en una muleta, era capaz de transformarse en el Capitán Maravilla con sólo pronunciar la palabra mágica Shazam (compuesta por las iniciales de Salomón, Hércules, Atlas, Zeus, una que he perdido, y Marte), y ya en su investidura de héroe poderoso abatía puñetazos a la peor ralea de maleantes que se ocultaban en los meandros del barrio La Boca.
Mis libros de lectura de la escuela primaria venían también de Argentina, y me acostumbré a que la bandera patria que figuraba en la primera página de esos libros, tan parecida a la de Nicaragua, tuviera ciertas
ligeras variantes con la mía; apenas un poco más pálidas las franjas azules, y en la franja blanca del centro, en lugar del escudo de cinco volcanes, un sol resplandeciente. Y Eva Perón. En la pobre biblioteca de mi escuela, donde todos los libros alcanzaban en unos cuantos estantes de pino, no había mejor momento para mí que el de entregarme a repasar las páginas de un álbum de fotos a colores de pastel dedicado a aquella primera dama caritativa de moño perfecto y sonrisa angelical, que venía a ser como la reina del mundo, y que tantos años después reviviría para mí en la espléndida novela Santa Evita, de Tomás Eloy Martínez.
Pero también tengo en mi vida a la Editorial Sopena Argentina, con sus libros a dos columnas en los que leí Los miserables, El Conde de Montecristo y Los Tres Mosqueteros, y la Editorial Kraft, que publicaba cuentos japoneses y poemas chinos con delicadas ilustraciones, y aún más tarde, mi encuentro con En busca del tiempo perdido, traducido por Pedro Salinas, en los libracos en cuarto mayor de tapas de cartón y hermosa letra, tal vez de la casa editorial Salvador Rueda, mal me engañe la memoria; más Trilce, El Canto General, El Romancero gitano y Marinero en tierra, unos tomitos en rústica de cubiertas grises, con sello de Losada, tiempos dichosos en que los libros de poesía eran tan baratos. Era la pujante Argentina de Juan Domingo Perón. Una Argentina capaz de llegar con sus masivos embarques de libros hasta las costas de Centroamérica, a los mismos muelles donde atracaban los barcos refrigerados de la flota blanca de la United Fruit Company a recoger los racimos de fruta que eran nuestra insignia de banana republics. Los diputados, decía Sam Zemurray, quien inventó aquel negocio fabuloso del banano, eran más baratos que las mulas, según recuerda en Hora Cero Ernesto Cardenal. Mi infancia pertenece también a la voz de Carlos Gardel en las rocanolas de las cantinas, una voz que venía desde la eternidad, y ante la que lloraban de auténtica pena los borrachos despechados, y sus películas, vistas una y otra vez por el mismo público ávido en el único cine del pueblo, a la luz de las estrellas, y a causa de tanto Gardel en las vidas cotidianas es que a un carpintero de ataúdes, que llevaba las uñas manchadas de maque, lo llamaban Caneja, por aquello de fuerza, caneja, sufra y no llore... Mis libros de lectura escolar hablaban de graneros colmados, ferrocarriles que atravesaban la pampa, infinitos hatos de ganado, barcos que partían pletóricos de mercancías. En el país del que venían los libros y las historietas, los niños iban a la escuela pública de uniforme, como no ocurría en Nicaragua, donde no había siquiera bancos para todos los alumnos. Cómo aquel niño que era yo no iba a querer ser como los argentinos, así como los argentinos querían ser como los europeos.
Pasaron los años. Poco antes de que Perón fuera derrocado, cuando las arcas repletas de lingotes de oro empezaban a vaciarse en el Banco Central de la Nación, gracias a las más variada suerte de corruptelas, y a la mano munificiente de Santa Evita, el viejo Somoza fue recibido con toda pompa en Buenos Aires, y Perón llenó para él la Plaza de Mayo con un millón de personas. Conservo esas fotos, los dos en el balcón de la Casa Rosada, en arreos militares de gala, frente a la inmensa multitud. Más tarde, en triste pago, Perón fue acogido en su exilio en la calurosa y provinciana Managua, y se alojó en los aposentos del Palacio presidencial de Tiscapa. Ese año de 1956 mataron a Somoza, y Perón huyó, temeroso de su mala estrella a refugiarse en brazos de Trujillo a la República Dominicana. Isabelita Martínez, a quien Perón había conocido en Panamá en un night-club, cuando iba precisamente rumbo a Managua, llegó a convertirse en presidenta, y tuvo por consejero áulico a López Rega, un brujo de arrabal que era, además, jefe de una banda de sicarios, una "mano blanca", como las de Guatemala, o El Salvador.
Argentina ya no parecía el país europeo que era en las páginas de mis viejos libros escolares, sino una república bananera, como cualquiera de las nuestras. Una cabaretera presidenta. Un brujo asesino, un prestidigitador del poder. Eso no podía ocurrir sino en una república bananera. Y después, las desapariciones masivas, los prisioneros lanzados desde los aviones en alta mar, enterrados en bloques de cemento en el fondo del Río de la Plata. Eso es lo mismo que ocurría en Guatemala y en Nicaragua. Y luego Menem, un chulo disfrazado de prócer, con patillas a lo general San Martín, también venía a ser tan centroamericano en sus ínfulas perdularias. Ahora que tantos argentinos descuajados de la normalidad de sus vidas se quieren subir a los viejos barcos en que sus antepasados llegaron desde Calabria, o desde Marsella, o desde Vigo, a buscar un refugio quizás imposible frente a la catástrofe que la repetida corrupción ha traído sobre Argentina, el rollo de película es echado a andar, pero hacia atrás. La civilización y la modernidad con que tanto soñaron todos los que desde el siglo XIX ansiaron ser europeos, y con la que soñamos en el calor del trópico, donde huele a frutos demasiado maduros, todos los que quisimos ser argentinos, se caen a pedazos como las bambalinas de un escenario en ruinas.
Pero yo sigo queriendo ser argentino. No sólo por mi infancia nunca perdida.
También por Lugones, por Borges, por Cortázar, por Osvaldo Soriano, por Tomás Eloy Martínez, y por supuesto, por Gardel. No más les digo que esperemos, que ya vendrá el día en que no habrá más pena ni olvido."
sábado, 15 de mayo de 2010
“Un final parcial”
Tema 2
Profesora Claudia Ranud
Nombre: Darío Bregazzi
DNI: 21.659.658
Comisión: 20 hs.
Parcial de Historia de la Educación 06/05/1992
1) Enumere las características de la influencia de la Cultura Griega a mediados del siglo III AC. Caracterice la organización escolar en dicha época y describa a los principales teóricos de la época republicana: (Catón el viejo; Marco Terencio Varrón y Cicerón).
2) Describa las principales características de la Educación Seglar en la Edad Media, nombrando la Educación Caballeresca y la Educación de la Mujer.
3) Elabore un escrito en el que detalle el surgimiento de La Escolástica, sus caracteres y métodos. Tenga en cuenta que esta pregunta es de promoción, y debe estar contestada correctamente en su totalidad.
Después de tanto tiempo, veo que el momento ha llegado. Fueron días y más días de esperar el momento del parcial para poder expresar lo que siento. Quiero que sepa que esta es la única materia a la que no falté a ninguna clase, siempre hice lo imposible por poder verla aunque sea dos horas por semana. ¡ Si usted supiera cómo sufrí ese martes veintidós de abril cuando “por motivos personales” usted no pudo venir! Sé que en este papel puede estar en juego mi permanencia dentro de la Institución, pero me acoplo a sus palabras, profesora: “...uno debe jugarse por lo que quiere...” Y aquí estoy, jugándome por usted.
Como habrá de imaginarse, no preparé ningún tema para el parcial, sin embargo, estudié un fragmento de una novela de un escritor por usted nombrado el veintinueve de abril, se llama Martín Goycochea Méndez, espero desde lo más profundo de mi corazón que despierte en “mi” profesora el amor que despertó en mí:
“...Te crearé como tu quieras. Tú serás Venus, tú serás la ondina; tú serás la estrella. A tu lado cantaré las cadencias de los tálamos nupciales y una gracia gentil bordará en la orla de tu manto la frase delicada de los primeros amores...”
¡¡¡Cuánto la amo profesora!!!
El primer día de clase , primero de abril, yo estaba sentado en la fila de las ventanas, lejos de usted. Creo que mis ojos nunca habían visto una mujer que guardara tanta belleza. Supe desde ese “buenas tardes” que estaba completamente enamorado. Veía en usted la armonía perfecta entre su pelo, su voz, sus ojos, su cuerpo. Sentí que debía encontrar la manera de llegar a esa estrella que iluminaba mi vida, y no sabía cómo hacerlo. Sus palabras eran y son una especie de dulce canción para mis oídos. Llegué a odiar a quienes la interrumpían con preguntas que sólo demostraban lo desatentos que estaban. Fueron pocas las veces que participé en clase, tenía miedo que mi amor sea demasiado ostensible. ¿Acaso no notó usted nunca que desde un primer asiento había un hombre que la amaba? ¿No vio usted en mis ojos el AMOR y la pasión que tengo para ofrecerle?
(Ayyyyyyy Dios!!! No se acerque profesora!!!!! Déjeme terminar el parcial!!!.
¡El del banco de atrás me pregunta qué puse en la pregunta uno!
La ausencia de anillo me hizo respirar. ¡¡¡Si, si, si, no está comprometida ni casada!!!)
Fueron noches enteras de imaginar su pasado, su presente, ¡Su futuro! Imaginé su rostro adolescente miles de veces, casi podía tocarlo. Soñé con usted infinitas veces, infinitas situaciones, incontables besos eternos. Jamás me atreví a decirle nada a nadie de mi amor secreto, se hubieran burlado casi con seguridad, muchos habrían apostado a que sería algo pasajero, una simple atracción física de una mente joven y sin mucha experiencia ¡Necios!
Pídame lo que quiera, estoy en su puño desde hace mucho tiempo, vivo por y para usted desde que la vi. Nunca sentí así, nunca. Preferiría morir a tragarme todo lo que siento por usted. Porque si hay algo que no podría evitar es hacerle saber cuánto la amo, cuánto la admiro. Siento en mi mano temblorosa y fría la incertidumbre y la desesperación de un primer abrazo a la eternidad de su mirada. Siento en mis piernas, inquietas, la ansiedad de saber una respuesta a tanta locura. Y mi pecho...¡tan lleno de amor y tan vacío de usted! ¡Mi boca está tan seca, mis ojos tan mojados! Mi vida le pertenece, Claudia. La esperaré el tiempo que sea necesario. ¿Días, meses, años? Eso no importa, mi tiempo le pertenece tanto como mi alma. Puedo esperarla hasta morir, hasta que mis fuerzas se hayan ido. Porque mi amor por usted nunca se marchará y no sabrá rendirse ante nada.
Pues bien, ya casi todos se han ido. Algunos de los que quedan en el aula miran la hoja, como esperando una respuesta que nunca habrá de llegar. Siento pánico por ser probablemente uno de ellos. Y ahí está usted, Claudia, a pasos del Amor. Debo entregarle la hoja, debe saberlo todo. Por favor no me tome por cobarde por declararle mi amor de esta forma. Nunca olvide que es el Amor el verdadero sentido de nuestras vidas.
La amo con toda mi alma, Darío Bregazzi.
Profesora Claudia Ranud
Nombre: Darío Bregazzi
DNI: 21.659.658
Comisión: 20 hs.
Parcial de Historia de la Educación 06/05/1992
1) Enumere las características de la influencia de la Cultura Griega a mediados del siglo III AC. Caracterice la organización escolar en dicha época y describa a los principales teóricos de la época republicana: (Catón el viejo; Marco Terencio Varrón y Cicerón).
2) Describa las principales características de la Educación Seglar en la Edad Media, nombrando la Educación Caballeresca y la Educación de la Mujer.
3) Elabore un escrito en el que detalle el surgimiento de La Escolástica, sus caracteres y métodos. Tenga en cuenta que esta pregunta es de promoción, y debe estar contestada correctamente en su totalidad.
Después de tanto tiempo, veo que el momento ha llegado. Fueron días y más días de esperar el momento del parcial para poder expresar lo que siento. Quiero que sepa que esta es la única materia a la que no falté a ninguna clase, siempre hice lo imposible por poder verla aunque sea dos horas por semana. ¡ Si usted supiera cómo sufrí ese martes veintidós de abril cuando “por motivos personales” usted no pudo venir! Sé que en este papel puede estar en juego mi permanencia dentro de la Institución, pero me acoplo a sus palabras, profesora: “...uno debe jugarse por lo que quiere...” Y aquí estoy, jugándome por usted.
Como habrá de imaginarse, no preparé ningún tema para el parcial, sin embargo, estudié un fragmento de una novela de un escritor por usted nombrado el veintinueve de abril, se llama Martín Goycochea Méndez, espero desde lo más profundo de mi corazón que despierte en “mi” profesora el amor que despertó en mí:
“...Te crearé como tu quieras. Tú serás Venus, tú serás la ondina; tú serás la estrella. A tu lado cantaré las cadencias de los tálamos nupciales y una gracia gentil bordará en la orla de tu manto la frase delicada de los primeros amores...”
¡¡¡Cuánto la amo profesora!!!
El primer día de clase , primero de abril, yo estaba sentado en la fila de las ventanas, lejos de usted. Creo que mis ojos nunca habían visto una mujer que guardara tanta belleza. Supe desde ese “buenas tardes” que estaba completamente enamorado. Veía en usted la armonía perfecta entre su pelo, su voz, sus ojos, su cuerpo. Sentí que debía encontrar la manera de llegar a esa estrella que iluminaba mi vida, y no sabía cómo hacerlo. Sus palabras eran y son una especie de dulce canción para mis oídos. Llegué a odiar a quienes la interrumpían con preguntas que sólo demostraban lo desatentos que estaban. Fueron pocas las veces que participé en clase, tenía miedo que mi amor sea demasiado ostensible. ¿Acaso no notó usted nunca que desde un primer asiento había un hombre que la amaba? ¿No vio usted en mis ojos el AMOR y la pasión que tengo para ofrecerle?
(Ayyyyyyy Dios!!! No se acerque profesora!!!!! Déjeme terminar el parcial!!!.
¡El del banco de atrás me pregunta qué puse en la pregunta uno!
La ausencia de anillo me hizo respirar. ¡¡¡Si, si, si, no está comprometida ni casada!!!)
Fueron noches enteras de imaginar su pasado, su presente, ¡Su futuro! Imaginé su rostro adolescente miles de veces, casi podía tocarlo. Soñé con usted infinitas veces, infinitas situaciones, incontables besos eternos. Jamás me atreví a decirle nada a nadie de mi amor secreto, se hubieran burlado casi con seguridad, muchos habrían apostado a que sería algo pasajero, una simple atracción física de una mente joven y sin mucha experiencia ¡Necios!
Pídame lo que quiera, estoy en su puño desde hace mucho tiempo, vivo por y para usted desde que la vi. Nunca sentí así, nunca. Preferiría morir a tragarme todo lo que siento por usted. Porque si hay algo que no podría evitar es hacerle saber cuánto la amo, cuánto la admiro. Siento en mi mano temblorosa y fría la incertidumbre y la desesperación de un primer abrazo a la eternidad de su mirada. Siento en mis piernas, inquietas, la ansiedad de saber una respuesta a tanta locura. Y mi pecho...¡tan lleno de amor y tan vacío de usted! ¡Mi boca está tan seca, mis ojos tan mojados! Mi vida le pertenece, Claudia. La esperaré el tiempo que sea necesario. ¿Días, meses, años? Eso no importa, mi tiempo le pertenece tanto como mi alma. Puedo esperarla hasta morir, hasta que mis fuerzas se hayan ido. Porque mi amor por usted nunca se marchará y no sabrá rendirse ante nada.
Pues bien, ya casi todos se han ido. Algunos de los que quedan en el aula miran la hoja, como esperando una respuesta que nunca habrá de llegar. Siento pánico por ser probablemente uno de ellos. Y ahí está usted, Claudia, a pasos del Amor. Debo entregarle la hoja, debe saberlo todo. Por favor no me tome por cobarde por declararle mi amor de esta forma. Nunca olvide que es el Amor el verdadero sentido de nuestras vidas.
La amo con toda mi alma, Darío Bregazzi.
viernes, 7 de mayo de 2010
Los viejos
Duermen los viejos
Y
sueñan que hoy es ayer
Algunos siguen tristes
Esperando su tren
Hay quienes cantan en cada amanecer
Otros temen al después
Miran fotos
Y
Extrañan lo que fue
Cómo extraña el corazón
Los besos del ayer
Viejos, lindos viejos
Arrugados de querer
Cargados de ilusiones
De los que miran crecer
Serenos
Pacientes
Callados
Sonrientes
En la punta de la mesa
Levantan sus copas
Por la alegría ajena
Se duermen abrazaditos
Tan niños sus ojos
Viejos lindos viejos
En la plaza de San Rafael
Matan al tiempo
Jugando al ajedrez
Duermen los viejos
Y Sueñan
¡Qué importa del después!
Y
sueñan que hoy es ayer
Algunos siguen tristes
Esperando su tren
Hay quienes cantan en cada amanecer
Otros temen al después
Miran fotos
Y
Extrañan lo que fue
Cómo extraña el corazón
Los besos del ayer
Viejos, lindos viejos
Arrugados de querer
Cargados de ilusiones
De los que miran crecer
Serenos
Pacientes
Callados
Sonrientes
En la punta de la mesa
Levantan sus copas
Por la alegría ajena
Se duermen abrazaditos
Tan niños sus ojos
Viejos lindos viejos
En la plaza de San Rafael
Matan al tiempo
Jugando al ajedrez
Duermen los viejos
Y Sueñan
¡Qué importa del después!
miércoles, 5 de mayo de 2010
Te vas y te quedás
Si te vas te espero
Si te quedás me voy
Buscando en otros vasos
Los besos que das vos
Si me abrazas me alejo
Y miro en el reloj
El tiempo que nos queda
Y el tiempo que pasó
Si te busco y no te veo
Me muerdo el corazón
Y salgo a caminar
Derecho por Simbrón
Buscando no sé qué
Te veo en otras caras
Pero nunca es igual
Me quedo con tu almohada
En la cama te busco
Y en la alacena también
Te pierdo en el ropero
Te encuentro en el papel
Tu foto ya no me habla
Mataron a un tipo en la tv
Se estaba escapando dicen
Andá a saber de qué
Si te vas te espero
Que vuelva hasta mí el cielo
Y cuando a mi lado lo tengo
Escapo antes de perderlo
Si te vas te espero
Si te quedás me voy
Cantando la del loco
Que sufre por amor
Desde la luna miro el cielo hoy
Mañana me duermo en la estación
Como la burbuja en el viento voy
Así mi amor es mi canción
Si te vas mi amor te espero
Si te quedás mi amor me voy
Cantando esta canción
Que no sabe del amor
Que la canta el corazón
Si te vas te espero
Si te quedás me voy
Cantando esta canción
Que no sabe del amor
Que la canta el corazón
Que cuelga entre los dos...
Si te quedás me voy
Buscando en otros vasos
Los besos que das vos
Si me abrazas me alejo
Y miro en el reloj
El tiempo que nos queda
Y el tiempo que pasó
Si te busco y no te veo
Me muerdo el corazón
Y salgo a caminar
Derecho por Simbrón
Buscando no sé qué
Te veo en otras caras
Pero nunca es igual
Me quedo con tu almohada
En la cama te busco
Y en la alacena también
Te pierdo en el ropero
Te encuentro en el papel
Tu foto ya no me habla
Mataron a un tipo en la tv
Se estaba escapando dicen
Andá a saber de qué
Si te vas te espero
Que vuelva hasta mí el cielo
Y cuando a mi lado lo tengo
Escapo antes de perderlo
Si te vas te espero
Si te quedás me voy
Cantando la del loco
Que sufre por amor
Desde la luna miro el cielo hoy
Mañana me duermo en la estación
Como la burbuja en el viento voy
Así mi amor es mi canción
Si te vas mi amor te espero
Si te quedás mi amor me voy
Cantando esta canción
Que no sabe del amor
Que la canta el corazón
Si te vas te espero
Si te quedás me voy
Cantando esta canción
Que no sabe del amor
Que la canta el corazón
Que cuelga entre los dos...
martes, 20 de abril de 2010
Soy
En mi pecho siento latir con fuerza la bravura de los mares dormidos.
Mis manos tiemblan y arden de esperar un signo que no ha de llegar.
Se que de los muertos es el reino de la oscuridad y la quietud.
Presiento horizontes grises y noches llenas de ausencia.
Mis pupilas vencidas por el sueño esperan claridad.
La sangre hiere mi cuerpo con mi propio veneno.
Soy el espejo de quienes niegan encontrarse.
Vencido por mis sueños espero esperar.
El cielo es testigo de mis caminos.
El canto se muere en los nidos.
La risa es un recuerdo feliz.
El llanto moja mi boca.
Mas puedo sentir.
Puedo amar.
Hoy vivo.
Soy.
Mis manos tiemblan y arden de esperar un signo que no ha de llegar.
Se que de los muertos es el reino de la oscuridad y la quietud.
Presiento horizontes grises y noches llenas de ausencia.
Mis pupilas vencidas por el sueño esperan claridad.
La sangre hiere mi cuerpo con mi propio veneno.
Soy el espejo de quienes niegan encontrarse.
Vencido por mis sueños espero esperar.
El cielo es testigo de mis caminos.
El canto se muere en los nidos.
La risa es un recuerdo feliz.
El llanto moja mi boca.
Mas puedo sentir.
Puedo amar.
Hoy vivo.
Soy.
viernes, 12 de marzo de 2010
Los quiero para mí
Los que no creen en el destino
Los que solos se despiertan
Los que duermen tras las rejas
Los niños y su ingenuidad
Los borrachos de aquel bar
Las putas del camino
Los que en los vicios han caído
Los viejos que no saben su edad
Los que miran la muerte a los ojos
Los que por la farmacia viven
Los que ríen con ojos rojos
Los que teniendo igual piden
Los quiero para mí…
Porque sí.
A pesar de todos,
Los quiero para mí…
Los que en la escuela viven en un rincón
Los que navegan sin timón
Los que siguen al corazón
Los que ruegan por amor
Los que mienten y después piden perdón
Los que comen los restos sin llorar
Los que todo lo han perdido
Los sabinas que no saben cantar
Los que prefieren la claridad de la noche
Los que se ahogan en su saliva
Los que aman en la primera cita
Los que en las rosas solo ven espinas
Los quiero para mí…
Porque sí.
A pesar de todos,
Los quiero para mí…
Los lados malos de los malos
Los que prefieren la lluvia al sol
Los que van a contramano
Los que visten harapos
Los infieles de los infieles
Los malos ejemplos de verdad
Los que no saben rezar
Los que no tienen piedad
Los que en la cama no ponen peros
Los que no corren si el techo se cayó
Los enfermos que se van yendo
Los que rompen el espejo con valor
Los quiero para mí…
Porque sí.
A pesar de todos,
Los quiero para mí…
Los que solos se despiertan
Los que duermen tras las rejas
Los niños y su ingenuidad
Los borrachos de aquel bar
Las putas del camino
Los que en los vicios han caído
Los viejos que no saben su edad
Los que miran la muerte a los ojos
Los que por la farmacia viven
Los que ríen con ojos rojos
Los que teniendo igual piden
Los quiero para mí…
Porque sí.
A pesar de todos,
Los quiero para mí…
Los que en la escuela viven en un rincón
Los que navegan sin timón
Los que siguen al corazón
Los que ruegan por amor
Los que mienten y después piden perdón
Los que comen los restos sin llorar
Los que todo lo han perdido
Los sabinas que no saben cantar
Los que prefieren la claridad de la noche
Los que se ahogan en su saliva
Los que aman en la primera cita
Los que en las rosas solo ven espinas
Los quiero para mí…
Porque sí.
A pesar de todos,
Los quiero para mí…
Los lados malos de los malos
Los que prefieren la lluvia al sol
Los que van a contramano
Los que visten harapos
Los infieles de los infieles
Los malos ejemplos de verdad
Los que no saben rezar
Los que no tienen piedad
Los que en la cama no ponen peros
Los que no corren si el techo se cayó
Los enfermos que se van yendo
Los que rompen el espejo con valor
Los quiero para mí…
Porque sí.
A pesar de todos,
Los quiero para mí…
Letras
Hay letras de canciones que pasan, que poco dicen, que ante la agonía de su propia pobreza, son salvadas por una buena melodía. También hay canciones con apenas buenas letras, que duran, que más allá de la comunión con los acordes, pueden respirar por sí solas.
Pero hay canciones, que antes de ser canciones, son poesía. Que al unirse a su música rozan la perfección al menos por unos minutos. Son esas canciones que quedan en alguna curva de la memoria para siempre. Esta es, para mí, una de ellas.
Y sin embargo (Joaquín Sabina)
De sobras sabes que eres la primera,
que no miento si juro que daría
por ti la vida entera,
por ti la vida entera;
y, sin embargo, un rato, cada día,
ya ves, te engañaría
con cualquiera,
te cambiaría por cualquiera.
Ni tan arrepentido ni encantado
de haberme conocido, lo confieso.
Tú que tanto has besado
tú que me has enseñado,
sabes mejor que yo que hasta los huesos
sólo calan los besos
que no has dado,
los labios del pecado.
Porque una casa sin ti es una emboscada,
el pasillo de un tren de madrugada,
un laberinto
sin luz ni vino tinto,
un velo de alquitrán en la mirada.
Y me envenenan los besos que voy dando
y, sin embargo, cuando
duermo sin ti contigo sueño,
y con todas si duermes a mi lado,
y si te vas me voy por los tejados
como un gato sin dueño
perdido en el pañuelo de amargura
que empaña sin mancharla tu hermosura.
No debería contarlo y, sin embargo,
cuando pido la llave de un hotel
y a media noche encargo
un buen champán francés
y cena con velitas para dos,
siempre es con otra, amor,
nunca contigo,
bien sabes lo que digo.
Porque una casa sin ti es una oficina,
un teléfono ardiendo en la cabina,
una palmera
en el museo de cera,
un éxodo de oscuras golondrinas.
Y cuando vuelves hay fiesta
en la cocina
y bailes sin orquesta
y ramos de rosas con espinas,
pero dos no es igual que uno más uno
y el lunes al café del desayuno
vuelve la guerra fría
y al cielo de tu boca el purgatorio
y al dormitorio
el pan de cada día.
Pero hay canciones, que antes de ser canciones, son poesía. Que al unirse a su música rozan la perfección al menos por unos minutos. Son esas canciones que quedan en alguna curva de la memoria para siempre. Esta es, para mí, una de ellas.
Y sin embargo (Joaquín Sabina)
De sobras sabes que eres la primera,
que no miento si juro que daría
por ti la vida entera,
por ti la vida entera;
y, sin embargo, un rato, cada día,
ya ves, te engañaría
con cualquiera,
te cambiaría por cualquiera.
Ni tan arrepentido ni encantado
de haberme conocido, lo confieso.
Tú que tanto has besado
tú que me has enseñado,
sabes mejor que yo que hasta los huesos
sólo calan los besos
que no has dado,
los labios del pecado.
Porque una casa sin ti es una emboscada,
el pasillo de un tren de madrugada,
un laberinto
sin luz ni vino tinto,
un velo de alquitrán en la mirada.
Y me envenenan los besos que voy dando
y, sin embargo, cuando
duermo sin ti contigo sueño,
y con todas si duermes a mi lado,
y si te vas me voy por los tejados
como un gato sin dueño
perdido en el pañuelo de amargura
que empaña sin mancharla tu hermosura.
No debería contarlo y, sin embargo,
cuando pido la llave de un hotel
y a media noche encargo
un buen champán francés
y cena con velitas para dos,
siempre es con otra, amor,
nunca contigo,
bien sabes lo que digo.
Porque una casa sin ti es una oficina,
un teléfono ardiendo en la cabina,
una palmera
en el museo de cera,
un éxodo de oscuras golondrinas.
Y cuando vuelves hay fiesta
en la cocina
y bailes sin orquesta
y ramos de rosas con espinas,
pero dos no es igual que uno más uno
y el lunes al café del desayuno
vuelve la guerra fría
y al cielo de tu boca el purgatorio
y al dormitorio
el pan de cada día.
viernes, 26 de febrero de 2010
Una hormiga, un sapo, la palabra
A orillas de un río yacía un pez agonizando. En ese momento por encima de una ramita de sauce lo vio una hormiga que caminaba en busca de alimento. El pez, que alcanzó a reconocerla, con sus últimas fuerzas, boqueando y moviendo la cola, dijo:
-“Ayúdame.”
“-Debes estar confundido, soy hormiga. Mi misión es conseguir alimento para mi comunidad”, replicó la pequeña hormiga, mientras caminaba alrededor del pez y comenzaba a saborearse.
-“Pero puedes salvarme la vida”. Dijo el pez.
-“Tu carne podría salvar miles de vidas de hormigas de mi comunidad”. Contestó la pequeña, con un tono que le daba a la conversación una cachetada de final inexorable.
-“Por favor...” expiró el pez.
Ese fue su último respiro. Quizás la hormiga nunca escuchó esas palabras, las últimas, ya que se alejaba en busca de sus pares para comenzar a ingerir el gran animal.
...........................
Al poco tiempo, nuestra hormiguita se encontraba llevando a su hormiguero un retazo de hoja de un ciruelo. Se notaba en ella el gran esfuerzo que estaba haciendo, puesto que el hormiguero no estaba cerca, y además el peso de su carga era demasiado para ella sola. En ese instante sintió que una de sus patas estaba lastimada. Se detuvo, dejando la verde hoja a su lado. Quiso ir a pedir ayuda, pero sus compañeras estaban muy lejos y casi no podía moverse. Decidió esperar. A los pocos minutos, un sapo, que andaba por el lugar se encontró con la hormiga.
-“Ayúdame.” Dijo la hormiga, recordando con su imperativo a aquél pez que agonizaba en el borde del río.
El sapo, casi a punto de estirar su lengua y cerrar el asunto, se quedó pasmado.
-“¿Porqué habría yo de ayudarte, pequeña? Le contestó el sapo.
-“Podrías salvarme la vida.” Dijo la hormiga, recordando las palabras del pescado.
-“¿Y qué tan importante puede ser tu vida?” Preguntó nuevamente el verde animal.
-“De mi vida dependen miles de vidas recién nacidas, que esperan un bocado antes del anochecer. De mí, como tú bien dijiste querido amigo, depende una cadena de trabajo compuesta por miles de trabajadores como yo. Tú podrías arruinarlo todo con un bocado perfectamente reemplazable.” Exclamó la hormiga.
El sapo recapacitó.
-“Te ayudaré.” Contestó. Y agregó:
-“Sube a mi lomo e indícame el camino más cercano al hormiguero.”
La hormiga, casi arrastrándose, trepó hasta llegar al ancho lomo del que sería su salvador. Y mientras le indicaba el camino, su mirada se perdía en aquel recuerdo del pez que agonizaba. Buscó excusas para alivianar la culpa, pero nada la consoló. Recordaba aquel pez agonizante y sentía vergüenza de sí misma. Sabía que su vida ya no sería la misma luego de tal lección. Sus lágrimas humedecieron por completo el lomo grueso y áspero del sapo.
-“Hemos llegado.” Dijo el sapo, cansado. Se sentó para que la hormiga pudiera pisar tierra nuevamente y luego se despidió. La hormiga sólo miraba cómo los saltos de aquel animal se alejaban, confundiéndose con el verde del monte.
Algunos dicen que la hormiga murió al poco tiempo. Otros que vivió seis años en pena. Del sapo, nunca más se supo nada.
-“Ayúdame.”
“-Debes estar confundido, soy hormiga. Mi misión es conseguir alimento para mi comunidad”, replicó la pequeña hormiga, mientras caminaba alrededor del pez y comenzaba a saborearse.
-“Pero puedes salvarme la vida”. Dijo el pez.
-“Tu carne podría salvar miles de vidas de hormigas de mi comunidad”. Contestó la pequeña, con un tono que le daba a la conversación una cachetada de final inexorable.
-“Por favor...” expiró el pez.
Ese fue su último respiro. Quizás la hormiga nunca escuchó esas palabras, las últimas, ya que se alejaba en busca de sus pares para comenzar a ingerir el gran animal.
...........................
Al poco tiempo, nuestra hormiguita se encontraba llevando a su hormiguero un retazo de hoja de un ciruelo. Se notaba en ella el gran esfuerzo que estaba haciendo, puesto que el hormiguero no estaba cerca, y además el peso de su carga era demasiado para ella sola. En ese instante sintió que una de sus patas estaba lastimada. Se detuvo, dejando la verde hoja a su lado. Quiso ir a pedir ayuda, pero sus compañeras estaban muy lejos y casi no podía moverse. Decidió esperar. A los pocos minutos, un sapo, que andaba por el lugar se encontró con la hormiga.
-“Ayúdame.” Dijo la hormiga, recordando con su imperativo a aquél pez que agonizaba en el borde del río.
El sapo, casi a punto de estirar su lengua y cerrar el asunto, se quedó pasmado.
-“¿Porqué habría yo de ayudarte, pequeña? Le contestó el sapo.
-“Podrías salvarme la vida.” Dijo la hormiga, recordando las palabras del pescado.
-“¿Y qué tan importante puede ser tu vida?” Preguntó nuevamente el verde animal.
-“De mi vida dependen miles de vidas recién nacidas, que esperan un bocado antes del anochecer. De mí, como tú bien dijiste querido amigo, depende una cadena de trabajo compuesta por miles de trabajadores como yo. Tú podrías arruinarlo todo con un bocado perfectamente reemplazable.” Exclamó la hormiga.
El sapo recapacitó.
-“Te ayudaré.” Contestó. Y agregó:
-“Sube a mi lomo e indícame el camino más cercano al hormiguero.”
La hormiga, casi arrastrándose, trepó hasta llegar al ancho lomo del que sería su salvador. Y mientras le indicaba el camino, su mirada se perdía en aquel recuerdo del pez que agonizaba. Buscó excusas para alivianar la culpa, pero nada la consoló. Recordaba aquel pez agonizante y sentía vergüenza de sí misma. Sabía que su vida ya no sería la misma luego de tal lección. Sus lágrimas humedecieron por completo el lomo grueso y áspero del sapo.
-“Hemos llegado.” Dijo el sapo, cansado. Se sentó para que la hormiga pudiera pisar tierra nuevamente y luego se despidió. La hormiga sólo miraba cómo los saltos de aquel animal se alejaban, confundiéndose con el verde del monte.
Algunos dicen que la hormiga murió al poco tiempo. Otros que vivió seis años en pena. Del sapo, nunca más se supo nada.
martes, 23 de febrero de 2010
No es
Si el mundo está oscuro,
no es el mundo oscuro,
son mis ojos.
Si tus manos ya no están,
no es el amor,
es el tiempo.
Un mar no puede vivir
sin viento, sin sal, sin arena.
La flor será piedra
sin luz, sin aire, sin tierra.
El presente es pasado
guardado, clavado
como sombra de sombra
de cuadros interiores.
Es la sangre, no las venas,
Es la huella, no el camino,
Es mi estrella, no el cielo,
Esperar, huir hacia adelante,
Y me pierdo a cada instante.
No es el cielo, ni las venas,
es que ya no puedo amarte.
No es la cama, son los sueños
Es tu boca, no tus besos
No es el vaso, es el veneno
No es la muerte, es vivir muriendo.
no es el mundo oscuro,
son mis ojos.
Si tus manos ya no están,
no es el amor,
es el tiempo.
Un mar no puede vivir
sin viento, sin sal, sin arena.
La flor será piedra
sin luz, sin aire, sin tierra.
El presente es pasado
guardado, clavado
como sombra de sombra
de cuadros interiores.
Es la sangre, no las venas,
Es la huella, no el camino,
Es mi estrella, no el cielo,
Esperar, huir hacia adelante,
Y me pierdo a cada instante.
No es el cielo, ni las venas,
es que ya no puedo amarte.
No es la cama, son los sueños
Es tu boca, no tus besos
No es el vaso, es el veneno
No es la muerte, es vivir muriendo.
sábado, 13 de febrero de 2010
Mi pandilla
Yo tengo una pandilla
Sale de gira a la noche
Mete caño revolver
Y puenteamo` algun coche
Es re heavy en la villa
Si paras con tu moto
Porque te agarró en rojo
Sos carne de cañón
Te volves en dodge
No te hagas el loco
Largá la que tengas
Te dejamo pa´l bondi
Te tiramo` a la pierna
Y cuando fumamo`
Ahí se pone bueno
Con un par de birras
Que te patean el seso
Del otro lado del empedrardo
Está la bandita del gordo “panza”
A ese salame se la tengo jurada
Me mató a mi hermano
Le tiró a mi cuñada
Yo te digo gordo
Ponete ojo en el culo
Un día te agarro
Y no te salva ninguno
En devoto yo estuve
Casi 4 años
Lavando plato
Haciendo de gato
Ahí te hacés hombre
Transas por el pelpa
Si viene tu boga
Te pasa la yerba
Mi vieja me dice
Cuidate Juancho
Si te viera tu padre
Te echa del rancho
Yo tengo una pandilla
Que es muy pesada
No transa con yutas
No compra giladas
El único día que trabajamo`
Es el domingo
Cuando al equipo alentamo`
Ahí pasa el novi y el ferné
Yo voy con el nene
Pa` que vea como es
Si llego a casa medio loco
La Yessi me saca al Jony del hombro
Y ahí voy caminando, algún árbol meo
Si viene una vieja le corto el monedero
Con mi pandilla ponemo` huevo
Si jodés a mi piba te tiro al riachuelo
En esta cueva donde vivo
Nos juntamo` a la tarde
A tomar con el tío
Algún papelito yo me guardo
El sábado pelo, yo lo comparto
Nos mete más pila la vitamina
Si pinta la gorra nos vamo` a la esquina
Yo tengo una pandilla
Sale de gira a la noche
Mete caño revolver
Y puenteamo` algun coche
Es re havy en la villa
Es pesada la villa
Es mi vida de villa
Es re heavy la villa.
Sale de gira a la noche
Mete caño revolver
Y puenteamo` algun coche
Es re heavy en la villa
Si paras con tu moto
Porque te agarró en rojo
Sos carne de cañón
Te volves en dodge
No te hagas el loco
Largá la que tengas
Te dejamo pa´l bondi
Te tiramo` a la pierna
Y cuando fumamo`
Ahí se pone bueno
Con un par de birras
Que te patean el seso
Del otro lado del empedrardo
Está la bandita del gordo “panza”
A ese salame se la tengo jurada
Me mató a mi hermano
Le tiró a mi cuñada
Yo te digo gordo
Ponete ojo en el culo
Un día te agarro
Y no te salva ninguno
En devoto yo estuve
Casi 4 años
Lavando plato
Haciendo de gato
Ahí te hacés hombre
Transas por el pelpa
Si viene tu boga
Te pasa la yerba
Mi vieja me dice
Cuidate Juancho
Si te viera tu padre
Te echa del rancho
Yo tengo una pandilla
Que es muy pesada
No transa con yutas
No compra giladas
El único día que trabajamo`
Es el domingo
Cuando al equipo alentamo`
Ahí pasa el novi y el ferné
Yo voy con el nene
Pa` que vea como es
Si llego a casa medio loco
La Yessi me saca al Jony del hombro
Y ahí voy caminando, algún árbol meo
Si viene una vieja le corto el monedero
Con mi pandilla ponemo` huevo
Si jodés a mi piba te tiro al riachuelo
En esta cueva donde vivo
Nos juntamo` a la tarde
A tomar con el tío
Algún papelito yo me guardo
El sábado pelo, yo lo comparto
Nos mete más pila la vitamina
Si pinta la gorra nos vamo` a la esquina
Yo tengo una pandilla
Sale de gira a la noche
Mete caño revolver
Y puenteamo` algun coche
Es re havy en la villa
Es pesada la villa
Es mi vida de villa
Es re heavy la villa.
Antes de abril
Te di mi corazón
y lo hiciste polvo
y ese polvo luego
me rompió la nariz
como un aprendiz
jugue con tu fuego
quiero mirar adelante
algo bueno vendrá
si te olvido, si te dejo ir
sólo si te olvido
antes de abril
te di mi corazón
y lo hiciste polvo
y ese polvo luego
me rompió la nariz
y lo hiciste polvo
y ese polvo luego
me rompió la nariz
como un aprendiz
jugue con tu fuego
quiero mirar adelante
algo bueno vendrá
si te olvido, si te dejo ir
sólo si te olvido
antes de abril
te di mi corazón
y lo hiciste polvo
y ese polvo luego
me rompió la nariz
Prefiero hoy
No siempre hay luz
cuando brilla el sol...
Y las nubes oscuras
van y vienen...
Desconfío del que todo lo tiene,
del que elige un camino
y no lo echa a suerte.
Prefiero andar perdido
que estar parado,
mirar los trenes
a fotos del pasado.
Prefiero hoy, prefiero hoy...
Hay días so down
que mejor dejarlos pasar.
Hay días que encandilan,
días que vienen y van.
Nunca espero,
yo salgo a buscar,
no corro descalzo
pero sigo igual.
En cada esquina
una flor me espera,
porque en cada espina
un amor se entrega.
Prefiero hoy, prefiero hoy...
Elijo hoy, elijo hoy...
cuando brilla el sol...
Y las nubes oscuras
van y vienen...
Desconfío del que todo lo tiene,
del que elige un camino
y no lo echa a suerte.
Prefiero andar perdido
que estar parado,
mirar los trenes
a fotos del pasado.
Prefiero hoy, prefiero hoy...
Hay días so down
que mejor dejarlos pasar.
Hay días que encandilan,
días que vienen y van.
Nunca espero,
yo salgo a buscar,
no corro descalzo
pero sigo igual.
En cada esquina
una flor me espera,
porque en cada espina
un amor se entrega.
Prefiero hoy, prefiero hoy...
Elijo hoy, elijo hoy...
Quiero ver
Quiero ver…
Quiero salir a ver el sol…
Ya nada me detendrá
Nada será como ayer
En un puño el viento guardaré
Mi puñal cortará morales
La sombra de mi corazón me cuidará
Un grito a todos ha de callar
Y todo será azul
Los niños siempre niños serán
Las putas reinarán
Los locos dirán toda su verdad
Los sueños serán la realidad
Quiero ver…
Quiero salir a ver el sol…
Otoños ya no vendrán
Seré tu voz
Y seremos libertad
Quiero ver…
Quiero entrar a ver el sol…
Seré la voz
Que hay en mí…
Que hay en vos…
Quiero salir a ver el sol…
Ya nada me detendrá
Nada será como ayer
En un puño el viento guardaré
Mi puñal cortará morales
La sombra de mi corazón me cuidará
Un grito a todos ha de callar
Y todo será azul
Los niños siempre niños serán
Las putas reinarán
Los locos dirán toda su verdad
Los sueños serán la realidad
Quiero ver…
Quiero salir a ver el sol…
Otoños ya no vendrán
Seré tu voz
Y seremos libertad
Quiero ver…
Quiero entrar a ver el sol…
Seré la voz
Que hay en mí…
Que hay en vos…
miércoles, 18 de noviembre de 2009
sábado, 29 de agosto de 2009
Perder y ganar
Hubo un día en el que perder fue ganar. La paradoja que les cuento se dio internamente como una complementariedad de sus dos caras. Ganar era lo que buscaba, perder fue lo que ocurrió. Sin embargo, al fin de cuentas, lo que perdí de ganar fue lo que hubiera resultado perder verdaderamente. Para ser honesto, la posibilidad de la derrota no la había considerado en un principio, porque ganando o perdiendo, de alguna forma algo ganaba. Entonces me conformé con probarme que podía ganar.Pero perdí. Y gané.No es contradictorio si pensamos que lo que yo creía que hubiera sido ganar era realmente perder redondamente. Por eso creo que haber perdido significó ganar en algún sentido. Ganar es una forma de entender la vida, de pararse frente al mundo. Perder es la decepción ante el fracaso de situaciones probatorias en el sentido de la competencia social. Precisamente es esta puesta a prueba en relación a los demás lo que nos hace perder, pero perder verdaderamente. Y acá la pérdida es doble: por un lado perdemos para los demás (primera condena hacia el perdedor); y por otro lado perdemos para nosotros mismos.La competencia actual es constante, es una batalla que no descansa, no permite rendición sin considerarla en sí misma un verdadero acto de “antisociabilidad”. Porque vivir en sociedad hoy es competir en sociedad, vivimos probándonos, perdiendo y ganando. Y aquí y ahora podría introducir otro factor inalienable y fundamental dentro de la competencia actual: el dinero. El dinero ha sido endiosado de tal forma que hasta sangre cuesta, es el fetiche por excelencia. La batalla social gira en torno al papel legal, como si nos sumara minutos de vida, de verdadera vida. No me interesa describir la exagerada y estúpida importancia del papel moneda en lo más mínimo, doy por supuesto que quien lee estas líneas sabe lo que el dinero significa hoy día. Quien se rinde, quien abandona la competencia por el papel legal para dedicarse al verdadero arte, a pensar, a sentir la vida verdadera de la única forma posible, es considerado un ser humano que eligió el camino de la derrota y por ende el de la condena como si fuera ésta un sistema de autoflagelación asistida. Ser “antisocial”, ser perdedor para los demás, pararse fuera del tablero tiene su precio, su guillotina en estado de alerta. Almas listas para propinarnos el peor de los castigos hay a montones, hasta nuestros seres más amados, y quienes jamás nos harían un daño conciente son capaces de cortarnos el cuello de nuestra esperanza simplemente por mear fuera del tarro capitalista, inhumano, animal, salvaje.Este sistema ha invertido los valores y sentidos y los ha llevado a un punto en donde el regreso a viejas tradiciones, a antiguas formas de interpretar la realidad, de simbolizar el mundo objetivo, es casi utópico. Las transformaciones lentas y no tan lentas, impuestas y luego internalizadas por todos que se han dado a lo largo de la historia humana nos han arrastrado hasta nuestro propio estiércol. Ya no se tratará, lamentablemente, de revoluciones que busquen un cambio sólo en el modo de producción, o de quién detenta el poder. Ganar y resignificar la vida misma hoy en día sería factible sólo a partir de la destrucción total de la vida misma. Extraña paradoja, si se quiere. Un verdadero punto de partida sólo sería posible pensarlo desde la destrucción física del planeta con todos los preceptos lamentables que él conlleva. ¿Deberíamos esperar que Dios reparta las cartas de nuevo, con nuevas reglas de juego, sin manzanas del pecado, sin luchas por el poder, sin religiones, sin el deseo natural del sexo, sin armas, ni factores psicológicos que simpaticen con la tentación? No, no creo que eso sea suficiente. Dios no lo había pensado así. Y sin embargo acá estamos, de esta forma. Perdón: ¿Dios sabía lo que vendría? ¿Y si lo sabía, por qué nos creó, para qué?Como les decía, perder fue ganar. Esa tarde, cuando ya exhausto de idas y venidas, de filas y colas interminables, me dijeron que mi perfil “no era el requerido por la empresa”, entendí que había ganado. Hoy, gracias a mi perfil poco solicitado soy completamente libre, sin cadenas hechas con corbatas de acero ni barrotes oficinísticos, sin sueldo, salario ni remuneración. La selva gris siempre guarda restos para mí, he aprendido a apreciar el arte, el amor, la dicha de sentirme diferente. Aprendí a entender la Muerte como un pasaje Divino y del cual nadie debe escapar o temer. Mi barba blanca, mis pies sucios, mis manos ajadas, mi mirada firme me acompañan y me dan fe.Ese día gané. Ese día fue el día más importante de mi vida. No fue patear el tablero, fue mucho más que eso, fue quemarlo y construir uno nuevo, pensado por y para mí. El costo fue muy alto, lo sé, pero nada importante se logra sin pagar cierto precio. El destino no está escrito, y si lo está uno tiene la posibilidad, quizás la obligación, de transformarlo desde una resignificación puramente propia.Hoy paso mis días de vagabundo riéndome de la gente y sus sueños hechos con el cartón más barato.Usted, lector accidental de mi camino, ¿de qué juega en su tablero social? ¿De peón o de Rey?
martes, 25 de agosto de 2009
De cada uno
Todo depende de cada uno.
¿Cuánto hay de cierto en esta afirmación? Para no embarcarnos en la tediosa tarea de hablar del destino, prefijado o no, optaremos por pensar que uno nace animal, lo socializan, se auto-socializa también -¡cuántas veces a la fuerza!-, se arma, aprehende el mundo a lo largo del camino, y en el camino termina por hacerse sujeto, humano social.
Podríamos aceptar y fundamentar que muy pocas cosas dependen de cada uno. Que en la ruleta de todas las escalas a uno le toca su lugar y, salvo contadas excepciones, desde la cuna hasta el hueco final, el camino se mantiene único e inalterable. Es importante resaltar que para esta postura, las excepciones no son más que eso: excepciones (contemos los maradonas del mundo y serán golondrinas sin veranos). Y que para poder hablar en términos generales, no es posible tenerlas en cuenta para pensar cuánto depende de cada uno torcer un camino bravo o mantener uno de rosas sin espinas.
Por otro lado podríamos afirmar lo contrario: con esfuerzo se llega, o que el punto de partida es el mismo para todos y lo que a uno le toque en el camino dependerá de sus elecciones y decisiones, y que las consecuencias serán el resultado de los errores y aciertos.
Aquí aparece una tercera postura: Hay un poco de ambas, la fortuna también tiene su peso.
Hablando de lo material, la primera postura dirá lo siguiente: “Se nos plantea que el esfuerzo de cada uno dará sus frutos en algún momento, sin embargo esta pseudo-verdad, que compramos casi ciegamente, no hace más que ocultar el verdadero meollo de la cuestión”. Entiéndase: Por mucho esfuerzo que le ponga uno a ascender en la escala social, los lugares están ya repartidos, las cartas están ya en la mesa, y quien tenga las mejores barajas luchará por mantenerlas de manera conciente e inconsciente haciendo sentir su peso sobre las demás. Es más, aceptamos quienes tenemos los cuatro de copas no tener un lugar mejor en esa escala, culpándonos de no ser mejores personas, mereciéndonos lo que tenemos y endiosando al que tiene más por ser supuestamente “más competitivo”.
Los que creen que el esfuerzo empecinado a la larga los llevará al éxito que cada uno de ellos se proponga, podrán decir: “Nada de lugares inaccesibles, de metas inalcanzables, si usted se propone algo y se prepara mejor que los demás para obtenerlo, será casi imposible que las piedras del camino sean lo suficientemente grandes como para derribar sus sueños”.
El mundo de hoy, es cierto, está así planteado, los que tienen y los que no tienen, los que están adentro y los que están afuera. Replantearnos los sueños es un punto de partida obligatorio para al menos intentar explorar porqué tanta insatisfacción y fracasos en la sociedad actual.
Pero retomemos la idea primera: ¿Todo depende de cada uno?
Desnudemos la pregunta. ¿Qué es todo? ¿Qué es cada uno? Y el lazo que une el todo y cada uno: ¿Qué debemos hacer si es que hay que hacer algo? Pareciera fácil afirmar que hoy ese todo se refiere a bienes materiales, que la apropiación por la apropiación en sí configura un motor sangriento que sólo conduce a una vida vacía de sentido real. ¿Y qué es cada uno? Cada uno es ese pequeño lugar que ocupa en el mundo, su puesto en la cadena de producción, su fuerza práctica más allá de sus pensamientos críticos. Todo esto viene a darle una explicación actual de lo que cada uno es, con las consecuencias nefastas que esto supone. ¿Qué hay de lo que uno debe hacer? Poco queda por decir respecto a esto. El espacio que el sistema deja para torcer verdades aceptadas por todos es casi nulo, el margen que queda para llevar a la práctica lo que en el fondo cada uno piensa de sí y para sí es molido a palos –en hechos o potencialmente-por quienes ven en este margen un peligro de liberación de oprimidos. Oprimidos que además llevan al opresor bien adentro, como inteligentemente afirma el pensador brasileño Paulo Freire.
Entonces, ¿cuál es el debate? ¿Cuál debería ser el debate? Yo veo que los debates se quedan a mitad de camino, la mayoría por teorizar demasiado y no poder bajar a tierra ideas que se quedan en una nebulosa de palabritas lindas, otros no sólo por lo anterior, sino por alimentar lo que critican creyendo que las críticas de manual dan herramientas para la superación personal. Porque no está mal la crítica al fetichismo material, siempre y cuando eso no se convierta en una vía de escape para la imposibilidad de la mayoría de acumular materia. O lo que es igual o peor, utilizarlo como excusa para la destrucción de lo ajeno. Criadero de resentidos.
No.
El debate debería ser anterior, y aquí me paro: Deberíamos darle a lo material el lugar que merece, el de lo que llamo lo “simple-material”. El debate debería estar planteado en un nivel superior y anterior. Es decir, ¿Cómo logramos que la sociedad entera encuentre satisfacción y sentido a su vida sin que lo material juegue un papel determinante dentro de ella? ¿De qué manera el consumo a ciegas puede ser reemplazado por una concepción del mismo como algo funcional y temporal de simples necesidades físicas? ¿Cómo logramos que esas escalas de las que hablábamos al comienzo no sean definidas por el “estar adentro o afuera”, “tener o no tener”? ¿Son el egoísmo, la ambición y el poder, cualidades naturales de la raza humana? ¿Cuánto contribuye la educación familiar y escolar entre otras a allanarle el camino a este círculo vicioso y pernicioso? ¿Cómo convencemos al mundo de que otra realidad es posible? ¿Con qué argumentos convencemos al opresor de que no necesita oprimir para realizarse como ser humano? ¿Cómo hacemos para que los oprimidos dejen de luchar por lo que nunca serán y tendrán creyendo que es posible el salto a un lugar que creen mejor?
Entonces ¿depende todo de cada uno? Creo que sí, en la medida en que las metas sean alteradas; que si uno respeta y ve a los demás como “iguales diferentes” y el porvenir de algunos no signifique la pena de otros, es perfectamente lícito pensar que todo depende de cada uno. Mientras la lucha cotidiana sea por obtener algo que de por sí es escaso, estaremos hablando de opresores y oprimidos, adentros y afueras. Tomar conciencia de cuán perdidos nos encontramos en el laberinto que creamos y alimentamos, ocupemos el lugar que ocupemos en la sociedad, es el primer paso para asomar la cabeza y encontrar la salida por sobre los gigantescos muros de hierro.
¿Cuánto hay de cierto en esta afirmación? Para no embarcarnos en la tediosa tarea de hablar del destino, prefijado o no, optaremos por pensar que uno nace animal, lo socializan, se auto-socializa también -¡cuántas veces a la fuerza!-, se arma, aprehende el mundo a lo largo del camino, y en el camino termina por hacerse sujeto, humano social.
Podríamos aceptar y fundamentar que muy pocas cosas dependen de cada uno. Que en la ruleta de todas las escalas a uno le toca su lugar y, salvo contadas excepciones, desde la cuna hasta el hueco final, el camino se mantiene único e inalterable. Es importante resaltar que para esta postura, las excepciones no son más que eso: excepciones (contemos los maradonas del mundo y serán golondrinas sin veranos). Y que para poder hablar en términos generales, no es posible tenerlas en cuenta para pensar cuánto depende de cada uno torcer un camino bravo o mantener uno de rosas sin espinas.
Por otro lado podríamos afirmar lo contrario: con esfuerzo se llega, o que el punto de partida es el mismo para todos y lo que a uno le toque en el camino dependerá de sus elecciones y decisiones, y que las consecuencias serán el resultado de los errores y aciertos.
Aquí aparece una tercera postura: Hay un poco de ambas, la fortuna también tiene su peso.
Hablando de lo material, la primera postura dirá lo siguiente: “Se nos plantea que el esfuerzo de cada uno dará sus frutos en algún momento, sin embargo esta pseudo-verdad, que compramos casi ciegamente, no hace más que ocultar el verdadero meollo de la cuestión”. Entiéndase: Por mucho esfuerzo que le ponga uno a ascender en la escala social, los lugares están ya repartidos, las cartas están ya en la mesa, y quien tenga las mejores barajas luchará por mantenerlas de manera conciente e inconsciente haciendo sentir su peso sobre las demás. Es más, aceptamos quienes tenemos los cuatro de copas no tener un lugar mejor en esa escala, culpándonos de no ser mejores personas, mereciéndonos lo que tenemos y endiosando al que tiene más por ser supuestamente “más competitivo”.
Los que creen que el esfuerzo empecinado a la larga los llevará al éxito que cada uno de ellos se proponga, podrán decir: “Nada de lugares inaccesibles, de metas inalcanzables, si usted se propone algo y se prepara mejor que los demás para obtenerlo, será casi imposible que las piedras del camino sean lo suficientemente grandes como para derribar sus sueños”.
El mundo de hoy, es cierto, está así planteado, los que tienen y los que no tienen, los que están adentro y los que están afuera. Replantearnos los sueños es un punto de partida obligatorio para al menos intentar explorar porqué tanta insatisfacción y fracasos en la sociedad actual.
Pero retomemos la idea primera: ¿Todo depende de cada uno?
Desnudemos la pregunta. ¿Qué es todo? ¿Qué es cada uno? Y el lazo que une el todo y cada uno: ¿Qué debemos hacer si es que hay que hacer algo? Pareciera fácil afirmar que hoy ese todo se refiere a bienes materiales, que la apropiación por la apropiación en sí configura un motor sangriento que sólo conduce a una vida vacía de sentido real. ¿Y qué es cada uno? Cada uno es ese pequeño lugar que ocupa en el mundo, su puesto en la cadena de producción, su fuerza práctica más allá de sus pensamientos críticos. Todo esto viene a darle una explicación actual de lo que cada uno es, con las consecuencias nefastas que esto supone. ¿Qué hay de lo que uno debe hacer? Poco queda por decir respecto a esto. El espacio que el sistema deja para torcer verdades aceptadas por todos es casi nulo, el margen que queda para llevar a la práctica lo que en el fondo cada uno piensa de sí y para sí es molido a palos –en hechos o potencialmente-por quienes ven en este margen un peligro de liberación de oprimidos. Oprimidos que además llevan al opresor bien adentro, como inteligentemente afirma el pensador brasileño Paulo Freire.
Entonces, ¿cuál es el debate? ¿Cuál debería ser el debate? Yo veo que los debates se quedan a mitad de camino, la mayoría por teorizar demasiado y no poder bajar a tierra ideas que se quedan en una nebulosa de palabritas lindas, otros no sólo por lo anterior, sino por alimentar lo que critican creyendo que las críticas de manual dan herramientas para la superación personal. Porque no está mal la crítica al fetichismo material, siempre y cuando eso no se convierta en una vía de escape para la imposibilidad de la mayoría de acumular materia. O lo que es igual o peor, utilizarlo como excusa para la destrucción de lo ajeno. Criadero de resentidos.
No.
El debate debería ser anterior, y aquí me paro: Deberíamos darle a lo material el lugar que merece, el de lo que llamo lo “simple-material”. El debate debería estar planteado en un nivel superior y anterior. Es decir, ¿Cómo logramos que la sociedad entera encuentre satisfacción y sentido a su vida sin que lo material juegue un papel determinante dentro de ella? ¿De qué manera el consumo a ciegas puede ser reemplazado por una concepción del mismo como algo funcional y temporal de simples necesidades físicas? ¿Cómo logramos que esas escalas de las que hablábamos al comienzo no sean definidas por el “estar adentro o afuera”, “tener o no tener”? ¿Son el egoísmo, la ambición y el poder, cualidades naturales de la raza humana? ¿Cuánto contribuye la educación familiar y escolar entre otras a allanarle el camino a este círculo vicioso y pernicioso? ¿Cómo convencemos al mundo de que otra realidad es posible? ¿Con qué argumentos convencemos al opresor de que no necesita oprimir para realizarse como ser humano? ¿Cómo hacemos para que los oprimidos dejen de luchar por lo que nunca serán y tendrán creyendo que es posible el salto a un lugar que creen mejor?
Entonces ¿depende todo de cada uno? Creo que sí, en la medida en que las metas sean alteradas; que si uno respeta y ve a los demás como “iguales diferentes” y el porvenir de algunos no signifique la pena de otros, es perfectamente lícito pensar que todo depende de cada uno. Mientras la lucha cotidiana sea por obtener algo que de por sí es escaso, estaremos hablando de opresores y oprimidos, adentros y afueras. Tomar conciencia de cuán perdidos nos encontramos en el laberinto que creamos y alimentamos, ocupemos el lugar que ocupemos en la sociedad, es el primer paso para asomar la cabeza y encontrar la salida por sobre los gigantescos muros de hierro.
sábado, 8 de agosto de 2009
El ojo del culo
El mundo se nos presenta ante los sentidos y de él percibimos lo palpable, aquello que vemos, olemos, saboreamos, etcétera. La vida misma “es” los sentidos, si se me permite por ahora una postura a priori materialista. No hablaré por el momento de ideología o religión, lo cual no tiene que ver con ninguna postura personal, sino con un recorte necesario –caprichoso si se quiere- para limitar el tema.
Los sentidos son medium, como una ventana a lo concreto, son estímulos, recuerdos, percepciones, son comunicación.
Veo un perro, lo registro en la mente con un imagen y lo expreso como p-e-r-r-o, sin ligazón natural entre los fonemas y el perro material (animal de cuatro patas, ladra, peludo, etcétera). Sólo une estas cinco letras al can la convención lingüística para nombrar a las cosas de alguna manera. Pura arbitrariedad, puro contrato tácito, puro lenguaje materno, pura cultura. Es extenso el tema, y no viene al caso. Será suficiente con que quede claro que por un lado se encuentra lo material (el perro vivito y coleando) y por otro lado lo abstracto (la idea que me permite definir a un perro cada vez que se me aparece uno, o cuando lo recuerdo, o simplemente cuando oigo un ladrido o huelo el característico olor a perro mojado).
Huelo budín en mi casa de la infancia, es domingo, llueve, jugamos con témperas. Veinte años más tarde caminando por la calle cruzo una casa y por la ventana se huele aquél aroma a budín que no había vuelto a percibir desde niño. Automáticamente el cerebro activa alguna cisura que me recuerda aquel domingo, aquella lluvia, aquellas témperas, y por supuesto personas, paredes, etcétera. Un momento pasado que parecía completamente borrado se hace presente a causa del aroma actual. El cerebro lo asocia al primero que pasó hace décadas.
Objetos, sabores, olores, texturas. Todo simbolizado por el cerebro, por distintas reacciones químicas, hormonales, de sinapsis, de jugos que se combinan, asociaciones velocísimas, reacciones implacables, biológicas. Otros podrán relativizar esta postura biologicista y condimentarla con explicaciones –si se me permite el término- más “románticas”. Pero esa es otra historia.
Parto de la siguiente pregunta inicial para pasar luego al meollo del tema: ¿Cómo reaccionamos y cómo simbolizamos aquello que no podemos poner en palabras? ¿Qué nos dice el cuerpo cuando nos quedamos sin expresión inmediata? ¿Qué puerta de escape le damos a los traumas, a lo no decible? ¿Cómo hacemos visible lo invisible? ¿Cómo nombramos lo que para la cultura es innombrable? ¿Qué pasa con toda aquella experiencia que aún encontrando su lugar en el cerebro, no logra ubicarse en la potencialidad de los futuros recuerdos?
En fin: ¿Cómo representamos el fantasma que nos causa la ausencia de palabras?
Hasta aquí al menos dos cuestiones: Por un lado la percepción a través de los sentidos del mundo material y su simbolización no solo en palabras sino en expresiones no decibles.
Y a partir de lo anterior: Asumiendo que determinados eventos escapan a la posibilidad de la simbolización en palabras, debemos desafiar ese fantasma que nos causa la ausencia de palabras.
Un tema que se desprendería de los anteriores sería qué sucede con ciertas experiencias que no se convierten en potenciales recuerdos. ¿Acaso hay una selección de recuerdos? –hecho que descarto-. En cuyo caso, ¿cuál es el criterio de selección? ¿el del subconsciente? No lo creo. Más bien lo atribuyo a la ausencia de un “signo vinculante” fuerte. Con signo vinculante quiero decir, en el caso del budín, el aroma, y no el sabor, por ejemplo.
“Vamos por la calle, distraídos. Cruzamos la calle sin mirar. Un auto nos pasa a centímetros a alta velocidad. Nos quedamos paralizados, mudos, temblando.”
“Terminamos de dar medio giro a la llave de arranque del auto. De repente un desconocido nos pone un arma en la cabeza, nos da órdenes, nos golpea. Se nos nubla la vista, nos tiemblan las piernas. El ladrón nos gatilla el arma, la bala nunca sale. Nada puede explicar ni transmitir ese sentimiento de sentirse fusilado.”
Sólo dos ejemplos. Entonces repito la pregunta a la que quiero llegar: ¿Cómo representamos el fantasma que nos causa la ausencia de palabras?
Y aquí lo paradójico del caso: Sólo podremos ver al fantasma cubriéndolo con un manto. Ese manto, que también resulta invisible, solo es palpable para ciertos privilegiados que poseen un sexto sentido, al cual he decidido llamar “el ojo del culo”.
Continuará
Los sentidos son medium, como una ventana a lo concreto, son estímulos, recuerdos, percepciones, son comunicación.
Veo un perro, lo registro en la mente con un imagen y lo expreso como p-e-r-r-o, sin ligazón natural entre los fonemas y el perro material (animal de cuatro patas, ladra, peludo, etcétera). Sólo une estas cinco letras al can la convención lingüística para nombrar a las cosas de alguna manera. Pura arbitrariedad, puro contrato tácito, puro lenguaje materno, pura cultura. Es extenso el tema, y no viene al caso. Será suficiente con que quede claro que por un lado se encuentra lo material (el perro vivito y coleando) y por otro lado lo abstracto (la idea que me permite definir a un perro cada vez que se me aparece uno, o cuando lo recuerdo, o simplemente cuando oigo un ladrido o huelo el característico olor a perro mojado).
Huelo budín en mi casa de la infancia, es domingo, llueve, jugamos con témperas. Veinte años más tarde caminando por la calle cruzo una casa y por la ventana se huele aquél aroma a budín que no había vuelto a percibir desde niño. Automáticamente el cerebro activa alguna cisura que me recuerda aquel domingo, aquella lluvia, aquellas témperas, y por supuesto personas, paredes, etcétera. Un momento pasado que parecía completamente borrado se hace presente a causa del aroma actual. El cerebro lo asocia al primero que pasó hace décadas.
Objetos, sabores, olores, texturas. Todo simbolizado por el cerebro, por distintas reacciones químicas, hormonales, de sinapsis, de jugos que se combinan, asociaciones velocísimas, reacciones implacables, biológicas. Otros podrán relativizar esta postura biologicista y condimentarla con explicaciones –si se me permite el término- más “románticas”. Pero esa es otra historia.
Parto de la siguiente pregunta inicial para pasar luego al meollo del tema: ¿Cómo reaccionamos y cómo simbolizamos aquello que no podemos poner en palabras? ¿Qué nos dice el cuerpo cuando nos quedamos sin expresión inmediata? ¿Qué puerta de escape le damos a los traumas, a lo no decible? ¿Cómo hacemos visible lo invisible? ¿Cómo nombramos lo que para la cultura es innombrable? ¿Qué pasa con toda aquella experiencia que aún encontrando su lugar en el cerebro, no logra ubicarse en la potencialidad de los futuros recuerdos?
En fin: ¿Cómo representamos el fantasma que nos causa la ausencia de palabras?
Hasta aquí al menos dos cuestiones: Por un lado la percepción a través de los sentidos del mundo material y su simbolización no solo en palabras sino en expresiones no decibles.
Y a partir de lo anterior: Asumiendo que determinados eventos escapan a la posibilidad de la simbolización en palabras, debemos desafiar ese fantasma que nos causa la ausencia de palabras.
Un tema que se desprendería de los anteriores sería qué sucede con ciertas experiencias que no se convierten en potenciales recuerdos. ¿Acaso hay una selección de recuerdos? –hecho que descarto-. En cuyo caso, ¿cuál es el criterio de selección? ¿el del subconsciente? No lo creo. Más bien lo atribuyo a la ausencia de un “signo vinculante” fuerte. Con signo vinculante quiero decir, en el caso del budín, el aroma, y no el sabor, por ejemplo.
“Vamos por la calle, distraídos. Cruzamos la calle sin mirar. Un auto nos pasa a centímetros a alta velocidad. Nos quedamos paralizados, mudos, temblando.”
“Terminamos de dar medio giro a la llave de arranque del auto. De repente un desconocido nos pone un arma en la cabeza, nos da órdenes, nos golpea. Se nos nubla la vista, nos tiemblan las piernas. El ladrón nos gatilla el arma, la bala nunca sale. Nada puede explicar ni transmitir ese sentimiento de sentirse fusilado.”
Sólo dos ejemplos. Entonces repito la pregunta a la que quiero llegar: ¿Cómo representamos el fantasma que nos causa la ausencia de palabras?
Y aquí lo paradójico del caso: Sólo podremos ver al fantasma cubriéndolo con un manto. Ese manto, que también resulta invisible, solo es palpable para ciertos privilegiados que poseen un sexto sentido, al cual he decidido llamar “el ojo del culo”.
Continuará
miércoles, 29 de julio de 2009
sábado, 25 de julio de 2009
Definamos
Definamos verdad,
Definamos soledad,
Definamos libertad,
Definamos amor,
Definamos olvido,
Definamos muerte,
Definamos pasión,
Definamos amistad,
Definamos mentira,
Definamos felicidad,
Definamos engaño,
Definamos locura,
Definamos eternidad,
Definamos prohibido,
Definamos maldad,
Deinamos oscuridad,
Definamos nunca más,
Definamos dolor,
Definamos injusticia,
Definamos igualdad,
Definamos correcto,
Definamos infierno.
Corrijamos.
Definamos soledad,
Definamos libertad,
Definamos amor,
Definamos olvido,
Definamos muerte,
Definamos pasión,
Definamos amistad,
Definamos mentira,
Definamos felicidad,
Definamos engaño,
Definamos locura,
Definamos eternidad,
Definamos prohibido,
Definamos maldad,
Deinamos oscuridad,
Definamos nunca más,
Definamos dolor,
Definamos injusticia,
Definamos igualdad,
Definamos correcto,
Definamos infierno.
Corrijamos.
El debate anterior
Todo se resume en un ebate ético, sin partidos, sin ideologías, sin fanatismos. El debate, si me permiten, es anterior, filosófico. Toda opinión posterior se quedará a mitad de camino, inacabada, demasiado relativa. Definamos lo ético. Diferenciemos luego lo ético de lo que no lo es. Y a partir de allí decidamos el modelo de sociedad que queremos. No hay otra manera de conseguir una sociedad más justa.
Todo pasa
Todo pasa, todo pasa,
No sólo los trenes pasan,
La vida también pasa.
Pasa el dolor, pasa el amor.
¿Qué pasa en tu mirada hoy?
Todo pasa, corazón,
Mi piel y el tempo pasan.
Las ilusiones, los besos, las sonrisas,
La fuerza, el viento, el cielo,
La luna pasa...
Todo pasa, todo pasa.
Los aviones por afuera,
Las penas por dentro pasan.
Pasan los carteles, las estrellas.
¿Qué pasa hoy en tus ojos?
Todo pasa corazón, lo que queda pasa.
El humo del recuerdo.
Las ausencias pasan,
Los colores pasan,
Todo pasa, todo pasa...
No sólo los trenes pasan,
La vida también pasa.
Pasa el dolor, pasa el amor.
¿Qué pasa en tu mirada hoy?
Todo pasa, corazón,
Mi piel y el tempo pasan.
Las ilusiones, los besos, las sonrisas,
La fuerza, el viento, el cielo,
La luna pasa...
Todo pasa, todo pasa.
Los aviones por afuera,
Las penas por dentro pasan.
Pasan los carteles, las estrellas.
¿Qué pasa hoy en tus ojos?
Todo pasa corazón, lo que queda pasa.
El humo del recuerdo.
Las ausencias pasan,
Los colores pasan,
Todo pasa, todo pasa...
jueves, 23 de julio de 2009
Sobre escritura y escritores
Por Roland Barthes, extraído de "El placer del texto" 1977.
"...Pero a nosotros, que no somos ni caballeros de la fe ni superhombres, sólo nos resta, si puedo así decirlo, hacer tampas con la lengua, hacerle trampas a la lengua. A esta fullería saludable, a esta esquiva y magnífica engañifa que permite escuchar a la lengua fuera del poder, en el esplendor de una revolución permanente del lenguaje, por mi parte yo la llamo `literatura´."
"...La literatura es la práctica de escribir, y es dentro de la lengua donde la lengua debe ser combatida, descarriada. Las fuerzas de libertad que se hallan en la literatura no dependen de la persona civil, del compromiso político del escritor, que después de todo no es más que un "señor" entre otros, sino del trabajo de desplazamiento que ejerce sobre la lengua."
"...La literatura permite, por un lado, designar unos saberes posibles -insospechados, incumplidos-: la literatura trabaja en los itersticios de la ciencia, siempre retrasada o adelantada con respecto a ella, semejante a la piedra de Bolonia, que irradia por la noche lo que ha almacenado durante el día, y mediante este fulgor indirecto ilumina al nuevo día que llega. La ciencia es basta, la vida es sutil, y para corregir esta distancia es que nos interesa la literatura."
"...Curnoski decía que en materia de cocina es preciso que "las cosas tengan el sabor de lo que son". En el orden del saber, para que las cosas se conviertan en lo que son, lo que han sido, hace falta este ingrediente: la sal de las palabras."
"...A través de un libro que leí hace poco en el cual se trataba una enfermedad que conozco muy bien como es la tuberculosis, descubrí que si quiero vivir debo olvidar que mi cuerpo es histórico, debo arrojarme en la ilusión de que soy contemporáneo de los jóvenes cuerpos presentes y no de mi propio cuerpo, pasado. Tengo que renacer, hacerme más jóven de lo que soy. Hay momentos de la vida en los que entramos en nuevas vidas -vita nuova-: nueva obra, nuevo amor. Intento pues dejarme llevar por la fuerza de toda vida viviente: el olvido."
"...Pero a nosotros, que no somos ni caballeros de la fe ni superhombres, sólo nos resta, si puedo así decirlo, hacer tampas con la lengua, hacerle trampas a la lengua. A esta fullería saludable, a esta esquiva y magnífica engañifa que permite escuchar a la lengua fuera del poder, en el esplendor de una revolución permanente del lenguaje, por mi parte yo la llamo `literatura´."
"...La literatura es la práctica de escribir, y es dentro de la lengua donde la lengua debe ser combatida, descarriada. Las fuerzas de libertad que se hallan en la literatura no dependen de la persona civil, del compromiso político del escritor, que después de todo no es más que un "señor" entre otros, sino del trabajo de desplazamiento que ejerce sobre la lengua."
"...La literatura permite, por un lado, designar unos saberes posibles -insospechados, incumplidos-: la literatura trabaja en los itersticios de la ciencia, siempre retrasada o adelantada con respecto a ella, semejante a la piedra de Bolonia, que irradia por la noche lo que ha almacenado durante el día, y mediante este fulgor indirecto ilumina al nuevo día que llega. La ciencia es basta, la vida es sutil, y para corregir esta distancia es que nos interesa la literatura."
"...Curnoski decía que en materia de cocina es preciso que "las cosas tengan el sabor de lo que son". En el orden del saber, para que las cosas se conviertan en lo que son, lo que han sido, hace falta este ingrediente: la sal de las palabras."
"...A través de un libro que leí hace poco en el cual se trataba una enfermedad que conozco muy bien como es la tuberculosis, descubrí que si quiero vivir debo olvidar que mi cuerpo es histórico, debo arrojarme en la ilusión de que soy contemporáneo de los jóvenes cuerpos presentes y no de mi propio cuerpo, pasado. Tengo que renacer, hacerme más jóven de lo que soy. Hay momentos de la vida en los que entramos en nuevas vidas -vita nuova-: nueva obra, nuevo amor. Intento pues dejarme llevar por la fuerza de toda vida viviente: el olvido."
jueves, 28 de mayo de 2009
domingo, 8 de febrero de 2009
La mucha luz es como la mucha sombra: no deja ver*
(segunda edición en este blog)
El uso de los alucinógenos puede equipararse a las prácticas ascéticas: son medios predominantemente físicos y fisiológicos para provocar la iluminación espiritual. En la esfera de la imaginación son el equivalente de lo que son el ascetismo para los sentidos y los ejercicios de meditación para el entendimiento. Para ser eficaz el empleo de las sustancias alucinógenas ha de insertarse en una visión del mundo y del trasmundo, una escatología, una teología y un ritual. Las drogas son parte de una disciplina física y espiritual, como las prácticas ascéticas.
Las drogas no son fines sino medios. Si el medio se vuelve fin, se convierte en agente de destrucción. El resultado no es la liberación interior sino la esclavitud, la locura y no la sabiduría, la degradación y no la visión. Esto es lo que ha ocurrido en los últimos años. Las drogas alucinógenas se han vuelto potencias destructivas porque han sido arrancadas de su contexto teológico y ritual. Lo primero les daba sentido, trascendencia; lo segundo, al introducir períodos de abstinencia y de uso, minimizaba los trastornos psíquicos y fisiológicos. El uso moderno de los alucinógenos es la profanación de un antiguo sacramento, como la promiscuidad contemporánea es la profanación del cuerpo.
La acción de los alucinógenos es doble: son una crítica de la realidad y nos proponen otra realidad. El mundo que vemos, pensamos y sentimos aparece desfigurado y distorsionado; sobre sus ruinas se eleva otro mundo, horrible o hermoso, según el caso, pero siempre maravilloso. (La droga otorga paraísos e infiernos conforme a una justicia que no es de este mundo, pero que, indudablemente, se parece a la del otro según lo han descrito los místicos de todas las religiones.) La visión de la otra realidad reposa sobre las ruinas de esta realidad. La destrucción de la realidad cotidiana es el resultado de lo que podría llamarse la crítica sensible del mundo. Es el equivalente, en la esfera de los sentidos, de la crítica racional de la realidad. La visión se apoya en un escepticismo radical que nos hace dudar de la coherencia, consistencia y aun existencia de este mundo que vemos, oímos, olemos y tocamos. Para ver la otra realidad hay que dudar de la realidad que vemos con los ojos.
David Hume decía: “Nada cierto podemos afirmar del mundo objetivo y del sujeto que lo mira, salvo que uno y otro son haces de percepciones instantáneas e inconexas ligadas por la memoria y la imaginación. El mundo es imaginario, aunque no lo sean las percepciones en que, alternativamente, se manifiesta y se disipa”. Agrega: “When I view this table and that chimney, nothing is present to me but particular perceptions, which are made with all other perceptions”.
Lo que llamamos realidad no son sino “descripciones del mundo, pinturas”. Estas descripciones no son más sino menos consistentes e intensas que las visiones del efecto de la alucinación en momentos privilegiados. El mundo y yo: un haz de percepciones percibidas (¿emitidas?) por otro haz de percepciones.
La consecuencia son los escépticos. Como tal, usan la razón para mostrar las insuficiencias de la razón, su sinrazón secreta. La sinrazón de la razón, la incoherencia, aparecen también en la crítica de la razón. Para no contradecirse el escéptico tiene que cruzarse de brazos, resignarse al silencio y a la inmovilidad. Si quiere seguir viviendo y hablando debe afirmar, con una sonrisa desesperada, la validez no-racional de las creencias.
La función del humor no es distinta de la de las drogas, el escepticismo racional y los prodigios: Los brujos del humor se proponen a través de estas manipulaciones romper la visión cotidiana de la realidad, trastornar nuestras percepciones y sensaciones, aniquilar nuestros endebles razonamientos, arrasar nuestras certidumbres, para que aparezca la otra realidad.
El mundo de todos los días es el mundo de todos los días. Pero la otra vida está aquí. Sí, allá está aquí, la otra realidad es el mundo de todos los días. En el centro del mundo de todos los días centellea, como el vidrio roto entre el polvo y la basura del patio trasero de la casa, la revelación del mundo de allá. ¿Qué revelación? No hay nada que ver, nada que decir: todo es alusión, seña secreta, estamos en una de las esquinas del cuarto de los ecos, todo nos hace signos y todo se calla y se oculta. No, no hay nada que decir.
*Título original: La mirada anterior. Este collage de párrafos seleccionados caprichosamente de la pre-introducción al libro “Las enseñanzas de Don Juan” de Carlos Castaneda, fue escrito por Octavio Paz el 15 de septiembre de 1973.
El uso de los alucinógenos puede equipararse a las prácticas ascéticas: son medios predominantemente físicos y fisiológicos para provocar la iluminación espiritual. En la esfera de la imaginación son el equivalente de lo que son el ascetismo para los sentidos y los ejercicios de meditación para el entendimiento. Para ser eficaz el empleo de las sustancias alucinógenas ha de insertarse en una visión del mundo y del trasmundo, una escatología, una teología y un ritual. Las drogas son parte de una disciplina física y espiritual, como las prácticas ascéticas.
Las drogas no son fines sino medios. Si el medio se vuelve fin, se convierte en agente de destrucción. El resultado no es la liberación interior sino la esclavitud, la locura y no la sabiduría, la degradación y no la visión. Esto es lo que ha ocurrido en los últimos años. Las drogas alucinógenas se han vuelto potencias destructivas porque han sido arrancadas de su contexto teológico y ritual. Lo primero les daba sentido, trascendencia; lo segundo, al introducir períodos de abstinencia y de uso, minimizaba los trastornos psíquicos y fisiológicos. El uso moderno de los alucinógenos es la profanación de un antiguo sacramento, como la promiscuidad contemporánea es la profanación del cuerpo.
La acción de los alucinógenos es doble: son una crítica de la realidad y nos proponen otra realidad. El mundo que vemos, pensamos y sentimos aparece desfigurado y distorsionado; sobre sus ruinas se eleva otro mundo, horrible o hermoso, según el caso, pero siempre maravilloso. (La droga otorga paraísos e infiernos conforme a una justicia que no es de este mundo, pero que, indudablemente, se parece a la del otro según lo han descrito los místicos de todas las religiones.) La visión de la otra realidad reposa sobre las ruinas de esta realidad. La destrucción de la realidad cotidiana es el resultado de lo que podría llamarse la crítica sensible del mundo. Es el equivalente, en la esfera de los sentidos, de la crítica racional de la realidad. La visión se apoya en un escepticismo radical que nos hace dudar de la coherencia, consistencia y aun existencia de este mundo que vemos, oímos, olemos y tocamos. Para ver la otra realidad hay que dudar de la realidad que vemos con los ojos.
David Hume decía: “Nada cierto podemos afirmar del mundo objetivo y del sujeto que lo mira, salvo que uno y otro son haces de percepciones instantáneas e inconexas ligadas por la memoria y la imaginación. El mundo es imaginario, aunque no lo sean las percepciones en que, alternativamente, se manifiesta y se disipa”. Agrega: “When I view this table and that chimney, nothing is present to me but particular perceptions, which are made with all other perceptions”.
Lo que llamamos realidad no son sino “descripciones del mundo, pinturas”. Estas descripciones no son más sino menos consistentes e intensas que las visiones del efecto de la alucinación en momentos privilegiados. El mundo y yo: un haz de percepciones percibidas (¿emitidas?) por otro haz de percepciones.
La consecuencia son los escépticos. Como tal, usan la razón para mostrar las insuficiencias de la razón, su sinrazón secreta. La sinrazón de la razón, la incoherencia, aparecen también en la crítica de la razón. Para no contradecirse el escéptico tiene que cruzarse de brazos, resignarse al silencio y a la inmovilidad. Si quiere seguir viviendo y hablando debe afirmar, con una sonrisa desesperada, la validez no-racional de las creencias.
La función del humor no es distinta de la de las drogas, el escepticismo racional y los prodigios: Los brujos del humor se proponen a través de estas manipulaciones romper la visión cotidiana de la realidad, trastornar nuestras percepciones y sensaciones, aniquilar nuestros endebles razonamientos, arrasar nuestras certidumbres, para que aparezca la otra realidad.
El mundo de todos los días es el mundo de todos los días. Pero la otra vida está aquí. Sí, allá está aquí, la otra realidad es el mundo de todos los días. En el centro del mundo de todos los días centellea, como el vidrio roto entre el polvo y la basura del patio trasero de la casa, la revelación del mundo de allá. ¿Qué revelación? No hay nada que ver, nada que decir: todo es alusión, seña secreta, estamos en una de las esquinas del cuarto de los ecos, todo nos hace signos y todo se calla y se oculta. No, no hay nada que decir.
*Título original: La mirada anterior. Este collage de párrafos seleccionados caprichosamente de la pre-introducción al libro “Las enseñanzas de Don Juan” de Carlos Castaneda, fue escrito por Octavio Paz el 15 de septiembre de 1973.
sábado, 20 de diciembre de 2008
Mangarca
Ahí se levanta Mangarca y te dice que no
Dale un faso y te dice que sí
Bien argentino pero le dicen Paragua
¿Será el corte de coté de Arnaldo?
Contactos, llamados, fernet,
Tiene la VIP de cada cabaré
Los lameculos lo conocen bien
“prestáme diez, te devuelvo cien”
No es más que un pelagatos
Bolsillos vacíos, billetera también
Sabe tirar la manga y a quién
Mangarca es un rey, tiene peones
Pero son de cartón y boludones
Ese es Mangarca, el duro de caer
No hay alcohol que lo tumbe
Pero al amor no sabe huir
Cada tanto desaparece con una
Y se casa antes del amanecer
Perfumito atrás, camisita jamás
Fuiste al nocturno pa´no laburar
Ése es Mangarca el que llora y mama
El que te da la vacuna sin dolor
“prestáme diez, te devuelvo cien”
Dale fobal, birra, puchos,
Dale pizza, paja, joder,
Mangarca es el gran rey
Nadie puede contra él
Dale paragua llamáme para joder
Dale Mangarca, no me lo quiero perder
Ohhhhh, Mangarca
Ohhhhh, Mangarca es
Ohhhhh, de mi no te olvidés
Dale Mangarca, no me bajes del tren
Dale paragua llamáme para joder.
Dedicado a D.C.
Dale un faso y te dice que sí
Bien argentino pero le dicen Paragua
¿Será el corte de coté de Arnaldo?
Contactos, llamados, fernet,
Tiene la VIP de cada cabaré
Los lameculos lo conocen bien
“prestáme diez, te devuelvo cien”
No es más que un pelagatos
Bolsillos vacíos, billetera también
Sabe tirar la manga y a quién
Mangarca es un rey, tiene peones
Pero son de cartón y boludones
Ese es Mangarca, el duro de caer
No hay alcohol que lo tumbe
Pero al amor no sabe huir
Cada tanto desaparece con una
Y se casa antes del amanecer
Perfumito atrás, camisita jamás
Fuiste al nocturno pa´no laburar
Ése es Mangarca el que llora y mama
El que te da la vacuna sin dolor
“prestáme diez, te devuelvo cien”
Dale fobal, birra, puchos,
Dale pizza, paja, joder,
Mangarca es el gran rey
Nadie puede contra él
Dale paragua llamáme para joder
Dale Mangarca, no me lo quiero perder
Ohhhhh, Mangarca
Ohhhhh, Mangarca es
Ohhhhh, de mi no te olvidés
Dale Mangarca, no me bajes del tren
Dale paragua llamáme para joder.
Dedicado a D.C.
Quizás
Maldita fijación. Es inevitable. Pienso en la vida y la asociación con la muerte es instantánea. Como si dentro de mi cabeza las autopistas alternativas de sinapsis estuvieran derrumbadas. Me miro y miro a mi alrededor, la gente que quiero, que comparte momentos junto a mi, que me quiere y creo que me quiere, y me transporto a un tiempo en el que ya no estaremos. Veo mi tumba y las de ellos, desparramadas, solas. Y entonces me angustio, veo oscuro. La esperanza del reencuentro sin cuerpos me reconforta por segundos. Luego lo real, lo palpable. Una tumba, un nombre y quizás una flor. Y nada más. Dos días en la tierra que duran dos horas. Y entonces tejo un monólogo mental argumentando y enumerando todas las rengas razones para ser feliz, para ser menos humano y más animal. Y me rescato de la cuerda o de alguna bala. Y después sirvo café. Alguna tarea que distrae la parte consciente. Escondo mi Schoppenhauer latente y la vida sigue. Quizás más tarde ría o llore. Quizás algún día sepa contentarme con la simpleza de un sol tibio o la lluvia mojando la tierra. Quizás.
Miradas
Todo es relativo, partamos de esa base. No logro entender a esa gente que cuando habla le impone un tono de verdad irrefutable a sus palabras. La no negociación ante posturas de aparente verdad de piedra me irrita. Nada es verdad en todo sentido, y estoy dispuesto a demostrarlo ante cualquier compadrito.
Debo aclarar que no critico ni condeno a quienes defienden su verdad relativa, su postura ante determinado asunto. Pero deberán entender que sus ojos son sólo de ellos, que un mismo espejo puede devolver imágenes diferentes. Es perfectamente lícito que todos queramos demostrar que nuestros ojos son los más cercanos a la Verdad. Lo que no está bien es buscar imponer una idea sobre algo inasible.
No siempre dos más dos es cuatro. No siempre un perro es solo un perro. No siempre amar es amar. No siempre un beso es solo un beso. Es más, puedo asegurar que casi nunca las cosas son lo que son. No sólo porque la materialidad de cualquier objeto es inaprensible sino porque cualquier objeto cobra vida siempre en relación a alguien.
Debo aclarar que no critico ni condeno a quienes defienden su verdad relativa, su postura ante determinado asunto. Pero deberán entender que sus ojos son sólo de ellos, que un mismo espejo puede devolver imágenes diferentes. Es perfectamente lícito que todos queramos demostrar que nuestros ojos son los más cercanos a la Verdad. Lo que no está bien es buscar imponer una idea sobre algo inasible.
No siempre dos más dos es cuatro. No siempre un perro es solo un perro. No siempre amar es amar. No siempre un beso es solo un beso. Es más, puedo asegurar que casi nunca las cosas son lo que son. No sólo porque la materialidad de cualquier objeto es inaprensible sino porque cualquier objeto cobra vida siempre en relación a alguien.
Blanca fisura
Hay noches de fisura total
Con la mente en blanco
Sentís la guadaña tan cerca
Que no imaginas no morir
Botellas vacías, vasos también
¿Los pies están ahí?
La garganta se hace fuego
La paranoia del psicópata
Te acorrala y te resta dormir
Quizás para siempre…
Ya en la cama que es una zamba
La luz que no se filtra por la persiana
¿Las manos están ahí?
Temblando como una hoja
Tragás fea saliva etílica
La almohada con la boca pastosa
Te chamuya sin parar, sin perdonar
a tus oídos moribundos
Las sábanas negras de arañas venenosas
Los pies helados por el veneno muy tuyo
¿Los pies están ahí?
¿El corazón hasta cuando latirá?
Miles de voces, miles de manos
Interminables visiones
La vida en un minuto pasa
Como un deja vú al revés.
Te dormís, te olvidás.
Sos feliz muerto sin morir.
Es la fisura de la desmesura
Del no-límite, del no-morir jamás.
Todo es blanco al final, blanca tu verdad.
Voces al final:
El caño roto de tu mente
El pulmón enfermo sin aire
El árbol condenado a otoño eterno
El pez que nació en la arena
El sol que se apaga ya
El picaflor sin flor
El infierno más helado
La lengua atada de tu conciencia
Los brazos sin cuerpo del esclavo
Los ojos frente a la negrura
La hermosa máscara de la mentira
La bomba interior de la verdad
El último trago del último vaso
El desterrado de los recuerdos
Corazón de sangre azul helada serás
En el final de tu final
Con la mente en blanco
Sentís la guadaña tan cerca
Que no imaginas no morir
Botellas vacías, vasos también
¿Los pies están ahí?
La garganta se hace fuego
La paranoia del psicópata
Te acorrala y te resta dormir
Quizás para siempre…
Ya en la cama que es una zamba
La luz que no se filtra por la persiana
¿Las manos están ahí?
Temblando como una hoja
Tragás fea saliva etílica
La almohada con la boca pastosa
Te chamuya sin parar, sin perdonar
a tus oídos moribundos
Las sábanas negras de arañas venenosas
Los pies helados por el veneno muy tuyo
¿Los pies están ahí?
¿El corazón hasta cuando latirá?
Miles de voces, miles de manos
Interminables visiones
La vida en un minuto pasa
Como un deja vú al revés.
Te dormís, te olvidás.
Sos feliz muerto sin morir.
Es la fisura de la desmesura
Del no-límite, del no-morir jamás.
Todo es blanco al final, blanca tu verdad.
Voces al final:
El caño roto de tu mente
El pulmón enfermo sin aire
El árbol condenado a otoño eterno
El pez que nació en la arena
El sol que se apaga ya
El picaflor sin flor
El infierno más helado
La lengua atada de tu conciencia
Los brazos sin cuerpo del esclavo
Los ojos frente a la negrura
La hermosa máscara de la mentira
La bomba interior de la verdad
El último trago del último vaso
El desterrado de los recuerdos
Corazón de sangre azul helada serás
En el final de tu final
miércoles, 3 de diciembre de 2008
sábado, 25 de octubre de 2008
Carta de mi madre a mi padre
29-1-90
Negro querido:
Hace un rato llegamos de Gualeguaychú, nos fuimos el viernes. Estaba muy lindo y por supuesto fuimos al corzo a ver las comparsas. La verdad como siempre muy alegre, aunque te aclaro que se nota la crisis. Ya no tienen el esplendor de otros años y fue notable la poca concurrencia de la gente, pero nosotros la pasamos muy bien. Mi cría está como siempre en el túnel del tiempo. A Edmundo no lo vi pues andaba de vacaciones con la familia.
Acá en Buenos Aires se ve que ha llovido torrencialmente, te aseguro que acá adelante en casa estaba lleno de hojas y la calle con agua. Te digo que el día que yo viajé, en la Capital hacía cuarenta y dos grados de calor y en Gualeguaychú era insoportable, calor como jamás se ha sentido. Todos mandan saludos.
¿Cómo andan las cosas ahí? ¿Has logrado afianzarte en algo? Los chicos están preocupados pues nosotros no recibimos cartas de ahí, sólo dos. Y Luciano se preocupa, vos sabés cómo es él. Siempre te hemos enviado los martes. Negro, nosotros estamos muy bien pero a decir verdad te extrañamos muchísimo, yo especialmente. Por eso te pido que trates y hagas lo posible para poder estar pronto juntos. Ésta la deposito mañana y espero que nos hagas saber alguna novedad de tu parte, pero pronto…
Un beso grande
Noni
Cariños para vos y todos ahí. Te quiero mucho. Noni.
El viejo Paraíso
Me habían comentado de aquel viejo. Según recordaba la versión, era alto, muy delgado, cara huesuda, cadavérica. Era canoso me habían dicho. Vestía casi siempre igual, zapatos negros, pantalones grises y camisa negra. Un día me decidí a visitarlo. Tenía una noción demasiado vaga de dónde vivía, pero eso no me detenía a buscarlo. En todo caso, algún vecino habría de conocerlo sin dudas.
- ... ¿Pero lo conoce señora?
- Le digo que sí, joven. El viejo está loco, en estos últimos años rara vez se deja ver, dicen que anda de noche, a escondidas. ¿Cómo se atreve a acercarse a el? Acaso usted también...
- Pues nada, dígame por favor dónde encontrarlo.
- Camine hasta la plaza, allí gire a su derecha y a mitad de cuadra, pasando el almacén de Vitorio verá un pasillo muy largo. En el fondo vive el viejo. Tenga cuidado, se comenta que...nada.
La vieja se persignó, sacó unas monedas del monedero ajado y se esfumó entre los árboles.
Caminé acelerado siguiendo las indicaciones. La plaza, el almacén y finalmente el pasillo. Al final de cuentas encontrarlo fue tarea fácil.
Ya en la entrada del pasillo, desde la vereda, se escuchaban martillazos, como quien trata de alisar una chapa o doblar un fierro duro. Me detuve unos minutos a pensar. Prendí un cigarrillo y me apoyé en un paraíso pelado. Recordé que en la puerta de la casa de mi niñez también había un paraíso. Pero este era mucho más alto, su tronco era fuerte y ancho. Me pregunté por primera vez porqué lo habrían llamado paraíso.
No pasaban autos, la tarde clara se iba haciendo noche gris. Era ese momento tan horrible del día, espantosamente indefinido, dudoso, agónico. Realmente quería saber. Si mi impulso me había llevado hasta allí, debía juntar coraje y entrar. Para hacer tiempo y para organizar mi cabeza, caminé hasta la esquina, hice círculos, esquivaba las líneas del suelo, jugaba, me distraía. Un olor a tostadas me hizo retroceder veinte años en el tiempo. Me vi en un recuerdo patente frente al televisor, tazón de plástico repleto de café con leche, útiles escolares. Fue un segundo en el reloj mundial, fueron más en mi cabeza, sin dudas. Volví. ¿Realmente quería saber? ¿Me abriría la puerta aquel viejo aparentemente demente? Algo me hacía tenerle fe. O esperanza más que fe. Era cerrar un asunto perpetuo, darle una condena final a este juicio elástico. Voy a entrar, me dije, acariciando el paraíso de la puerta como quien da un saludo.
Caminé ese pasillo oscuro sin mirar a mis costados, ubicando la mirada en un punto fijo, al final de todo. Los martillazos habían cesado. La casa del viejo estaba separada del pasillo por una reja desencajada, oxidada. No había timbre. Golpeé las manos, con la cabeza gacha, agudizando los oídos como preparándome para salir corriendo si era necesario. No salía el viejo. Me imaginé que me estaba apuntando con un rifle desde algún hueco de la casa. Quise escapar mas no pude. La fuerza interior me hizo quedar. No era intriga, no era curiosidad, era una necesidad existencial, algo fuerte, inevitable. Necesitaba saber.
Luego del tercer intento su voz grave pero gastada se escuchó:
-¿Qué busca?
-Realmente necesito hablar con usted. Me han comentado que usted sabe acerca de cuestiones que para mí son cruciales. Por favor...
Mi súplica se hizo notar en cada palabra, en cada letra. Estaba pálido, temblando de una manera eléctrica, como nunca antes. Hubiera debido comenzar por “disculpe la molestia” o algo similar, pero en ese momento fui al grano, no pensé.
La puerta se abrió. Sin embargo el viejo no se dejó ver. Hizo como si la puerta lo obedeciera. Como si se hubiera abierto sola.
-Pase. Me dijo.
Corrí la reja, la apoyé en un costado. Esquivé unas latas con agua. Recordé en ese momento que el viejo era reconocido también por verse rodeado de muchos perros. Sin embargo en la casa no vi ninguno.
Entré. El lugar era oscuro y parecía muy sucio. Me quedé ahí parado, a centímetros de la puerta. El viejo no aparecía, ni hablaba, ni se hacía notar. Pasados unos minutos, su voz se volvió a hacer presente.
-¿Usted quiere saber?
-Sí, señor. Usted sabe algo que yo necesito saber.
-Es usted muy joven para andar buscando estas respuestas. El tiempo lo irá llevando hasta saber sin que yo le diga. Puede ser eso hoy, mañana o en años...
-Puede ser, el tiempo es sabio y muchas veces se distrae y enseña. Pero en verdad su sabiduría es bastante dañina, implacable. No quiero esperar, no puedo. Cada día sin saber para mí es una tortura. Quiero terminar con esto. ¿Sabe usted lo que la gente dice? Que usted está loco. En el fondo yo no lo creo. Pareciera que en cada ámbito debe haber un loco, un diferente, alguien a quien tenerle lástima y miedo a la vez, alguien a quien subestimar, y a quien debemos ponerle nombre y apellido. En verdad creo que eso es una gran muestra de inseguridad, de creerse dueños de la razón, no razón en el sentido de verdad mentira, sino en un sentido cerebral, de cordura social. Imbéciles. ¿Me entiende?
-Perfectamente.
-Entonces...
El viejo suspiró. Seguía sin aparecer, sin mostrarse. Su voz me llegaba desde arriba. Al levantar la cabeza divisé que el lugar era de un solo ambiente y que las habitaciones eran biombos improvisados. Estaba muy cerca de mí entonces aquel veterano. Se hizo un silencio largo, como de diez minutos creo yo. Me animé a sentarme en un banco que estaba a mi derecha. La madera crujió como quejándose por el peso de mi cuerpo. Me quedé hipnotizado con el árbol que se dejaba ver detrás de una ventana. Habría un farol cerca, que quedaba fuera de mi vista, pues la luz de afuera era mezcla de una casi imperceptible luz natural y artificialidad. Los vidrios de la ventana estaban rotos, y daban una sensación de rompecabezas armado de aquel tronco centenario. Narcotizado por la imagen, completamente ido, empecé a volar. Me imaginé que todas las partes asimétricas del árbol traslucidas en los pedazos de vidrio roto, eran una metáfora perfecta del alma. El árbol afuera, duro y móvil, mortal, era el cuerpo. La imagen que dejaba ver el vidrio en su totalidad recortada, diferente, desprolija, profundamente indescifrable era el alma. Yo era Dios mirando.
-¿En qué piensa usted? Me dijo el viejo.
Yo estaba como soñando, transportado por las alas de la mente. Sin embargo lo escuché con claridad. Sabía qué hacía allí y no quería irme sin saber.
-En nada, señor. Sólo miraba por la ventana. A veces uno debe escaparse, siempre que haya adónde volver. Nadie escapa sin tener adonde regresar. Las rejas sirven para separarnos de algo, sino no tendrían sentido. Y no hablo solo de las rejas de hierro, hablo de...
-Comprendo, es suficiente.
-¿Va usted a decirme? Dije casi gritando. Mi tono no fue de su agrado, pues su voz se agravó, se aceleró sin perder la calma.
-Tranquilo, no se apure. Dijo.
-Cuando yo era niño, me encerraba bastante, sabe. Disfrutaba los momentos con lo básico de la visión infantil. Había colores, olores, sabores que hoy son solo recuerdos. Si se quiere, y si me permite, era feliz. No obstante, en el final del trago cotidiano, me quedaba ese gusto dudoso de quejas existenciales, de preguntas mal hechas. Como si en la superficie se me dejara ver como un humano normal, distraído, ciego al destino. Pero en lo profundo, en la oscuridad de mi cerebro apoyado en la almohada, había temores que se fueron convirtiendo en terror. Los momentos de felicidad se iban desdibujando hasta desaparecer. El tiempo no solo trae la barba...
-Acaso usted cree que sabiendo...
Lo interrumpí. Me sentí humillado por su duda. ¿No valoraba mi coraje? ¿Acaso cuánta gente había osado entrar a esa pocilga?
-No tengo dudas. Dígame por favor.
-Usted se da cuenta de lo que quiere saber entonces...
-Señor, siéntese frente a mí. No es una orden, desde ya -me retracté tratando de no despertar su ira-, es que verle el rostro le daría otro valor a sus palabras.
-Tranquilo, no se apure. Repitió.
-¿Sintió temor alguna vez? Le pregunté como para no perder el tren.
-Hace muchos años...Ya no recuerdo ese sentimiento. Pero esté tranquilo, usted no debe desesperar.
-¿Y libertad? ¿Se sintió realmente libre alguna vez? Yo creo que la libertad es un imposible. Es la madre de todas las utopías. Quizás su respuesta me libere, o me acerque a ese sentimiento tan inaprensible. No estoy seguro.
Otra vez el silencio. La noche ya era madura.
De repente un ruido. Como un paso sobre piso de madera. Luego otro ruido que reconocí. Era un martillazo sobre hierro, como los que escuchaba desde la vereda, casi apoyado en el grueso paraíso. La voz grave nuevamente:
-Joven, sirva dos vasos de vino. Sobre la mesada hay una botella abierta. En la segunda puerta encontrará un vaso y una lata. Sírvase en el vaso si gusta.
Obedecí sin pensar. Me disparé hacia esa botella verdosa, enana y llené hasta el borde los dos recipientes. Los coloqué sobre la mesa cuadrada y le acomodé una silla frente a mí. Nuevamente comencé a temblar. El viejo salió, lento, pensativo. Estaba impecablemente vestido, tal como me lo habían pintado. Me lo imaginaba más alto tal vez, por lo demás era como lo esperaba. Sus ojos eran de un color celeste espeso, opacos. Me miró fijo a los ojos y bebió de la lata. Luego la golpeó dos veces, signo de que quería más tinto.
-Usted quiere saber el día de su muerte, y yo se lo voy a decir.
Mi cuerpo se endureció, mis manos eran líquidas al igual que mi espalda y mi frente. Quise interrumpirlo. Me dio tiempo para eso adrede pero mi lengua fue de cemento. Bebí hasta el final el vaso aquel. Lo volví a llenar y como agua lo vacié nuevamente.
-Ese día es hoy joven. Nada podrá hacer para impedirlo. Solo le queda esperar. Lo siento.
Me quedé mirándolo, esperando una palabra más, un pero que no llegaba. Quise creer que ese viejo de mierda estaba loco de verdad, que yo estaba loco también por estar en ese lugar. No pude, le creí. Seguí bebiendo descontroladamente. Nos quedamos en silencio. El me miraba, como disculpándose. Abrí otra botella, y otra y otra. Estaba sordo ya, el árbol de la ventana no paraba de reír. Y yo ahí, muriéndome sin luchar, rendido a los pies del viejo y su verdad. Una verdad que busqué siempre y que luego de encontrarla no la pude soportar. A fin de cuentas, lo que me empujaba a buscar esa respuesta era que –no se porqué- me imaginaba mi muerte muchos años más adelante, de viejo. Bebí esa noche sin parar, por horas, dando crédito a las palabras del anciano. Antes de marcharme, el viejo me dio algo envuelto en papel que tomé entre mis manos. Era pesado el paquete. Atravesé ese pasillo oscuro sin rozar las paredes. Una vez en la vereda abrí el paquete, era una cruz de hierro con mis iniciales recién grabadas. Lloré. Levanté la cabeza buscando ver el paraíso. Y vaya si lo encontré.
- ... ¿Pero lo conoce señora?
- Le digo que sí, joven. El viejo está loco, en estos últimos años rara vez se deja ver, dicen que anda de noche, a escondidas. ¿Cómo se atreve a acercarse a el? Acaso usted también...
- Pues nada, dígame por favor dónde encontrarlo.
- Camine hasta la plaza, allí gire a su derecha y a mitad de cuadra, pasando el almacén de Vitorio verá un pasillo muy largo. En el fondo vive el viejo. Tenga cuidado, se comenta que...nada.
La vieja se persignó, sacó unas monedas del monedero ajado y se esfumó entre los árboles.
Caminé acelerado siguiendo las indicaciones. La plaza, el almacén y finalmente el pasillo. Al final de cuentas encontrarlo fue tarea fácil.
Ya en la entrada del pasillo, desde la vereda, se escuchaban martillazos, como quien trata de alisar una chapa o doblar un fierro duro. Me detuve unos minutos a pensar. Prendí un cigarrillo y me apoyé en un paraíso pelado. Recordé que en la puerta de la casa de mi niñez también había un paraíso. Pero este era mucho más alto, su tronco era fuerte y ancho. Me pregunté por primera vez porqué lo habrían llamado paraíso.
No pasaban autos, la tarde clara se iba haciendo noche gris. Era ese momento tan horrible del día, espantosamente indefinido, dudoso, agónico. Realmente quería saber. Si mi impulso me había llevado hasta allí, debía juntar coraje y entrar. Para hacer tiempo y para organizar mi cabeza, caminé hasta la esquina, hice círculos, esquivaba las líneas del suelo, jugaba, me distraía. Un olor a tostadas me hizo retroceder veinte años en el tiempo. Me vi en un recuerdo patente frente al televisor, tazón de plástico repleto de café con leche, útiles escolares. Fue un segundo en el reloj mundial, fueron más en mi cabeza, sin dudas. Volví. ¿Realmente quería saber? ¿Me abriría la puerta aquel viejo aparentemente demente? Algo me hacía tenerle fe. O esperanza más que fe. Era cerrar un asunto perpetuo, darle una condena final a este juicio elástico. Voy a entrar, me dije, acariciando el paraíso de la puerta como quien da un saludo.
Caminé ese pasillo oscuro sin mirar a mis costados, ubicando la mirada en un punto fijo, al final de todo. Los martillazos habían cesado. La casa del viejo estaba separada del pasillo por una reja desencajada, oxidada. No había timbre. Golpeé las manos, con la cabeza gacha, agudizando los oídos como preparándome para salir corriendo si era necesario. No salía el viejo. Me imaginé que me estaba apuntando con un rifle desde algún hueco de la casa. Quise escapar mas no pude. La fuerza interior me hizo quedar. No era intriga, no era curiosidad, era una necesidad existencial, algo fuerte, inevitable. Necesitaba saber.
Luego del tercer intento su voz grave pero gastada se escuchó:
-¿Qué busca?
-Realmente necesito hablar con usted. Me han comentado que usted sabe acerca de cuestiones que para mí son cruciales. Por favor...
Mi súplica se hizo notar en cada palabra, en cada letra. Estaba pálido, temblando de una manera eléctrica, como nunca antes. Hubiera debido comenzar por “disculpe la molestia” o algo similar, pero en ese momento fui al grano, no pensé.
La puerta se abrió. Sin embargo el viejo no se dejó ver. Hizo como si la puerta lo obedeciera. Como si se hubiera abierto sola.
-Pase. Me dijo.
Corrí la reja, la apoyé en un costado. Esquivé unas latas con agua. Recordé en ese momento que el viejo era reconocido también por verse rodeado de muchos perros. Sin embargo en la casa no vi ninguno.
Entré. El lugar era oscuro y parecía muy sucio. Me quedé ahí parado, a centímetros de la puerta. El viejo no aparecía, ni hablaba, ni se hacía notar. Pasados unos minutos, su voz se volvió a hacer presente.
-¿Usted quiere saber?
-Sí, señor. Usted sabe algo que yo necesito saber.
-Es usted muy joven para andar buscando estas respuestas. El tiempo lo irá llevando hasta saber sin que yo le diga. Puede ser eso hoy, mañana o en años...
-Puede ser, el tiempo es sabio y muchas veces se distrae y enseña. Pero en verdad su sabiduría es bastante dañina, implacable. No quiero esperar, no puedo. Cada día sin saber para mí es una tortura. Quiero terminar con esto. ¿Sabe usted lo que la gente dice? Que usted está loco. En el fondo yo no lo creo. Pareciera que en cada ámbito debe haber un loco, un diferente, alguien a quien tenerle lástima y miedo a la vez, alguien a quien subestimar, y a quien debemos ponerle nombre y apellido. En verdad creo que eso es una gran muestra de inseguridad, de creerse dueños de la razón, no razón en el sentido de verdad mentira, sino en un sentido cerebral, de cordura social. Imbéciles. ¿Me entiende?
-Perfectamente.
-Entonces...
El viejo suspiró. Seguía sin aparecer, sin mostrarse. Su voz me llegaba desde arriba. Al levantar la cabeza divisé que el lugar era de un solo ambiente y que las habitaciones eran biombos improvisados. Estaba muy cerca de mí entonces aquel veterano. Se hizo un silencio largo, como de diez minutos creo yo. Me animé a sentarme en un banco que estaba a mi derecha. La madera crujió como quejándose por el peso de mi cuerpo. Me quedé hipnotizado con el árbol que se dejaba ver detrás de una ventana. Habría un farol cerca, que quedaba fuera de mi vista, pues la luz de afuera era mezcla de una casi imperceptible luz natural y artificialidad. Los vidrios de la ventana estaban rotos, y daban una sensación de rompecabezas armado de aquel tronco centenario. Narcotizado por la imagen, completamente ido, empecé a volar. Me imaginé que todas las partes asimétricas del árbol traslucidas en los pedazos de vidrio roto, eran una metáfora perfecta del alma. El árbol afuera, duro y móvil, mortal, era el cuerpo. La imagen que dejaba ver el vidrio en su totalidad recortada, diferente, desprolija, profundamente indescifrable era el alma. Yo era Dios mirando.
-¿En qué piensa usted? Me dijo el viejo.
Yo estaba como soñando, transportado por las alas de la mente. Sin embargo lo escuché con claridad. Sabía qué hacía allí y no quería irme sin saber.
-En nada, señor. Sólo miraba por la ventana. A veces uno debe escaparse, siempre que haya adónde volver. Nadie escapa sin tener adonde regresar. Las rejas sirven para separarnos de algo, sino no tendrían sentido. Y no hablo solo de las rejas de hierro, hablo de...
-Comprendo, es suficiente.
-¿Va usted a decirme? Dije casi gritando. Mi tono no fue de su agrado, pues su voz se agravó, se aceleró sin perder la calma.
-Tranquilo, no se apure. Dijo.
-Cuando yo era niño, me encerraba bastante, sabe. Disfrutaba los momentos con lo básico de la visión infantil. Había colores, olores, sabores que hoy son solo recuerdos. Si se quiere, y si me permite, era feliz. No obstante, en el final del trago cotidiano, me quedaba ese gusto dudoso de quejas existenciales, de preguntas mal hechas. Como si en la superficie se me dejara ver como un humano normal, distraído, ciego al destino. Pero en lo profundo, en la oscuridad de mi cerebro apoyado en la almohada, había temores que se fueron convirtiendo en terror. Los momentos de felicidad se iban desdibujando hasta desaparecer. El tiempo no solo trae la barba...
-Acaso usted cree que sabiendo...
Lo interrumpí. Me sentí humillado por su duda. ¿No valoraba mi coraje? ¿Acaso cuánta gente había osado entrar a esa pocilga?
-No tengo dudas. Dígame por favor.
-Usted se da cuenta de lo que quiere saber entonces...
-Señor, siéntese frente a mí. No es una orden, desde ya -me retracté tratando de no despertar su ira-, es que verle el rostro le daría otro valor a sus palabras.
-Tranquilo, no se apure. Repitió.
-¿Sintió temor alguna vez? Le pregunté como para no perder el tren.
-Hace muchos años...Ya no recuerdo ese sentimiento. Pero esté tranquilo, usted no debe desesperar.
-¿Y libertad? ¿Se sintió realmente libre alguna vez? Yo creo que la libertad es un imposible. Es la madre de todas las utopías. Quizás su respuesta me libere, o me acerque a ese sentimiento tan inaprensible. No estoy seguro.
Otra vez el silencio. La noche ya era madura.
De repente un ruido. Como un paso sobre piso de madera. Luego otro ruido que reconocí. Era un martillazo sobre hierro, como los que escuchaba desde la vereda, casi apoyado en el grueso paraíso. La voz grave nuevamente:
-Joven, sirva dos vasos de vino. Sobre la mesada hay una botella abierta. En la segunda puerta encontrará un vaso y una lata. Sírvase en el vaso si gusta.
Obedecí sin pensar. Me disparé hacia esa botella verdosa, enana y llené hasta el borde los dos recipientes. Los coloqué sobre la mesa cuadrada y le acomodé una silla frente a mí. Nuevamente comencé a temblar. El viejo salió, lento, pensativo. Estaba impecablemente vestido, tal como me lo habían pintado. Me lo imaginaba más alto tal vez, por lo demás era como lo esperaba. Sus ojos eran de un color celeste espeso, opacos. Me miró fijo a los ojos y bebió de la lata. Luego la golpeó dos veces, signo de que quería más tinto.
-Usted quiere saber el día de su muerte, y yo se lo voy a decir.
Mi cuerpo se endureció, mis manos eran líquidas al igual que mi espalda y mi frente. Quise interrumpirlo. Me dio tiempo para eso adrede pero mi lengua fue de cemento. Bebí hasta el final el vaso aquel. Lo volví a llenar y como agua lo vacié nuevamente.
-Ese día es hoy joven. Nada podrá hacer para impedirlo. Solo le queda esperar. Lo siento.
Me quedé mirándolo, esperando una palabra más, un pero que no llegaba. Quise creer que ese viejo de mierda estaba loco de verdad, que yo estaba loco también por estar en ese lugar. No pude, le creí. Seguí bebiendo descontroladamente. Nos quedamos en silencio. El me miraba, como disculpándose. Abrí otra botella, y otra y otra. Estaba sordo ya, el árbol de la ventana no paraba de reír. Y yo ahí, muriéndome sin luchar, rendido a los pies del viejo y su verdad. Una verdad que busqué siempre y que luego de encontrarla no la pude soportar. A fin de cuentas, lo que me empujaba a buscar esa respuesta era que –no se porqué- me imaginaba mi muerte muchos años más adelante, de viejo. Bebí esa noche sin parar, por horas, dando crédito a las palabras del anciano. Antes de marcharme, el viejo me dio algo envuelto en papel que tomé entre mis manos. Era pesado el paquete. Atravesé ese pasillo oscuro sin rozar las paredes. Una vez en la vereda abrí el paquete, era una cruz de hierro con mis iniciales recién grabadas. Lloré. Levanté la cabeza buscando ver el paraíso. Y vaya si lo encontré.
Periplo
Periplo era una ciudad donde la gente vivía feliz.
El amor era absoluto, la amistad interminable.
No había reyes, presidentes o representantes.
No existían leyes escritas, tribunales o jueces.
Nadie sabe bien dónde estaba esta ciudad.
Algunos la ubican en una isla, hoy hundida,
entre las islas Pitcaim y Gambier.
Otros niegan rotundamente su existencia.
En Periplo, cuentan, el sol brillaba cada día,
La luna salía llena todas las noches.
Las nubes, con su lluvia tranquila,
venían sólo cuando era necesario,
un poco después de la cena o a la tardecita.
Algunas palabras no existían:
“obligación”, “culpa”, “engaño”.
Y también había palabras desconocidas:
“krühme” que significaba “amar sin compromiso”,
“re-krühme” era “sólo por esta noche”.
Los ancianos eran respetados, escuchados.
Los jóvenes libres, muy libres.
Las mujeres hermosas, los hombres valientes.
Tenían varios Dioses, el más venerado
era “Olvidus”, Dios del vino.
La simpleza en los actos era bien vista,
tanto como dormir poco, fumar, usar harapos,
alejarse de vez en cuando, ayunar, no hablar.
Pero lo contrario no era condenable.
Por las noches, si no llovía, había música;
y si bien las melodías eran únicas,
para cada uno tenían un significado diferente.
Si llovía, la gente salía a ver las gotas besando el suelo.
Nadie vivía menos de mil quinientos años.
Las muertes se festejaban tanto como los nacimientos.
No había cumpleaños, aniversarios, horas o meses.
Todo era “en un rato”, “más adelante”, o “tiempo atrás”.
No había apellidos, ni nombres repetidos.
El llanto era considerado un regalo del Dios “Soul”.
La poesía era natural y la rima no era necesaria.
La perfección era la no-perfección.
En Periplo no había ciencia.
En Periplo el remedio era la palabra de un ser querido.
En Periplo la gente tenía alas y tres ojos.
En Periplo antes de dormir se elegía qué soñar.
Pero un día de sol Periplo desapareció,
como si sólo hubiera sido una ilusión.
Y aunque no hay rastros de nuestra ciudad olvidada,
algunos ancianos amigos aseguran ser sobrevivientes de Periplo.
El amor era absoluto, la amistad interminable.
No había reyes, presidentes o representantes.
No existían leyes escritas, tribunales o jueces.
Nadie sabe bien dónde estaba esta ciudad.
Algunos la ubican en una isla, hoy hundida,
entre las islas Pitcaim y Gambier.
Otros niegan rotundamente su existencia.
En Periplo, cuentan, el sol brillaba cada día,
La luna salía llena todas las noches.
Las nubes, con su lluvia tranquila,
venían sólo cuando era necesario,
un poco después de la cena o a la tardecita.
Algunas palabras no existían:
“obligación”, “culpa”, “engaño”.
Y también había palabras desconocidas:
“krühme” que significaba “amar sin compromiso”,
“re-krühme” era “sólo por esta noche”.
Los ancianos eran respetados, escuchados.
Los jóvenes libres, muy libres.
Las mujeres hermosas, los hombres valientes.
Tenían varios Dioses, el más venerado
era “Olvidus”, Dios del vino.
La simpleza en los actos era bien vista,
tanto como dormir poco, fumar, usar harapos,
alejarse de vez en cuando, ayunar, no hablar.
Pero lo contrario no era condenable.
Por las noches, si no llovía, había música;
y si bien las melodías eran únicas,
para cada uno tenían un significado diferente.
Si llovía, la gente salía a ver las gotas besando el suelo.
Nadie vivía menos de mil quinientos años.
Las muertes se festejaban tanto como los nacimientos.
No había cumpleaños, aniversarios, horas o meses.
Todo era “en un rato”, “más adelante”, o “tiempo atrás”.
No había apellidos, ni nombres repetidos.
El llanto era considerado un regalo del Dios “Soul”.
La poesía era natural y la rima no era necesaria.
La perfección era la no-perfección.
En Periplo no había ciencia.
En Periplo el remedio era la palabra de un ser querido.
En Periplo la gente tenía alas y tres ojos.
En Periplo antes de dormir se elegía qué soñar.
Pero un día de sol Periplo desapareció,
como si sólo hubiera sido una ilusión.
Y aunque no hay rastros de nuestra ciudad olvidada,
algunos ancianos amigos aseguran ser sobrevivientes de Periplo.
jueves, 9 de octubre de 2008
lunes, 6 de octubre de 2008
Sobre las nubes
Sobre las nubes cuando llueva quiero volar,
de tu boca cuando rías una flor he de colgar.
Con la luz de los recuerdos mataré la oscuridad;
seré uno y todos una y mil veces más...
Si mi cuerpo es de arena el tuyo es como el mar,
te dejaré partir si me juras nunca olvidar.
La soledad no estará sola si a mi lado va
y cuando llueva sobre las nubes mis alas volarán...
de tu boca cuando rías una flor he de colgar.
Con la luz de los recuerdos mataré la oscuridad;
seré uno y todos una y mil veces más...
Si mi cuerpo es de arena el tuyo es como el mar,
te dejaré partir si me juras nunca olvidar.
La soledad no estará sola si a mi lado va
y cuando llueva sobre las nubes mis alas volarán...
Sentido
"No existe nada muerto de manera absoluta. Cada sentido tendrá su fiesta de resurrección: problema del Gran Tiempo."
Bajtin
Bajtin
jueves, 2 de octubre de 2008
Feed back, feed me
A vos, que estás leyendo esto, aprovechando o perdiendo este tiempo, tu tiempo, el único tiempo, me gustaría saber cómo llegaste hasta acá. No como si fuera este "no-espacio" una especie de meta de llegada crucial, sino simplemente como una hojita de afeitar que se usa y se tira. Quiero saber qué buscás acá, si es que buscás algo. Quiero saber qué esperás de estas palabras, que no son más que letras acomodadas. Quiero saber qué querés. Quiero saber.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)

















