viernes, 25 de julio de 2008

Yo desde mí

Puedo pasar de la desesperación a la total tranquilidad en un segundo. También de la más infantil alegría a la total oscuridad del pesimismo realista en un abrir y cerrar de ojos. Tengo la intolerable desdicha de la ultra sensibilidad. Puedo crear un mundo a partir de una piedra en el zapato. Puedo criticar cada canción que escucho sin ser capaz de crear media melodía. Puede un gesto casi invisible transformar mi destino y la valoración que tengo del mundo entero. Llevo con alegría desmesurada mi ropa psicópata. Escucho lo que dicen de mí pero sigo siendo igual aunque me cueste la vida. Aunque trato de disfrutar lo simple, mi elevado grado de crítica sobre todo me hace entristecer muchas veces al día. Puedo amar y odiar a la vez y justificar con argumentos sólidos que eso no es una contradicción. Me permito vicios secretos aunque con alto grado de culpa inmanejable. Hablando de culpa, siento culpa hasta por estornudar. Hasta hace poco creía una idiotez eso de “la gente común” cuando cierta celebridad se refería a gente desconocida, hoy lo estoy reconsiderando. Todo lo que hago es pensando en hoy, mañana puedo hacer lo contrario y creo que eso está bien. Puedo ser tan callado como locuaz. No creo en el destino escrito de antemano, aunque algo inexplicable hay en los caminos de todas las vidas. No creo en la vida después de la muerte, aunque no creo que la muerte sea sólo apagar la luz. Muchas veces siento que me pesa vivir, otras que el peso solo lo pongo al plantear estas cuestiones. Podrán decir lo que quieran, sexualmente hablando no hay como un buen beso. Cada vez que miro a mi alrededor veo menos gente querida. Nadie puede medir mis alas, ni siquiera yo, mucho menos cortarlas. El humo que libera este pasto cultivado quizás en Bolivia trota por mi sangre y limpia con Odex los rincones del cerebro, liberando alguna que otra buena idea: la naturaleza es sabia. Puedo jurar que amo con la misma cara que compro un Camel diez, o no. Casi nunca me fijo en el cuerpo, a veces sí. El teléfono celular atenta contra la comunicación verdadera; hace poco una amiga me decía cuánto le perturbaba estar compartiendo una mesa con alguien y que la conversación se interrumpa abruptamente por la campanilla del mensaje de texto. Si eso no es deteriorar la comunicación, díganme qué es. Puedo ser ahora el hombre más demostrativo de afecto y en diez minutos una pared de acero inerte. Seamos honestos, nada bueno puede durar por mucho tiempo. Dios existe. En la puerta del cielo dice “enseguida vuelvo”. El mucho ruido es al silencio lo que la mucha luz es a la oscuridad. Todo tiene su costado inasible, Charles Peirce lo explicó bien. Los verdaderos artistas no pueden ser sino seres desdichados; aunque brillen por fuera la almohada amanece siempre mojada. Tengo la capacidad de escuchar a los demás de tal manera que parece que su discurso me es muy interesante, a esto lo llamo “siesta diurna”. No sé diferenciar lo que pienso de lo que siento, porque de hecho no hay diferencia. La buena suerte me esquivó mucho tiempo, pero el vino y piernas al lado nunca faltaron. Considero valiente al que se ridiculiza concientemente. No me busquen en las calles, de día, búsquenme en los bares, de noche. Siento cierto fiero miedo ciego, cielo quiero, niego quieto y riendo pienso. El papel en blanco es una tortura, como la guitarra enfundada, como el pincel duro de pintura, como la vida de los cagones meticulosos. La llave de mi corazón ha sido arrojada en algún lugar del océano Pacífico y no tiene copia. De verdad, me hubiera gustado ser árbol, pero de esos que se ven desde cualquier ruta argentina, un álamo quizás, y tener muchos pájaros en mis ramas, sentir el agua por dentro, mis raíces moverse, mi cielo y mi sol, poder silbar y disfrutar de mi desnudez otoñal sin vergüenza alguna. Cuidado con la gente simpática, algo está tramando. Definitivamente la mujer debería tomar el toro por las astas y asumir su rol protagónico en cada suceso de la historia. No me culpen, para eso estoy yo. Quien se libera de las culpas tiene media batalla ganada. Mi muerte será por una falla cardíaca, igual no pienso apagar el faso ni un segundo antes. “Puedo escribir los versos más tristes esta noche” (pero igual no llegarán ni al tobillo de lo que mi corazón siente). Puedo dejar a una mujer simplemente para reconquistarla: no hay mejor estado de enamoramiento que el que uno siente cuando busca recuperar un amor perdido. Puede seguir amando uno una vez cumplido el objetivo, pero ya no será igual.

Refutación de la refutación del regreso

“El Regreso no es posible”. Dice Ricardo Poullet, un gran filósofo y pensador. Y cuando habla de Regreso, se refiere a ese regreso que todos anhelamos, al de volver a tiempos pasados. Su argumentación es muy sólida, porque además de detallar unas cuantas incongruencias con respecto al Regreso, asegura que aún volviendo no se vuelve.
Citemos a Poullet: “¿ De qué nos sirve volver a tener diecisiete años sabiendo lo que nos espera? Para ser más puntuales: ¿Declararíamos nuestro amor con tanta emoción a esa rubia adolescente que luego nos rechazaría redondamente?... Seguro que no.” Y fue aún más lejos: “Toda situación que protagonizáramos no sería para nada igual a la primera vez, seríamos un testigo de lujo de nuestros propios olvidos...”
El hombre tiene los pies sobre la tierra. De todas maneras yo creo que hay una forma de Regresar verdaderamente. Una forma que nos permite ser protagonistas, un Regreso en el cual nada es previsible.
Mi Regreso es a través de los sueños.
Los sueños son considerados como algo estéril, que mueren al despertar. Pero a caso no muere la vida cuando apenas uno despierta? ¿No es soñar la manera de vivir situaciones que durante la vigilia nos acosan inconscientemente?
No hace mucho tiempo soñé con el pibe que era hace unos cuantos años. Tenía aquel pantalón azul oscuro que me había traído una tía ya fallecida de un viaje a España, las zapatillas Flecha blancas y la camisa celeste con bolsillo en el lado izquierdo. Estaba en la puerta de mi casa en el barrio de La Paternal, y estábamos todos: el turco Amín, el rulito, el gordo, Juan Cruz, el zurdo y yo. Estábamos jugando a las escondidas. El zurdo “la estaba contando”; “... y el que no se escondió se embroma.”Gritó. Yo me había refugiado atrás del pilar de la casa de don Roque (escondite peligroso teniendo en cuenta el carácter de aquel viejo). Desde allí, agazapado, podía ver al turco y al gordo peleando por ver quién subía más alto al nogal de doña Lita. En ese instante lo vi al zurdo casi a mi lado. Quise entonces saltar de un sólo movimiento el pilar para ir a “la piedra” y salvarme de una casi inexorable próxima ronda contando. Fue allí cuando tropecé y caí de boca al suelo. Me había partido un diente, y no pude (a pesar de la presencia de mis amigos) contener el inevitable llanto. Lloraba mucho. Gritaba. Cuando vi a mi madre salir de mi casa con cara de desesperación desperté. Al separarme de la almohada por la exaltación noté que ésta estaba completamente mojada, al igual que mi rostro. Estaba llorando. Podía aún sentir el dolor de ese diente quebrado. Todo ese día recordé los rostros de aquellos vagos mejor que nunca. Había Regresado.
Me levanté entre una mezcla de alegría y de tristeza. Abrí la ventana y aquel pilar ya no estaba, ni el nogal, ni el zurdo, ni nadie. Tuve la certeza de que los volvería a ver otra vez. Me sentí perdido, sin una edad determinada. Me consolé con La Esperanza de que ellos también Regresaban. Tuve la sensación además de que en ese momento estaba pateando un penal en la almohada de algún viejo amigo.
Regresar es posible. Sólo el que olvida no Regresará jamás y ese nunca podrá ser nuestro amigo.






*Ricardo Poullet es un personaje ficticio.

domingo, 15 de junio de 2008

Secuencia

Qué bien ese pasto, fue una caricia más que humo lo que dejó. Pocas palpitaciones, cero paranoia, cero culpa. Las plantas le hablan, lo llaman por su nombre, cantan con felicidad y brindan a su salud con vasos imaginarios y sus manos de tallo. El mar del cuadro tiene olas de dos metros y a lo lejos, en el fondo de la secuencia, se ve cómo los pescadores de barba plateada juntan parsimoniosamente la red vacía. Cosquilleo en los brazos, temblor en el labio superior, costado derecho semirígido. Las agujas del reloj se abrazan a las seis y media. Su alma en bajada y con viento a favor. Se ríe y se busca en el espejo. Enciende la luz, la diferencia de tiempo entre la presión de su pulgar sobre la tecla y la aparición lumínica desde los sesenta watts fue de ocho segundos. No fue falla de la tecla. Parado frente al cuadrado marco especular se refleja con los ojos sangre. Una mano aparece en el espejo, se ríe aún más porque en el rincón más oscuro de su subconsciente sabe que todo esto es producto de la naturaleza. El espejo le devuelve su imagen detrás de una nube. La superficie del vidrio es un río que se mueve, y él se ve ahí danzando en el agua marrón, con una sonrisa que no es propia de él normalmente. El hambre espera. Miles de imágenes se superponen, es un collage de recuerdos vivos. Sin el efecto de la planta estas imágenes no serían tan nítidas. El subconsciente aflora, se muestra sin vergüenza, se manifiesta cuando se rasca la entrepierna sin importarle que alguien pueda verlo . Se ríe satánicamente, quiere encender otro y no tiene. Se angustia una milésima de segundo y luego se vuelve a reír. La música se termina, pone repeat. La escucha a lo lejos, como si viniera de la casa de al lado, con retrazo ¡pero el parlante está frente a él! El olorcito a pastel de papas del otro día lo envuelve. Las voces de ausentes susurran como abrazos presentes. Pelea de gatos o carrera de kartings en la bachicha, heladera vacía. Pan duro, manteca. Qué rico. Sprite sin gas, qué rica. En bolas frente a la pantalla. Se imagina que si le da un infarto y se muere lo van a encontrar en pelotas con el cenicero repleto de pasto quemado y se asusta. “¿Si me muero cómo le voy a explicar al mundo desde el hueco oscuro de mi tumba que esto no era mío, que estaba ahí cuando llegué?” Se pone el calzoncillo al revés. Se ríe. Ni loco se lo saca para ponérselo bien. Le mentiría al mundo desde la tumba, cuando le fueran a poner flores de vez en cuando, para algún doce de octubre o alguna Navidad. Todo se opaca por sus pensamientos grises. Se tira en el piso helado. La lámpara, cementerio de moscas, hace círculos cada vez más grandes. Va a chocar. ¿Va a chocar? Se prende la televisión. Se apaga. Algo se prende fuego. ¿Es afuera o adentro? La cero paranoia de antes ahora es cero coma uno. Una serpiente recorre sus tripas, le agrada la sensación de su piel escamosa por dentro de las achuras. Se para. Se tira en el sillón. El geranio lo mira espantado, sabe lo que piensa, nunca le gustó esa planta. Algo personal tiene con él, seguro. Una araña le recorre el brazo. No intenta detenerla, se siente acompañado. Trepa con sus extensas y flacas patas hasta el cuello, luego por un costado trepa hasta su oreja, parece sentarse de rodillas y le pide una moneda. “No tengo má” le contesta. El bicho se va refunfuñando. Desde la puerta de su cueva hace un gesto "tipo fuck you" pero en su idioma. La corre con la chancleta para hacer justicia pero la muy veloz se escapa aprovechando su diminuto tamaño. Vuelve al sillón un poco mareado. Alguien se lo corrió, terminó en el suelo. Eso dolió carajo. Como el Conde de Montecristo se siente bien contra lo duro y liso del piso. Fría sudoración. Sueño lejano. Ojos como platos. El corazón cumple. Mueve las piernas, los dedos. Se sienta luego en una silla de madera. El mar del cuadro se serena, los marineros ya juntaron sus redes. Sale la luna y se refleja en el agua calma. Las agujas del reloj siguen abrazadas a las seis y media. Ve una foto sobre la mesa que tiene vida, los que posan dicen güisqui, por detrás de los que posan un perro ladra. De pronto el flash que los enceguece, el grupo se desarma y cada uno va en busca de su vaso. Brindan por un año mejor. Comen nueces y beben sidra. Quita la mirada de la foto y la ubica como puede en un almohadón verde manzana. Noble invento el almohadón. Vuelve los ojos a la foto. El tiempo allí regresó y están todos posando, inmóviles. Rompe la foto. Intenta pararse, las piernas no son suyas. Se niegan a su orden a través de su quietud. Se ríe de sí mismo. Apoya los brazos cruzados sobre la mesa y la cabeza sobre los brazos. Escupe. La saliva rumbea hacia el borde de la mesa ayudada por Newton. Se duerme. Se para horas después y es de día. Se viste. Marineros estáticos, recuerdo de la araña, almohadón inanimado, lámpara gris. El timbre suena y lo devuelve a la otra realidad.

miércoles, 11 de junio de 2008

La mucha luz es como la mucha sombra: no deja ver*

(segunda edición en este blog)


El uso de los alucinógenos puede equipararse a las prácticas ascéticas: son medios predominantemente físicos y fisiológicos para provocar la iluminación espiritual. En la esfera de la imaginación son el equivalente de lo que son el ascetismo para los sentidos y los ejercicios de meditación para el entendimiento. Para ser eficaz el empleo de las sustancias alucinógenas ha de insertarse en una visión del mundo y del trasmundo, una escatología, una teología y un ritual. Las drogas son parte de una disciplina física y espiritual, como las prácticas ascéticas.
Las drogas no son fines sino medios. Si el medio se vuelve fin, se convierte en agente de destrucción. El resultado no es la liberación interior sino la esclavitud, la locura y no la sabiduría, la degradación y no la visión. Esto es lo que ha ocurrido en los últimos años. Las drogas alucinógenas se han vuelto potencias destructivas porque han sido arrancadas de su contexto teológico y ritual. Lo primero les daba sentido, trascendencia; lo segundo, al introducir períodos de abstinencia y de uso, minimizaba los trastornos psíquicos y fisiológicos. El uso moderno de los alucinógenos es la profanación de un antiguo sacramento, como la promiscuidad contemporánea es la profanación del cuerpo.
La acción de los alucinógenos es doble: son una crítica de la realidad y nos proponen otra realidad. El mundo que vemos, pensamos y sentimos aparece desfigurado y distorsionado; sobre sus ruinas se eleva otro mundo, horrible o hermoso, según el caso, pero siempre maravilloso. (La droga otorga paraísos e infiernos conforme a una justicia que no es de este mundo, pero que, indudablemente, se parece a la del otro según lo han descrito los místicos de todas las religiones.) La visión de la otra realidad reposa sobre las ruinas de esta realidad. La destrucción de la realidad cotidiana es el resultado de lo que podría llamarse la crítica sensible del mundo. Es el equivalente, en la esfera de los sentidos, de la crítica racional de la realidad. La visión se apoya en un escepticismo radical que nos hace dudar de la coherencia, consistencia y aun existencia de este mundo que vemos, oímos, olemos y tocamos. Para ver la otra realidad hay que dudar de la realidad que vemos con los ojos.
David Hume decía: “Nada cierto podemos afirmar del mundo objetivo y del sujeto que lo mira, salvo que uno y otro son haces de percepciones instantáneas e inconexas ligadas por la memoria y la imaginación. El mundo es imaginario, aunque no lo sean las percepciones en que, alternativamente, se manifiesta y se disipa”. Agrega: “When I view this table and that chimney, nothing is present to me but particular perceptions, which are made with all other perceptions”.
Lo que llamamos realidad no son sino “descripciones del mundo, pinturas”. Estas descripciones no son más sino menos consistentes e intensas que las visiones del efecto de la alucinación en momentos privilegiados. El mundo y yo: un haz de percepciones percibidas (¿emitidas?) por otro haz de percepciones.
La consecuencia son los escépticos. Como tal, usan la razón para mostrar las insuficiencias de la razón, su sinrazón secreta. La sinrazón de la razón, la incoherencia, aparecen también en la crítica de la razón. Para no contradecirse el escéptico tiene que cruzarse de brazos, resignarse al silencio y a la inmovilidad. Si quiere seguir viviendo y hablando debe afirmar, con una sonrisa desesperada, la validez no-racional de las creencias.
La función del humor no es distinta de la de las drogas, el escepticismo racional y los prodigios: Los brujos del humor se proponen a través de estas manipulaciones romper la visión cotidiana de la realidad, trastornar nuestras percepciones y sensaciones, aniquilar nuestros endebles razonamientos, arrasar nuestras certidumbres, para que aparezca la otra realidad.
El mundo de todos los días es el mundo de todos los días. Pero la otra vida está aquí. Sí, allá está aquí, la otra realidad es el mundo de todos los días. En el centro del mundo de todos los días centellea, como el vidrio roto entre el polvo y la basura del patio trasero de la casa, la revelación del mundo de allá. ¿Qué revelación? No hay nada que ver, nada que decir: todo es alusión, seña secreta, estamos en una de las esquinas del cuarto de los ecos, todo nos hace signos y todo se calla y se oculta. No, no hay nada que decir.






*Título original: La mirada anterior. Este collage de párrafos seleccionados caprichosamente de la pre-introducción al libro “Las enseñanzas de Don Juan” de Carlos Castaneda, fue escrito por Octavio Paz el 15 de septiembre de 1973.

Worker


Hopes


Quizás

Maldita fijación. Es inevitable. Piensa en la vida y la asociación con la muerte es instantánea. Como si dentro de su cabeza las autopistas alternativas de sinapsis estuvieran derrumbadas. Se mira y mira a su alrededor, la gente que quiere, que comparte momentos junto a ella, que la quiere y cree que la quiere, y se transporta a un tiempo en el que ya no estarán. Ve su tumba y las de ellos, desparramadas, solas. Y entonces se angustia, ve oscuro. La esperanza del reencuentro sin cuerpos la reconforta por segundos. Luego lo real, lo palpable. Una tumba, un nombre y quizás una flor. Y nada más. Dos días en la tierra que duran dos horas. Y entonces teje un monólogo mental argumentando y enumerando todas las rengas razones para ser feliz, para ser menos humano y más animal. Y se rescata de la cuerda o de alguna bala. Y después sirve café. Alguna tarea distrae su parte subconsciente. Esconde su Schoppenhauer latente y la vida sigue.

Quizás más tarde ría o llore. Quizás algún día sepa contentarse con la simpleza de un sol tibio o la lluvia mojando la tierra.

Quizás.

martes, 22 de abril de 2008

Road to anywhere


Sin embargo


lunes, 21 de abril de 2008

Lenguaje y realidad


¡Ey! (Respuesta a mail revelador)

¡Ey, gracias por el mail! Me alegra sinceramente saber que tus cosas han mejorado y que tus afectos se encuentran con buena salud.

El párrafo del prólogo que me mandaste es muy interesante. Podría hacerte algunos comentarios sobre este minitexto, pero -honestamente- no me parece que pueda escribir todo lo que se me ocurre. Cuestión de tiempo nomás.
¡Ya sé lo que puedo hacer! ¿Quién mejor que F. Nietzsche para hablar de lo que este tal Grüner dijo de él? Con lo que transcribo, quizás entendamos mejor las reflexiones primeras. Al menos intentémoslo. Es Nietzsche cien por ciento, es TEXTUAL, (sacado de "Introducción teorética sobre la verdad y la mentira en el sentido extramoral", 1873).

Que lo disfrutes. O no.

Nietzsche (1): "El arte del disimulo alcanza su punto culminante en el Hombre, donde la ilusión, la lisonja, la mentira, el engaño, el cotilleo, los aires de suficiencia, la vida del brillo falso, el enmascaramiento, el convencionalismo encubridor, teatralería ante los demás y ante uno mismo, hasta tan punto se han convertido en ley y en norma que prácticamente no existe nada más incomprensible que la aparición entre los hombres de un instinto noble y puro de verdad. El Hombre se encuentra profundamente inmerso en ilusiones e imágenes oníricas, su ojo se limita a resbalar sobre la superficie de las cosas para ver `formas`".

Grüner (2): "¿No le oculta al Hombre la naturaleza la mayor parte de las cosas, incluso las relativas a su cuerpo, en el fin de desterrarlo y encerrarlo en una conciencia altiva y quimérica, aislado de los repliegues de sus intestinos, de la rápida corriente de su sangre, de las complejas vibraciones de sus fibras? ¿De dónde habría de venir, entonces, en todo el mundo, el instinto de verdad?"

Nietzsche (3): "En este momento se fija lo que en adelante debe ser "verdad", es decir se ha encontrado una designación de las cosas uniformemente válida y obligatoria y las leyes del `lenguaje` facilitan las primeras leyes de verdad. Pero... ¿Coinciden las designaciones de las cosas con las cosas? ¿Es el lenguaje la expresión adecuada de las realidades? Sólo en virtud de su capacidad de olvido puede el Hombre llegar a creer que está en posesión de una "verdad" en el grado en que acabamos de señalar.""Con la palabra no se llega nunca a la cosa en sí. El creador del lenguaje se limita a denominar las relaciones de las cosas para con los hombres y para expresarlas acude a las metáforas más audaces. No tenemos más que metáforas de las cosas. Entonces ¿qué es la verdad? Una multitud en movimiento de metáforas, metonimias, antropomorfismos: en una palabra, un conjunto de relaciones humanas que, elevadas, traspuestas y adornadas poética y retóricamente, tras largo uso el pueblo considera firmes, canónicas y vinculantes: las verdades son ilusiones de las que se ha olvidado que lo son, metáforas ya utilizadas que han perdido su fuerza sensible, monedas que han perdido su imagen y que ahora entran en consideración como metal, no como tales monedas".

Grüner (4): "Al Hombre le cuesta darse cuenta que el insecto o el ave perciben un mundo totalmente distinto al que él percibe, y que carece totalmente de sentido cuál de las dos percepciones del mundo es más correcta. O las dos son correctas, o ninguna."

Nietzsche (5): "El Hombre, al establecer nuevas metáforas, nuevas transposiciones, etc. confunde constantemente las rúbricas y las celdas de los conceptos. Este instinto es fundamental y no se puede prescindir de él.""El Hombre tiene una tendencia coercible a dejarse engañar y se siente como arrebatado de felicidad cuando el rapsoda le relata cuentos épicos como si fueran verdaderos o cuando el acto representa en la escena al Rey con rasgos más regios que en la realidad. Todo lo que hace actualmente comporta el disimulo."

Me gustaría decirte que esta especie de diálogo como círculo discursivo Nietzsche (1)-Grüner (2 y 4) –Nietzsche (3) (no hace falta que te aclare que Grüner leyó primero las palabras de FN y después pudo pensar su prólogo, esa sería la etapa (2); la (1) es la semilla puesta por F.N.; y la (5), la respuesta que yo le ofrezco a Grüner) –recortando y recontextualizando- a través de las palabras de FN. (Eliseo Verón sin colar: Condiciones de producción / reconocimiento / producción). Las conclusiones del prólogo de Grüner son verdaderamente reveladoras para quien no ha leído Nietzsche, Marx o Freud (de éste último debo admitir que he leído muy poco). Pero ¿no es un poco obvio lo que dice Grüner? Te pregunto nomás... Siempre interpretamos interpretaciones, siempre. El sociólogo que estudia la sociedad no tiene más armas que lo que esa sociedad piensa (interpreta) de sí misma. A Freud no le quedaba otra que decir "…a ver señor, que soñó anoche?" A Marx no lo quedaba otra que entender lo que la burguesía entendía de la sociedad misma. ¿Como podía hacer Nietzsche para interpretar la Moral en Occidente? No podían "agarrar" un sueño, no podían poner en una cajita al capitalismo, no podían enjaular la Moral de Occidente, no podían, en fin, poner el mundo dentro de un laboratorio.
¡Les quedaba interpretar! Y ese "interpretar" es siempre interpretar lo interpretado ¡Peirce se hizo presente! ¿¡Cuándo no..!? ¿Algo escapa a Peirce?Grüner dice en este sentido: "Se trata, siempre, de una interpretación que hace ver que esos discursos que examina son, justamente, interpretaciones -"producciones" de sentido- y no meros objetos complicados de descifrar…” (cosificación de lo inherentemente humano), “…con un sentido dado desde siempre que sólo se trata de re-descubrir." ¡Perfecto! Pero obvio. ¿Cómo aprehendería el "objeto" la “cosa”, señor Grüner? Su pensamiento como respuesta a mi pregunta es correcto (opino yo): “interpretando”, demoliendo cualquier mirada Positivista de la Ciencias Humanas, profundizando la Hermenéutica, lo que he llamado la “Interpretación Infinita”.
Y termina Grüner: "Se trata, en fin, de quebrar esa armonía y ese bienestar, de transformar al sujeto, mediante la interpretación, en algo insoportable para su propio discurso y quizás dejarlo, momentáneamente, sin palabras." Al menos en Marx y en Nietzsche eso es así.
Me gustó mucho leer el prólogo. Aunque parezca que lo critico (sé que pensarás… “¿quién es este muchacho para criticar a alguien?”. A lo que sólo puedo contestar, “¿quién puede ser tan idiota como para pararse sobre una verdad que nunca existirá en todo sentido y que por lo tanto podrá ser criticada?” I mean It’s good to have an opinion, but not all of them worth the same).

Quizás en esa última frase de Grüner esté el sentido, el carozo, el corazón de porqué amas a tu carrera. Quizás ese "quiebre de armonía" no sea otra cosa que "la revolución del proletariado" a través de la toma de conciencia de esa clase "en sí" (Marx was speaking to us). Quizás esa "transformación del sujeto" no sea otra cosa que la elaboración de nuevas metáforas de la realidad, eliminando y reemplazando ciertos engaños (asumidos por otros y nos-otros) por lo que podemos llamar una aproximación mas justa hacia la verdad . (Nietzsche was speaking to me). Digamos, las caras de la luna son –al menos- dos.
"Dejar a alguien sin palabras" en el sentido que creo que lo dice el tipo éste, es nada más y nada menos que encontrar el hueco, el momento para recargarlo con palabras nuevas, y ¿porqué no? más justas. Ojalá que exista esa oportunidad algún día. De nosotros depende. Asumiendo nuestra obligación de rellenar con nuevas ideas lo material-perceptible. Cambiando, resignificando y desconfiando de retinas ajenas. Por eso VOS sos importante, por eso hay que
escapar para adelante. Siempre.

Un abrazo.

Luciano

viernes, 28 de marzo de 2008

Dios estás


Tu tumba

El agua que moja tu tierra
El sol que entibia tu amor,
La luna testigo de tu paciencia
Y del aire que ya no faltará

Y

Las flores que adornan tus pies
La Cruz que corona tu sien
El bronce que luce tu nombre
La carne que ya no será necesaria

Y

Me arrodillo ante tu cuerpo
Que no se borrará jamás,
Mi último grito abrirá tus ojos
Para yo parirte a ti.

Enigma


Waitin` the parca


Como tarados (o mi clase media querida)





Pretenden hacernos creer que el dinero es escaso. Nos enseñan y nos preparan en la familia y en la escuela para el trabajo, para vender nuestra fuerza de brazos y nuestra fuerza creativa a cambio de una remuneración. Estamos destinados desde el primer día a ocupar un lugar en la sociedad. A grandes rasgos, existen los de arriba, los de abajo y los del medio. Según la época habrá más en el medio o más abajo, pero los de arriba son siempre los mismos. Lo que está bien de lo que está mal está bien diferenciado por quienes detentan el poder, ya sea el Estado, los ricachones o los pobretones que quieren ser como los ricachones. Uno crece con los ojos casi cerrados, sin ver cómo los adultos de la familia se pelan el culo para subsistir. Y uno no sabe que ese será el destino de cada uno. Sueño de casa propia, los chicos bien comidos, útiles nuevos en cada marzo, autito bien parado, si es posible renovarlo cada dos años, vacaciones en la Feliz y así por generaciones.
Nos criaron como tarados. Nos enseñaron que el patrón es el patrón, y que hay que respetarlo. Nos enseñaron que uno debe aspirar a “tener más” y no a “ser más”. Extraña paradoja ya que lo que al trabajador le dan a cambio de su fuerza no es más que lo necesario para seguir dependiendo de un trabajo que –generalmente- odia (el ochenta por ciento de la gente según una encuesta hecha en Buenos Aires quiere cambiar su trabajo), lo que le pagan es una décima parte de lo que merece, de lo que podría ganar si el cuchillo de la torta fuera menos injusto. Esta enseñanza del deber, de la moral, de la ética, de la responsabilidad, de la culpa, es tan inconsciente que muy pocas veces la cuestionamos, la ponemos a prueba. Nos dijeron que la escuela es obligatoria, y al finalizarla la elección posible será la de seguir estudiando o buscar un trabajo en algún fast food. Porque para puestos jerárquicos hay mecanismos discriminatorios. Uno no tiene experiencia a los diecisiete pero cuando la tiene a los treinta ve que los puestos mejor remunerados son para otros que desde siempre estuvieron más arriba. Porque su posición económica fue mejor desde generaciones, porque sus relaciones son entre gente de la clase alta.
Nos definen la violencia de una manera –al menos- arbitraria y extraña. Es violento cortar Corrientes y Nueve de Julio, demorar a los automovilistas. Es violento apedrear una fábrica cuyos dueños cesantean cientos de empleados argumentando quiebras y usando raras movidas pseudolegales. Es violento sólo el que roba, el que putea. Sólo es violento el que sale con un palo a la calle, el que mata.
Nos enseñaron que toda esa violencia está mal. Pero nos estaban mostrando la mitad de la película, lo que a ellos les convenía que viéramos. ¡Nos engañaron! Pero, ¿quiénes?

(continuará)

Como tarados (o mi clase media querida)

Pretenden hacernos creer que el dinero es escaso. Nos enseñan y nos preparan en la familia y en la escuela para el trabajo, para vender nuestra fuerza de brazos y nuestra fuerza creativa a cambio de una remuneración. Estamos destinados desde el primer día a ocupar un lugar en la sociedad. A grandes rasgos, existen los de arriba, los de abajo y los del medio. Según la época habrá más en el medio o más abajo, pero los de arriba son siempre los mismos. Lo que está bien de lo que está mal está bien diferenciado por quienes detentan el poder, ya sea el Estado, los ricachones o los pobretones que quieren ser como los ricachones. Uno crece con los ojos casi cerrados, sin ver cómo los adultos de la familia se pelan el culo para subsistir. Y uno no sabe que ese será el destino de cada uno. Sueño de casa propia, los chicos bien comidos, útiles nuevos en cada marzo, autito bien parado, si es posible renovarlo cada dos años, vacaciones en la Feliz y así por generaciones.
Nos criaron como tarados. Nos enseñaron que el patrón es el patrón, y que hay que respetarlo. Nos enseñaron que uno debe aspirar a “tener más” y no a “ser más”. Extraña paradoja ya que lo que al trabajador le dan a cambio de su fuerza no es más que lo necesario para seguir dependiendo de un trabajo que –generalmente- odia (el ochenta por ciento de la gente según una encuesta hecha en Buenos Aires quiere cambiar su trabajo), lo que le pagan es una décima parte de lo que merece, de lo que podría ganar si el cuchillo de la torta fuera menos injusto. Esta enseñanza del deber, de la moral, de la ética, de la responsabilidad, de la culpa, es tan inconsciente que muy pocas veces la cuestionamos, la ponemos a prueba. Nos dijeron que la escuela es obligatoria, y al finalizarla la elección posible será la de seguir estudiando o buscar un trabajo en algún fast food. Porque para puestos jerárquicos hay mecanismos discriminatorios. Uno no tiene experiencia a los diecisiete pero cuando la tiene a los treinta ve que los puestos mejor remunerados son para otros que desde siempre estuvieron más arriba. Porque su posición económica fue mejor desde generaciones, porque sus relaciones son entre gente de la clase alta.
Nos definen la violencia de una manera –al menos- arbitraria y extraña. Es violento cortar Corrientes y Nueve de Julio, demorar a los automovilistas. Es violento apedrear una fábrica cuyos dueños cesantean cientos de empleados argumentando quiebras y usando raras movidas pseudolegales. Es violento sólo el que roba, el que putea. Sólo es violento el que sale con un palo a la calle, el que mata.
Nos enseñaron que toda esa violencia está mal. Pero nos estaban mostrando la mitad de la película, lo que a ellos les convenía que viéramos. ¡Nos engañaron! Pero, ¿quiénes?

(continuará)

jueves, 27 de marzo de 2008

Ángel y demonio

Hubo una vez un ángel que lo acompañó sobre su hombro derecho. Supo haber al mismo tiempo un demonio que le acosó el oído izquierdo. Muchas veces, a pesar del claro susurro izquierdo, creyó que quien lo aconsejaba era el ángel. Su confusión rara vez se dio al revés. Cuando quien le hablaba era el ángel casi nunca dudaba de sus palabras, tomándolas como aciertos que debía atender. Pero muchas veces el demonio lo engañaba, endulzándolo con juegos de palabras que lo llevaban al error inexorable, creyendo que las argumentaciones provenían del angelito celeste.
Así vivía Abel, consultando con el ángel a veces, oyendo al demonio otras. Casi siempre ángel y demonio terminaban a los gritos. Su cabeza, aturdida, finalmente trataba de aceptar los consejos del lado derecho. Abel siempre se preguntó porqué el ángel se situaba a la derecha, como sinónimo de que lo derecho fuera lo esperadamente correcto y lo proveniente de su lado izquierdo fuera lo impulsivo, condenable e impuro. Se preguntaba también si era paradójico que el corazón estuviera del lado izquierdo o si esto confirmaba que el corazón atenta contra lo derecho y por lo tanto debe ser reprimido.
Más de una vez el ángel se quedaba dormido, y alcanzaba sueños tan profundos que podía dormir por semanas. Al despertar, el ángel se encontraba con situaciones que reprochaba a Abel, dejándole la oreja del color de un tomate. El diablo, que no pegaba un ojo nunca, sabía imitar la voz del ángel, y se dedicaba a perjudicarlo en cuanta oportunidad se le presentara. Otras veces, al verlo dubitativo, simplemente le daba a Abel el empujón necesario para tomar coraje y decidir según sus impulsos. Si había una palabra que al diablo le provocaba satisfacción, era la palabra “impulso”. Su posición al respecto era tajante: “Uno debe seguir sus impulsos, es la única manera de sentirse completo. Nada de culpas posteriores o planteos de arrepentimiento. Uno es uno solo y la mirada de los demás no cuenta. Lo que uno quiere hacer debe hacerlo, más allá de las consecuencias. Lo contrario lo hace a uno desdichado, inferior.” En este sentido consideraba a los animales una raza superior al hombre, con sentidos más agudos, actuando por instintos, matando y muriendo sin preguntarse jamás “por qué”.
Abel confiesa que se ha engañado en no pocas oportunidades, sosteniendo que quien le hablaba era el ángel, pero sabiendo en el fondo de la cuestión que era la voz del de colorado la que lo guiaba. Acepta además haber amordazado alguna vez al ángel, vedando su lengua para no escuchar lo que no quería escuchar. Luego, cuando le soltaba la lengua sus sermones eran interminables, al punto que esperaba a que Abel se durmiera para despertarlo a los gritos. La palabra preferida del ángel era “culpa”. Muchas veces le repetía, luego de haber sido testigo de algún acto pecaminoso: “Debes repetir `Es mi culpa…es mi culpa…es mi culpa…´ unas cien veces, eso te aliviará”. Y él lo hacía, y muchas veces perdía la cuenta porque las carcajadas del diablo lo distraían. “Ya es tarde”, le decía el diablo entre risotadas, “lo hecho hecho está”. Y el ángel le contestaba por detrás de su nuca. Y el diablo, que siempre tenía respuesta, no se quedaba atrás.
Pobre Abel. Hubo un día sobre su mollera una gran discusión entre ángel y demonio que por poco y termina en un manicomio. Fue la primera vez que vio al ángel ponerse completamente rojo, furioso, a punto de blasfemar. El diablo, que sabía que iba ganando la contienda con comodidad, no hacía más que burlarse de él y apuñalarlo con ejemplos de porqué los ángeles eligen siempre el camino equivocado al momento de ayudar. A los gritos, el ángel le ordenaba silencio, le hablaba en una lengua extraña y provocaba en el diablo más serenidad, más ironías, sarcasmos, soberbia. En un momento de la disputa el diablo se puso a cantar y a bailar obscenamente, gesticulando, gritando barbaridades, como quien goza con carne y huesos de una victoria inminente. Los ojos de Abel iban de un lado al otro, dibujando en el aire una medialuna horizontal. Luego de horas, su cabeza estaba a punto de estallar. Siempre que las reyertas llegaban a este punto trataba de dormir, o se metía bajo la ducha, lo cual parecía molestarle a ambos, generando al menos una pausa en estas luchas intensas. Pero esta vez no había caso, se gritaban mutuamente, cada uno sosteniendo lo suyo. Y Abel ahí, en el medio, literalmente en el medio. Esa vez tenía que poner fin a la situación de cualquier manera. Trató de hablarles, darles la razón a ambos parcialmente. Pero lo obligaban a callar y obedecer. El ángel le reprochaba con rencor actitudes pasadas, acusándolo de no ver la verdad y el camino correcto. El diablo lo tentaba con propuestas concretas, aprovechando sus debilidades.
Entonces Abel explotó.
Por primera vez logró callarlos de un solo grito. Ahora iban a escucharlo. Al menos por un minuto, pero iban a tener que escucharlo. Y con lágrimas en los ojos les rogó que lo dejaran en paz. De rodillas se los suplicó. Al diablo este gesto no le agradó en lo más mínimo, pero al ver su rostro desencajado, optó por no emitir sonido. “Ya, aléjense de mí. Así no puedo vivir más, entre los impulsos y la culpa. Entre el instinto y el arrepentimiento posterior. Entre lo que debo y lo que quiero. Se los suplico, ya váyanse. ¿Acaso no se dan cuenta de lo infeliz que me hacen? Quiero que se vayan, no los quiero más en mi vida”. En ese instante el diablo le levanto el brazo izquierdo y colocó en su mano un revólver cargado. Le dijo con una sonrisa “¿quieres la solución a tu desdicha?, pues aquí la tienes”. El ángel, con cara de espanto, le suplicó a Abel que no lo hiciera, que si cometía la locura de quitarse la vida le estaría entregando su alma al diablo, pero reconoció a la vez que no había salida a esta encrucijada, que debía vivir hasta el final con ambos sobre su cabeza. El diablo, con voz tranquila, paciente, lo inducía a apretar el gatillo y Abel, para ver la reacción del ángel, se llevó el caño a la sien. “No lo hagas”, le suplicó al ángel, y agregó: “No puedo prometerte mi silencio a partir de hoy si no lo haces, lo siento, pero si lo haces…” y en ese instante, no sé si por error, por impulso o por qué Abel apretó el gatillo. Un ruido seco, que duró en su eco unos cuatro segundos, sacudió la habitación. Y mientras su cuerpo temblaba en el suelo, Abel veía cómo el ángel y el demonio se alejaban cada uno por su lado, dándole la espalda. Vio cómo el ángel atravesó el techo como si fuera éste una nube, ascendiendo entre lágrimas y sollozos. El diablo, en cambio, se posó sobre un retrato y desde allí se quedó mirándolo a los ojos, con una sonrisa casi invisible. El cuerpo de Abel ya no se movía. Sus ojos rojos, que de a poco se iban cerrando, empezaban a sentir un calor indescriptible que se iba extendiendo hasta sus pies. Se miraron hasta el final, mientras el corazón de Abel perdía fuerza y el diablo se hinchaba de satisfacción.
Una vez muerto Abel, el diablo saltó hasta el cuerpo, quedando ambos rostros frente a frente. Luego de unos instantes el diablo abrió sus elásticas y enormes fauces para lentamente tragarse el cuerpo entero de Abel. Al cabo de unos minutos los dos cuerpos fueron uno solo, y el diablo, orgulloso de su victoria, desapareció por un hueco que había en el suelo.
Y yo, que miraba todo desde una ventana, me persigné y pedí perdón por todos mis pecados.

Caballo


Stairs to hell