sábado, 5 de junio de 2010

Sin mitad

Me quedé...
Colgado en el ojo del huracán
En la baldosa floja de tu vereda
Sin el zapatito de tu cenicienta
Sin el paraguas para tu tormenta
Nuestros besos nunca rimaron amor
Ni fui parche para tu corazón
Me voy…
Hasta el ancla de un barco que nunca zarpó
Hacia el cielo del cielo que nunca se vio
Como un ángel borracho de tanto dolor
En la espuma de orillas desiertas de sol
No me mires así…
Como quien mira un perro que busca calor
Con tu gesto y tus manos que me alejan de vos
En cámara lenta no sé que buscás
Como si fuera una coma cuando es punto final
Me quedé…
En un hueco escondido silbando para disimular
Fue un segundo y creí que era la eternidad
Qué poco dura el amor para siempre
Como una mariposa en el jardín de tu vientre
Me quedé…
Ahogado sin rumbo y sin nada que hablar
Revolviendo en recuerdos que nunca fueron verdad
Mirando desde la luna de tu ventana y no más
Y te vas…
A lo lejos veo cómo se escapa mi otra mitad
Qué poco dura el amor para siempre
Como una mariposa en el jardín de tu vientre

sábado, 22 de mayo de 2010

Yo quería ser argentino. Por Sergio Ramírez. Escritor nicaragüense. Ex vicepresidente.

Son pocas las cosas que subo a mi blog y que no escribo yo mismo. Pero esta vez creo que vale la pena.
Luciano.



"Desde la verdura en harapos del trópico bananero, yo quería ser argentino.
En aquellos ya remotos años cuarenta que fueron los de mi infancia.
Un primo rico se daba el lujo de mandar a empastar los números de Billiken, y en esos tomos tan preciados descubrí La dama del perrito de Chejov, y El oso de Faulkner, cuando aquel primo se dignaba prestármelos. Me quedaba leyendo hasta altas horas de la madrugada a la luz de un foco de mano, embozado bajo la sábana, para no ser descubierto en el delito del desvelo, Billiken y también los números de El Peneca. Todavía se sigue llamando penecas en Nicaragua a las revistas de historietas. Y me identifiqué con Patoruzito, el indiecito semidesnudo de las pampas, aprendí lo que era una boleadora y un ombú, y gané mi primer antihéroe en su adversario Isidoro, el porteñito engominado. Civilización contra barbarie.
Aprendí también desde entonces la palabra canillita, porque un niño inválido, que vendía periódicos por las calles de Buenos Aires, apoyándose en una muleta, era capaz de transformarse en el Capitán Maravilla con sólo pronunciar la palabra mágica Shazam (compuesta por las iniciales de Salomón, Hércules, Atlas, Zeus, una que he perdido, y Marte), y ya en su investidura de héroe poderoso abatía puñetazos a la peor ralea de maleantes que se ocultaban en los meandros del barrio La Boca.
Mis libros de lectura de la escuela primaria venían también de Argentina, y me acostumbré a que la bandera patria que figuraba en la primera página de esos libros, tan parecida a la de Nicaragua, tuviera ciertas
ligeras variantes con la mía; apenas un poco más pálidas las franjas azules, y en la franja blanca del centro, en lugar del escudo de cinco volcanes, un sol resplandeciente. Y Eva Perón. En la pobre biblioteca de mi escuela, donde todos los libros alcanzaban en unos cuantos estantes de pino, no había mejor momento para mí que el de entregarme a repasar las páginas de un álbum de fotos a colores de pastel dedicado a aquella primera dama caritativa de moño perfecto y sonrisa angelical, que venía a ser como la reina del mundo, y que tantos años después reviviría para mí en la espléndida novela Santa Evita, de Tomás Eloy Martínez.
Pero también tengo en mi vida a la Editorial Sopena Argentina, con sus libros a dos columnas en los que leí Los miserables, El Conde de Montecristo y Los Tres Mosqueteros, y la Editorial Kraft, que publicaba cuentos japoneses y poemas chinos con delicadas ilustraciones, y aún más tarde, mi encuentro con En busca del tiempo perdido, traducido por Pedro Salinas, en los libracos en cuarto mayor de tapas de cartón y hermosa letra, tal vez de la casa editorial Salvador Rueda, mal me engañe la memoria; más Trilce, El Canto General, El Romancero gitano y Marinero en tierra, unos tomitos en rústica de cubiertas grises, con sello de Losada, tiempos dichosos en que los libros de poesía eran tan baratos. Era la pujante Argentina de Juan Domingo Perón. Una Argentina capaz de llegar con sus masivos embarques de libros hasta las costas de Centroamérica, a los mismos muelles donde atracaban los barcos refrigerados de la flota blanca de la United Fruit Company a recoger los racimos de fruta que eran nuestra insignia de banana republics. Los diputados, decía Sam Zemurray, quien inventó aquel negocio fabuloso del banano, eran más baratos que las mulas, según recuerda en Hora Cero Ernesto Cardenal. Mi infancia pertenece también a la voz de Carlos Gardel en las rocanolas de las cantinas, una voz que venía desde la eternidad, y ante la que lloraban de auténtica pena los borrachos despechados, y sus películas, vistas una y otra vez por el mismo público ávido en el único cine del pueblo, a la luz de las estrellas, y a causa de tanto Gardel en las vidas cotidianas es que a un carpintero de ataúdes, que llevaba las uñas manchadas de maque, lo llamaban Caneja, por aquello de fuerza, caneja, sufra y no llore... Mis libros de lectura escolar hablaban de graneros colmados, ferrocarriles que atravesaban la pampa, infinitos hatos de ganado, barcos que partían pletóricos de mercancías. En el país del que venían los libros y las historietas, los niños iban a la escuela pública de uniforme, como no ocurría en Nicaragua, donde no había siquiera bancos para todos los alumnos. Cómo aquel niño que era yo no iba a querer ser como los argentinos, así como los argentinos querían ser como los europeos.
Pasaron los años. Poco antes de que Perón fuera derrocado, cuando las arcas repletas de lingotes de oro empezaban a vaciarse en el Banco Central de la Nación, gracias a las más variada suerte de corruptelas, y a la mano munificiente de Santa Evita, el viejo Somoza fue recibido con toda pompa en Buenos Aires, y Perón llenó para él la Plaza de Mayo con un millón de personas. Conservo esas fotos, los dos en el balcón de la Casa Rosada, en arreos militares de gala, frente a la inmensa multitud. Más tarde, en triste pago, Perón fue acogido en su exilio en la calurosa y provinciana Managua, y se alojó en los aposentos del Palacio presidencial de Tiscapa. Ese año de 1956 mataron a Somoza, y Perón huyó, temeroso de su mala estrella a refugiarse en brazos de Trujillo a la República Dominicana. Isabelita Martínez, a quien Perón había conocido en Panamá en un night-club, cuando iba precisamente rumbo a Managua, llegó a convertirse en presidenta, y tuvo por consejero áulico a López Rega, un brujo de arrabal que era, además, jefe de una banda de sicarios, una "mano blanca", como las de Guatemala, o El Salvador.
Argentina ya no parecía el país europeo que era en las páginas de mis viejos libros escolares, sino una república bananera, como cualquiera de las nuestras. Una cabaretera presidenta. Un brujo asesino, un prestidigitador del poder. Eso no podía ocurrir sino en una república bananera. Y después, las desapariciones masivas, los prisioneros lanzados desde los aviones en alta mar, enterrados en bloques de cemento en el fondo del Río de la Plata. Eso es lo mismo que ocurría en Guatemala y en Nicaragua. Y luego Menem, un chulo disfrazado de prócer, con patillas a lo general San Martín, también venía a ser tan centroamericano en sus ínfulas perdularias. Ahora que tantos argentinos descuajados de la normalidad de sus vidas se quieren subir a los viejos barcos en que sus antepasados llegaron desde Calabria, o desde Marsella, o desde Vigo, a buscar un refugio quizás imposible frente a la catástrofe que la repetida corrupción ha traído sobre Argentina, el rollo de película es echado a andar, pero hacia atrás. La civilización y la modernidad con que tanto soñaron todos los que desde el siglo XIX ansiaron ser europeos, y con la que soñamos en el calor del trópico, donde huele a frutos demasiado maduros, todos los que quisimos ser argentinos, se caen a pedazos como las bambalinas de un escenario en ruinas.
Pero yo sigo queriendo ser argentino. No sólo por mi infancia nunca perdida.
También por Lugones, por Borges, por Cortázar, por Osvaldo Soriano, por Tomás Eloy Martínez, y por supuesto, por Gardel. No más les digo que esperemos, que ya vendrá el día en que no habrá más pena ni olvido."

sábado, 15 de mayo de 2010

“Un final parcial”

Tema 2
Profesora Claudia Ranud


Nombre: Darío Bregazzi
DNI: 21.659.658
Comisión: 20 hs.
Parcial de Historia de la Educación 06/05/1992


1) Enumere las características de la influencia de la Cultura Griega a mediados del siglo III AC. Caracterice la organización escolar en dicha época y describa a los principales teóricos de la época republicana: (Catón el viejo; Marco Terencio Varrón y Cicerón).
2) Describa las principales características de la Educación Seglar en la Edad Media, nombrando la Educación Caballeresca y la Educación de la Mujer.
3) Elabore un escrito en el que detalle el surgimiento de La Escolástica, sus caracteres y métodos. Tenga en cuenta que esta pregunta es de promoción, y debe estar contestada correctamente en su totalidad.


Después de tanto tiempo, veo que el momento ha llegado. Fueron días y más días de esperar el momento del parcial para poder expresar lo que siento. Quiero que sepa que esta es la única materia a la que no falté a ninguna clase, siempre hice lo imposible por poder verla aunque sea dos horas por semana. ¡ Si usted supiera cómo sufrí ese martes veintidós de abril cuando “por motivos personales” usted no pudo venir! Sé que en este papel puede estar en juego mi permanencia dentro de la Institución, pero me acoplo a sus palabras, profesora: “...uno debe jugarse por lo que quiere...” Y aquí estoy, jugándome por usted.
Como habrá de imaginarse, no preparé ningún tema para el parcial, sin embargo, estudié un fragmento de una novela de un escritor por usted nombrado el veintinueve de abril, se llama Martín Goycochea Méndez, espero desde lo más profundo de mi corazón que despierte en “mi” profesora el amor que despertó en mí:

“...Te crearé como tu quieras. Tú serás Venus, tú serás la ondina; tú serás la estrella. A tu lado cantaré las cadencias de los tálamos nupciales y una gracia gentil bordará en la orla de tu manto la frase delicada de los primeros amores...”
¡¡¡Cuánto la amo profesora!!!

El primer día de clase , primero de abril, yo estaba sentado en la fila de las ventanas, lejos de usted. Creo que mis ojos nunca habían visto una mujer que guardara tanta belleza. Supe desde ese “buenas tardes” que estaba completamente enamorado. Veía en usted la armonía perfecta entre su pelo, su voz, sus ojos, su cuerpo. Sentí que debía encontrar la manera de llegar a esa estrella que iluminaba mi vida, y no sabía cómo hacerlo. Sus palabras eran y son una especie de dulce canción para mis oídos. Llegué a odiar a quienes la interrumpían con preguntas que sólo demostraban lo desatentos que estaban. Fueron pocas las veces que participé en clase, tenía miedo que mi amor sea demasiado ostensible. ¿Acaso no notó usted nunca que desde un primer asiento había un hombre que la amaba? ¿No vio usted en mis ojos el AMOR y la pasión que tengo para ofrecerle?

(Ayyyyyyy Dios!!! No se acerque profesora!!!!! Déjeme terminar el parcial!!!.

¡El del banco de atrás me pregunta qué puse en la pregunta uno!

La ausencia de anillo me hizo respirar. ¡¡¡Si, si, si, no está comprometida ni casada!!!)


Fueron noches enteras de imaginar su pasado, su presente, ¡Su futuro! Imaginé su rostro adolescente miles de veces, casi podía tocarlo. Soñé con usted infinitas veces, infinitas situaciones, incontables besos eternos. Jamás me atreví a decirle nada a nadie de mi amor secreto, se hubieran burlado casi con seguridad, muchos habrían apostado a que sería algo pasajero, una simple atracción física de una mente joven y sin mucha experiencia ¡Necios!
Pídame lo que quiera, estoy en su puño desde hace mucho tiempo, vivo por y para usted desde que la vi. Nunca sentí así, nunca. Preferiría morir a tragarme todo lo que siento por usted. Porque si hay algo que no podría evitar es hacerle saber cuánto la amo, cuánto la admiro. Siento en mi mano temblorosa y fría la incertidumbre y la desesperación de un primer abrazo a la eternidad de su mirada. Siento en mis piernas, inquietas, la ansiedad de saber una respuesta a tanta locura. Y mi pecho...¡tan lleno de amor y tan vacío de usted! ¡Mi boca está tan seca, mis ojos tan mojados! Mi vida le pertenece, Claudia. La esperaré el tiempo que sea necesario. ¿Días, meses, años? Eso no importa, mi tiempo le pertenece tanto como mi alma. Puedo esperarla hasta morir, hasta que mis fuerzas se hayan ido. Porque mi amor por usted nunca se marchará y no sabrá rendirse ante nada.

Pues bien, ya casi todos se han ido. Algunos de los que quedan en el aula miran la hoja, como esperando una respuesta que nunca habrá de llegar. Siento pánico por ser probablemente uno de ellos. Y ahí está usted, Claudia, a pasos del Amor. Debo entregarle la hoja, debe saberlo todo. Por favor no me tome por cobarde por declararle mi amor de esta forma. Nunca olvide que es el Amor el verdadero sentido de nuestras vidas.

La amo con toda mi alma, Darío Bregazzi.

viernes, 7 de mayo de 2010

Los viejos

Duermen los viejos
Y
sueñan que hoy es ayer
Algunos siguen tristes
Esperando su tren
Hay quienes cantan en cada amanecer
Otros temen al después
Miran fotos
Y
Extrañan lo que fue
Cómo extraña el corazón
Los besos del ayer
Viejos, lindos viejos
Arrugados de querer
Cargados de ilusiones
De los que miran crecer
Serenos
Pacientes
Callados
Sonrientes
En la punta de la mesa
Levantan sus copas
Por la alegría ajena
Se duermen abrazaditos
Tan niños sus ojos
Viejos lindos viejos
En la plaza de San Rafael
Matan al tiempo
Jugando al ajedrez
Duermen los viejos
Y Sueñan
¡Qué importa del después!

miércoles, 5 de mayo de 2010

Te vas y te quedás

Si te vas te espero
Si te quedás me voy
Buscando en otros vasos
Los besos que das vos
Si me abrazas me alejo
Y miro en el reloj
El tiempo que nos queda
Y el tiempo que pasó
Si te busco y no te veo
Me muerdo el corazón
Y salgo a caminar
Derecho por Simbrón
Buscando no sé qué
Te veo en otras caras
Pero nunca es igual
Me quedo con tu almohada
En la cama te busco
Y en la alacena también
Te pierdo en el ropero
Te encuentro en el papel
Tu foto ya no me habla
Mataron a un tipo en la tv
Se estaba escapando dicen
Andá a saber de qué
Si te vas te espero
Que vuelva hasta mí el cielo
Y cuando a mi lado lo tengo
Escapo antes de perderlo
Si te vas te espero
Si te quedás me voy
Cantando la del loco
Que sufre por amor
Desde la luna miro el cielo hoy
Mañana me duermo en la estación
Como la burbuja en el viento voy
Así mi amor es mi canción
Si te vas mi amor te espero
Si te quedás mi amor me voy
Cantando esta canción
Que no sabe del amor
Que la canta el corazón
Si te vas te espero
Si te quedás me voy
Cantando esta canción
Que no sabe del amor
Que la canta el corazón
Que cuelga entre los dos...

martes, 20 de abril de 2010

Soy

En mi pecho siento latir con fuerza la bravura de los mares dormidos.
Mis manos tiemblan y arden de esperar un signo que no ha de llegar.
Se que de los muertos es el reino de la oscuridad y la quietud.
Presiento horizontes grises y noches llenas de ausencia.

Mis pupilas vencidas por el sueño esperan claridad.
La sangre hiere mi cuerpo con mi propio veneno.
Soy el espejo de quienes niegan encontrarse.
Vencido por mis sueños espero esperar.

El cielo es testigo de mis caminos.
El canto se muere en los nidos.
La risa es un recuerdo feliz.
El llanto moja mi boca.

Mas puedo sentir.
Puedo amar.
Hoy vivo.
Soy.

viernes, 12 de marzo de 2010

Los quiero para mí

Los que no creen en el destino
Los que solos se despiertan
Los que duermen tras las rejas
Los niños y su ingenuidad

Los borrachos de aquel bar
Las putas del camino
Los que en los vicios han caído
Los viejos que no saben su edad

Los que miran la muerte a los ojos
Los que por la farmacia viven
Los que ríen con ojos rojos
Los que teniendo igual piden

Los quiero para mí…
Porque sí.
A pesar de todos,
Los quiero para mí…

Los que en la escuela viven en un rincón
Los que navegan sin timón
Los que siguen al corazón
Los que ruegan por amor

Los que mienten y después piden perdón
Los que comen los restos sin llorar
Los que todo lo han perdido
Los sabinas que no saben cantar

Los que prefieren la claridad de la noche
Los que se ahogan en su saliva
Los que aman en la primera cita
Los que en las rosas solo ven espinas

Los quiero para mí…
Porque sí.
A pesar de todos,
Los quiero para mí…

Los lados malos de los malos
Los que prefieren la lluvia al sol
Los que van a contramano
Los que visten harapos

Los infieles de los infieles
Los malos ejemplos de verdad
Los que no saben rezar
Los que no tienen piedad

Los que en la cama no ponen peros
Los que no corren si el techo se cayó
Los enfermos que se van yendo
Los que rompen el espejo con valor

Los quiero para mí…
Porque sí.
A pesar de todos,
Los quiero para mí…

Letras

Hay letras de canciones que pasan, que poco dicen, que ante la agonía de su propia pobreza, son salvadas por una buena melodía. También hay canciones con apenas buenas letras, que duran, que más allá de la comunión con los acordes, pueden respirar por sí solas.
Pero hay canciones, que antes de ser canciones, son poesía. Que al unirse a su música rozan la perfección al menos por unos minutos. Son esas canciones que quedan en alguna curva de la memoria para siempre. Esta es, para mí, una de ellas.


Y sin embargo (Joaquín Sabina)


De sobras sabes que eres la primera,
que no miento si juro que daría
por ti la vida entera,
por ti la vida entera;
y, sin embargo, un rato, cada día,
ya ves, te engañaría
con cualquiera,
te cambiaría por cualquiera.

Ni tan arrepentido ni encantado
de haberme conocido, lo confieso.
Tú que tanto has besado
tú que me has enseñado,
sabes mejor que yo que hasta los huesos
sólo calan los besos
que no has dado,
los labios del pecado.

Porque una casa sin ti es una emboscada,
el pasillo de un tren de madrugada,
un laberinto
sin luz ni vino tinto,
un velo de alquitrán en la mirada.

Y me envenenan los besos que voy dando
y, sin embargo, cuando
duermo sin ti contigo sueño,
y con todas si duermes a mi lado,
y si te vas me voy por los tejados
como un gato sin dueño
perdido en el pañuelo de amargura
que empaña sin mancharla tu hermosura.

No debería contarlo y, sin embargo,
cuando pido la llave de un hotel
y a media noche encargo
un buen champán francés
y cena con velitas para dos,
siempre es con otra, amor,
nunca contigo,
bien sabes lo que digo.

Porque una casa sin ti es una oficina,
un teléfono ardiendo en la cabina,
una palmera
en el museo de cera,
un éxodo de oscuras golondrinas.

Y cuando vuelves hay fiesta
en la cocina
y bailes sin orquesta
y ramos de rosas con espinas,
pero dos no es igual que uno más uno
y el lunes al café del desayuno
vuelve la guerra fría
y al cielo de tu boca el purgatorio
y al dormitorio
el pan de cada día.

viernes, 26 de febrero de 2010

Una hormiga, un sapo, la palabra

A orillas de un río yacía un pez agonizando. En ese momento por encima de una ramita de sauce lo vio una hormiga que caminaba en busca de alimento. El pez, que alcanzó a reconocerla, con sus últimas fuerzas, boqueando y moviendo la cola, dijo:
-“Ayúdame.”
“-Debes estar confundido, soy hormiga. Mi misión es conseguir alimento para mi comunidad”, replicó la pequeña hormiga, mientras caminaba alrededor del pez y comenzaba a saborearse.
-“Pero puedes salvarme la vida”. Dijo el pez.
-“Tu carne podría salvar miles de vidas de hormigas de mi comunidad”. Contestó la pequeña, con un tono que le daba a la conversación una cachetada de final inexorable.
-“Por favor...” expiró el pez.
Ese fue su último respiro. Quizás la hormiga nunca escuchó esas palabras, las últimas, ya que se alejaba en busca de sus pares para comenzar a ingerir el gran animal.



...........................


Al poco tiempo, nuestra hormiguita se encontraba llevando a su hormiguero un retazo de hoja de un ciruelo. Se notaba en ella el gran esfuerzo que estaba haciendo, puesto que el hormiguero no estaba cerca, y además el peso de su carga era demasiado para ella sola. En ese instante sintió que una de sus patas estaba lastimada. Se detuvo, dejando la verde hoja a su lado. Quiso ir a pedir ayuda, pero sus compañeras estaban muy lejos y casi no podía moverse. Decidió esperar. A los pocos minutos, un sapo, que andaba por el lugar se encontró con la hormiga.
-“Ayúdame.” Dijo la hormiga, recordando con su imperativo a aquél pez que agonizaba en el borde del río.
El sapo, casi a punto de estirar su lengua y cerrar el asunto, se quedó pasmado.
-“¿Porqué habría yo de ayudarte, pequeña? Le contestó el sapo.
-“Podrías salvarme la vida.” Dijo la hormiga, recordando las palabras del pescado.
-“¿Y qué tan importante puede ser tu vida?” Preguntó nuevamente el verde animal.
-“De mi vida dependen miles de vidas recién nacidas, que esperan un bocado antes del anochecer. De mí, como tú bien dijiste querido amigo, depende una cadena de trabajo compuesta por miles de trabajadores como yo. Tú podrías arruinarlo todo con un bocado perfectamente reemplazable.” Exclamó la hormiga.
El sapo recapacitó.
-“Te ayudaré.” Contestó. Y agregó:
-“Sube a mi lomo e indícame el camino más cercano al hormiguero.”
La hormiga, casi arrastrándose, trepó hasta llegar al ancho lomo del que sería su salvador. Y mientras le indicaba el camino, su mirada se perdía en aquel recuerdo del pez que agonizaba. Buscó excusas para alivianar la culpa, pero nada la consoló. Recordaba aquel pez agonizante y sentía vergüenza de sí misma. Sabía que su vida ya no sería la misma luego de tal lección. Sus lágrimas humedecieron por completo el lomo grueso y áspero del sapo.
-“Hemos llegado.” Dijo el sapo, cansado. Se sentó para que la hormiga pudiera pisar tierra nuevamente y luego se despidió. La hormiga sólo miraba cómo los saltos de aquel animal se alejaban, confundiéndose con el verde del monte.
Algunos dicen que la hormiga murió al poco tiempo. Otros que vivió seis años en pena. Del sapo, nunca más se supo nada.

martes, 23 de febrero de 2010

En tu puerto espero

No es

Si el mundo está oscuro,
no es el mundo oscuro,
son mis ojos.

Si tus manos ya no están,
no es el amor,
es el tiempo.

Un mar no puede vivir
sin viento, sin sal, sin arena.
La flor será piedra
sin luz, sin aire, sin tierra.

El presente es pasado
guardado, clavado
como sombra de sombra
de cuadros interiores.

Es la sangre, no las venas,
Es la huella, no el camino,
Es mi estrella, no el cielo,

Esperar, huir hacia adelante,
Y me pierdo a cada instante.
No es el cielo, ni las venas,
es que ya no puedo amarte.

No es la cama, son los sueños
Es tu boca, no tus besos
No es el vaso, es el veneno
No es la muerte, es vivir muriendo.

Llegará la paz

Tiga

Open up your mind

sábado, 13 de febrero de 2010

Mi pandilla

Yo tengo una pandilla
Sale de gira a la noche
Mete caño revolver
Y puenteamo` algun coche
Es re heavy en la villa
Si paras con tu moto
Porque te agarró en rojo
Sos carne de cañón
Te volves en dodge
No te hagas el loco
Largá la que tengas
Te dejamo pa´l bondi
Te tiramo` a la pierna
Y cuando fumamo`
Ahí se pone bueno
Con un par de birras
Que te patean el seso
Del otro lado del empedrardo
Está la bandita del gordo “panza”
A ese salame se la tengo jurada
Me mató a mi hermano
Le tiró a mi cuñada
Yo te digo gordo
Ponete ojo en el culo
Un día te agarro
Y no te salva ninguno
En devoto yo estuve
Casi 4 años
Lavando plato
Haciendo de gato
Ahí te hacés hombre
Transas por el pelpa
Si viene tu boga
Te pasa la yerba
Mi vieja me dice
Cuidate Juancho
Si te viera tu padre
Te echa del rancho
Yo tengo una pandilla
Que es muy pesada
No transa con yutas
No compra giladas
El único día que trabajamo`
Es el domingo
Cuando al equipo alentamo`
Ahí pasa el novi y el ferné
Yo voy con el nene
Pa` que vea como es
Si llego a casa medio loco
La Yessi me saca al Jony del hombro
Y ahí voy caminando, algún árbol meo
Si viene una vieja le corto el monedero
Con mi pandilla ponemo` huevo
Si jodés a mi piba te tiro al riachuelo
En esta cueva donde vivo
Nos juntamo` a la tarde
A tomar con el tío
Algún papelito yo me guardo
El sábado pelo, yo lo comparto
Nos mete más pila la vitamina
Si pinta la gorra nos vamo` a la esquina
Yo tengo una pandilla
Sale de gira a la noche
Mete caño revolver
Y puenteamo` algun coche
Es re havy en la villa
Es pesada la villa
Es mi vida de villa
Es re heavy la villa.

Antes de abril

Te di mi corazón
y lo hiciste polvo
y ese polvo luego
me rompió la nariz
como un aprendiz
jugue con tu fuego
quiero mirar adelante
algo bueno vendrá
si te olvido, si te dejo ir
sólo si te olvido
antes de abril
te di mi corazón
y lo hiciste polvo
y ese polvo luego
me rompió la nariz

Prefiero hoy

No siempre hay luz
cuando brilla el sol...
Y las nubes oscuras
van y vienen...
Desconfío del que todo lo tiene,
del que elige un camino
y no lo echa a suerte.
Prefiero andar perdido
que estar parado,
mirar los trenes
a fotos del pasado.
Prefiero hoy, prefiero hoy...
Hay días so down
que mejor dejarlos pasar.
Hay días que encandilan,
días que vienen y van.
Nunca espero,
yo salgo a buscar,
no corro descalzo
pero sigo igual.
En cada esquina
una flor me espera,
porque en cada espina
un amor se entrega.
Prefiero hoy, prefiero hoy...
Elijo hoy, elijo hoy...

Quiero ver

Quiero ver…
Quiero salir a ver el sol…
Ya nada me detendrá
Nada será como ayer
En un puño el viento guardaré
Mi puñal cortará morales
La sombra de mi corazón me cuidará
Un grito a todos ha de callar
Y todo será azul
Los niños siempre niños serán
Las putas reinarán
Los locos dirán toda su verdad
Los sueños serán la realidad
Quiero ver…
Quiero salir a ver el sol…
Otoños ya no vendrán
Seré tu voz
Y seremos libertad
Quiero ver…
Quiero entrar a ver el sol…
Seré la voz
Que hay en mí…
Que hay en vos…

Bruja

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Sol after men